Debería comentar al menos un par de estrenos pero esta semana ha sido movidita y yo ya estoy mayor así que solo he tenido tiempo de ver uno de ellos: El escritor.

Quiero hacer primero una precisión: siempre he intentado distinguir entre persona y personaje, público y privado, al menos cuando se trata de cine. Me encanta Mel Gibson tanto en su faceta de actor como en la de director (aún sigo llorando cuando matan a la señora de William Wallace en Braveheart) a pesar de sus discutibles opiniones políticas y de lo hipócrita que puede llegar a ser el pájaro. Me pasa lo mismo con Tom Cruise, un tipo al que considero un actor excelente pero cuyos delirios sectarios me remueven el estómago.

La lista no tendría fin y llegaría hasta Roman Polanski. Éste me parece un actor con infinitas posibilidades (lástima que no se prodigue más) y un director de primerísima clase. Ahora bien, su faceta de violador a la fuga me parece repugnante, tanto como que algunos crean que por el mero hecho de ser un artista reconocido su vida se rija por reglas diferentes a la tuya y la mía, hasta el punto de creer que uno se encuentra por encima de la ley.

Eso no me gusta nada, pero de la misma manera que no unto los churros en absenta (no me gusta como sabe la mezcla) me importa un pito que este señor tenga problemas ahora con la ley (del todo merecidos) cuando miro Chinatown, El baile de los vampiros, La semilla del diablo o El pianista. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

¿Queda claro, no?

Dicho esto, su última película me parece excelente. No es un Polanski mayor ni entrará a formar parte de su filmografía más exquisita pero tiene dos grandes virtudes: una dirección pluscuamperfecta y que la podemos ver en dos dimensiones y la entrada sale más barata.

Esto último es una broma… que quede claro.

El escritor es un thriller estupendo en el que un negro (no un señor de raza negra sino uno de esos personajes que escribe por encargo de otro sin que su nombre salga nunca a relucir -el título en inglés, The ghost writer ,es mucho más explícito) es contratado por un político de las altas esferas para que redacte sus memorias. Naturalmente al pobre primo le espera el viaje de su vida (como la montaña rusa pero a pelo, sin vagoneta ni nada) incluyendo a unos cuantos maleantes que quieren su cabeza en una bandeja, o en donde sea.

La gran aportación de Polanski al filme, más allá del guión, es su mano para la dirección de actores (hasta un señor tan soso como Ewan McGregor parece un intérprete decente), su perfecto uso del formato panorámico, y ese tono sórdido –mucho más atenuado en este filme, pero igualmente presente- que acaban presentando todas sus películas (y añadamos aquí el gran trabajo del director de fotografía de Pawel Edelman).

Si tuviera que escoger una propuesta para este fin de semana no tengo ninguna duda de que sería El escritor, aunque sea simplemente porque es entretenidísima. No sé que le pedís vosotros/as a la cartelera últimamente pero para mi eso (que la peli sea entretenida) ya empieza a ser más que suficiente. Lo sé, tenéis razón, es bastante triste. Lo único que puedo decir en mi defensa es que quizás sea un signo de los tiempos que corren.

O puede que el problema sea mío, tampoco lo descarto amigos/as.

Abrazos/as,

T.G.

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