Amigos/as, ha llegado el momento, este viernes podré –por fin- echarle un vistazo a Avatar y decidir así si es para tanto o –si de nuevo- nos han estado vendiendo humo… durante tres años.

Hasta que llegue ese momento (prometo actualizar el mismo viernes) os dejo con la profunda reflexión que me ha suscitado el trailer de más arriba: Pesadilla en Elm Street.

¿Otra vez Pesadilla en Elm Street? Exclamaréis… bueno, probablemente no exclaméis nada, simplemente os quedaréis igual.

La cuestión es que Hollywood sigue dispuesto a reinterpretar nuestra infancia/adolescencia metiendo en su particular lavadora una película tras otra, a ver si alguien pica.
Primero cogieron al Michael Myers de Halloween; después al Leatherface de La Matanza de Texas; más tarde a Jason Voorhees de Viernes 13; y ahora –con tal de rizar el rizo- a Freddy Krueger, el señor de la manopla afilada, el sombrerito cordobés y el jersey a rayas. Ya sabéis el que te joroba los sueños igual que un mal árbitro en la Champions League.

La cuestión es la misma de siempre: ¿era necesario? Siempre he creído que de entre todos los géneros el terror es el que más bebe del contexto, de la coyuntura (si queréis llamarla así). Es absurdo extrapolar a un tipo que daba miedo hace 20 años, hacerle una máscara nueva y tratar de que aterrorice a las masas. Supongo que algún día alguno de esos encorbatados de intelecto perturbado entenderá que la razón por la que una tras otra todas esas películas acaban estrellándose en taquilla es que su público potencial ya ha pasado a otra cosa.

¿Alguien se imagina a los protagonistas de The ring lidiando con una cinta de VHS en la actualidad? Si alguien no se molestara en hacer una copia en dvd la niña eso de los pelajos oscuros como el carbón lo iba a tener realmente jodido para seguir expandiendo su maldición, porque a ver quien demonios encuentra ahora un reproductor de vídeo.

Sin embargo ellos siguen dándole a la fotocopiadora como si alguien hubiera puesto cola de contacto en el botón de ON y no pudieran despegar el dedo de allí.

Algunos mitos, señores/as, no son actualizables, porque son hijos de su tiempo. Pónganse ustedes a inventarse un monstruo que devore a los usuarios de Facebook o a un demonio que posea a los que no chatéen en Twitter o a un psicópata que asesine a todos esos impresentables que utilizan el transporte público con la peste a cuestas: con una mano se agarran a la barra de sujeción y con la otra sujetan su móvil, de donde sale –a toda castaña- una música insoportable, con mucho beat y demás. Para deleite del resto de los pasajeros.

John Waters se inventó a una ama de casa asesina que se cargaba a los que no reciclaban (entre muchos otros/as). Créanme, ese es el camino. Freddie ya está mayor para sus inventos.

Concluyendo: a todas esas leyendas que nos acompañaron en nuestras pesadillas hagan el favor de dejarlas en paz. Que los de ahora se busquen lo que quieren temer y dejen de robar nuestros miedos.

Hasta aquí habríamos llegado. Habrase visto.

Por cierto, ¿cuál es vuestro maniaco/asesino/monstruo favorito?

El mío, indudablemente, es Michael Myers (antes de que lo fundieran a base de secuelas).

Hala, abrazos/as,

T.G.

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