Buenas tardes, señoras y señores,

 

Qué tal están?

 

Yo aquí, de domingo, mirando Top gun en la tele. Siempre que ponen Top gun me engancho hasta el final. Dicen no-sé-qué de un remake, pero no habría que manosear este clásico del pop, la cultura videoclipera y el homoeroticismo.

 

Dicho esto: seguro que se han enterado de que It va camino de convertirse en la película de terror más taquillera de todos los tiempos. No me extraña, la verdad. Creo que es una de las obras más transversales que ha dado el cine de género en su larga historia, capaz de ofrecer algo para cada fan y un montón de cosas para los que siempre han huido del terror como una gacela de un león. En cualquier caso, me alegro de que una buena película tenga su merecido.

 

Esta semana tuve el honor de ver unos cuantos minutos de Blade runner. No puedo decir exactamente si fueron veinte o cincuenta; tampoco puedo decir donde lugar los vi. De hecho, no puedo hablar de nada (de nada) y con estas líneas infrinjo el documento de embargo que he firmado en el que me comprometía a no hablar de nada (de nada). Espero que no me encarcelen, o me disparen, aunque no descarto nada.

 

Con lo que he visto, déjenme tan solo que les recomiende ver la película en una pantalla lo más grande posible (si fuera absolutamente descomunal, mucho mejor) y tengan en cuenta que aspira a ser una experiencia sensorial más que una película normal y corriente. Me gustaría contarles más, pero solo añadiré que el diseño de producción y el vestuario son una auténtica maravilla.

 

Yo –sin haberla visto entera- no me la perdería.

 

La semana que viene se estrena Kingsman, el círculo de oro, la secuela de Kingsman.

La primera era una adaptación del estupendo comic de Mark Millar y la dirigía uno de mis realizadores favoritos, un británico llamado Matthew Vaughn. Vaughn dirigió la primera entrega de Kick-ass y la mejor película de la saga de X-Men, aquella que arranca con Magneto cargándose un par de nazis en un garito argentino.

 

Así que la idea del mismo hombre volviendo al territorio de Kingsman me hace especial ilusión. No sé si tuvieron la oportunidad de ver la primera, con un Colin Firth saliéndose de las escalas de puntuación del cine de acción moderno, con una escena en una iglesia en la que asesina a un montón de sureños hijos de perra.

 

Ya les digo que esta segunda entrega es tan potente como la primera, aunque –para mi gusto- el malo de la primera era tan sensacional (el maldito Samuel Jackson) que aquí los villanos están unas décimas por debajo. Ahora bien: a nivel visual, es algo delicioso. Les aviso: muere gente por docenas, así que cuidado con llevar a los niños.

 

Les dejo por ahora. Cuando pueda contar más de Blade runner lo haré. Lo prometo.

 

Sean buenos/as,

T.G.

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