señorgris

 

Señores y señoras,

 

Si han estado ustedes viendo la tele el día de hoy habrán tenido el placer de contemplar en directo la desintegración de un partido político histórico, que va a tardar siglos en curarse del circo en el que se ha convertido en su devenir.

 

Miren qué sencillo: sólo hay que echar a la calle a un fracasado que ha sido incapaz de ganar una sorpresa en un huevo kínder y sus seguidores, adláteres y correveydiles se enfadarán tanto que le pondrán a usted (presunto líder de su partido) a parir en cualquier cámara, micrófono o bolígrafo que tengan a su alcance. Sólo falta que su sibilina rival en esa misma agrupación político opte por un silencio mezquino y ruidoso y hala.

 

Lo curioso es que a mí Pedro Sánchez siempre me había parecido un completo inútil, el guaperas que se sacó la manga el aparato del partido socialista para impedir que el candidato natural (Eduardo Madina) se hiciera con las llaves de la casa y la pusiera patas abajo.

Cuando por primera vez toma una decisión propia (igual se lo ordenó ese ser abyecto llamado Rubalcaba, pero no me lo trago) se le caen encima todos los caballos de Troya que tiene en Ferraz. Pues oigan, ahora siento lástima por él.

 

 

¿Y esto a qué viene? Se preguntarán ustedes/as. Pues a nada, a que me hace gracia que luego algunos se pregunten qué hace tan difícil que la izquierda de este país se ponga de acuerdo para gobernar: unos necesitan hacer una asamblea hasta para comprar el pan; otros no tienen claros si son marxistas, leninistas o del partido romaní y los gordos, esos que podrían aspirar a todo, siguen empeñados en demoler la casa desde dentro. Los otros pueden tener la sede embargada, tres tesoreros imputados, 200 imputados y 400 procesos judiciales abiertos que estos tienen 300 imputados, a Felipe González, a Almunia, los ERE y a Miquel Iceta.

 

“Hostia, que ha vuelto a ganar la derecha”.

Pues claro, si es que sois gilipollas, coño.

 

Hasta ahí mi comentario de calidad sobre este delicado asunto.

 

Concentrémonos ahora en el cine: este fin de semana se estrena 50 sombras de Grey. Ya lo sé, no se exciten aún: no ha habido pase de prensa (en España, al menos) y por tanto tendré que verlas con ustedes, querido público. Pienso ir el viernes, sólo, vestido de cuero, y con palomitas.

Hoy he ido a comprar 20 metros de cuerda y ataré a toda la fila. Va a ser maravilloso.

 

A ver si algún amigo se anima a venir conmigo porque me apetece que me azoten mientras veo la película (voluntarios o –preferentemente- voluntarias) déjenme un mensaje.

 

Por razones que no vienen a cuento me vi obligado a leer la trilogía (créanme, fue algo profesional) y creo que no había visto algo tan divertido desde que alguien me pasó The office (la inglesa, no esa imitación estadounidense).

 

La verdad, me cuesta entender como una fantasía sado ha conseguido tal nivel de comercialización y reconozco que leyéndolo antes de que explotara (en inglés, justo antes del lanzamiento allí) no supe ver el fenómeno: me daba la impresión de que vendería decenas de miles pero no millones.

 

Féminas que me leen y son fans de ello: ¿por qué? ¿De verdad que la fantasía es una mazmorra y un tipo guapo que les arrea con una fusta?

Por saberlo, ¿eh? Por adecuarme a los nuevos tiempos.

 

(A ver cómo cojones me construyo una mazmorra en casa).

 

El viernes seguimos.

 

Abrazos/as,

T.G.

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