Buenas noches señores y señoras,

 

Qué tal están? Son felices? Probablemente, no.

 

Yo vivo en Barcelona, en el centro. Mejor no se acerquen, esto empieza a tener una pinta sospechosamente mala. No voy a pronunciarme, ya hay docenas de tertulianos, la versión moderna del sabio de la montaña, diciéndonos que pensemos esto, o aquello, o lo de más allá. Es fascinante como todo el mundo sabe perfectamente cuál es la respuesta perfecta para cualquier clase de conflicto. Yo enorgullezco de no tener respuestas para casi nada, excepto si me preguntan por los mejores donuts del mundo: no tengo ninguna duda que son los de Krispy kreme.

 

Lo que sí tengo claro es que quizás asista (por fin) a la resolución de esa la paradoja de la fuerza irresistible, cuando una fuerza imparable se encuentra con un objeto inamovible. El hermano Sergio nos enseñaba en clase de lógica que era un problema falso porque la existencia de una fuerza imparable descartaba la existencia de un objeto inamovible. Y vicerversa. Pues bien, puede que el buen hermano se equivocara y estemos asistiendo en directo a la respuesta. Así me agarraré fuerte las rodillas y me esconderé en mi bunker, con mis cervezas y mis ganchitos. Avísenme cuando todo acabe.

 

Pero hoy quería explicar otra cosa, también importante, que me tiene traumatizado.

 

Acabo de ver los trailers de Jumanji y Tomb Raider y se me ocurren varias reflexiones.

 

La primera sería, qué clase de síndrome sufren en Hollywood para tener que recurrir a ideas antiguas, claramente superadas, para llevar a la gente al cine. Por cada idea original hay trescientos remakes y por cada remake bueno hay quince malos.

 

Señores y señoras: así no vamos a ninguna parte.

 

A mí me gustó Jumanji. Me lo pasé pipa cuando la vi por primera vez (en 1995) y me sigue pareciendo una estupenda película de aventuras. Es cierto que algunos de sus efectos especiales por ordenador son un auténtico horror, pero –en general- fue un entretenimiento digno.

 

Y coño, he visto el tráiler de Jumanji y me ha encantado. Quizás es puro hastío, hastío de tanta política, y tanta charlatanería y tanto Gran Hermano, pero he visto a Dwayne Johnson metido en una jungla de videojuegos y he sonreído. Me han entrado ganas de verla. No es broma.

 

Ahora bien, después me he puesto el de Tomb Raider, con una actriz que me parece magnífica (Alicia Vikander) y me han temblado las gónadas. Si el original era una auténtica ruina (y hasta hicieron una secuela) no puedo imaginarme por qué a alguien se le podría meter entre ceja y ceja tratar de volver sobre un personaje que simplemente funcionaba entre las cuatro paredes de un videojuego y que en la gran pantalla es simplemente ridículo.

Pero así son las cosas, amigos y amigas, se vuelve una y otra vez sobre el mismo asunto, por absurdo que resulte, no sea que alguien decida gastarse dinero en ir a verla.

 

Seguramente, estamos hablando de una historia más vieja que el tiempo y que tiene que ver con la avaricia, como el viejo Mr.Scrooge el día de navidad, pero lo cierto es que el patrón es una constante desde que el hombre es hombre: si hubo algo de oro en el cofre hay que tratar de multiplicarlo por cien. O por mil.

 

Así que hoy me arriesgo a hacer una previsión: Jumanji será un exitazo; Tomb Raider un fracaso descomunal.

 

Hala, ahí lo tienen. Para que luego me digan que no me la juego.

 

Abrazos/as,

Toni

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