Solo por ser ustedes hoy les dedicaré un post doble (o triple) con
tres peliculones que he visto en las últimas dos semanas: Argo,
Vacaciones en el infierno y Skyfall.

La semana pasada, señores y señoras, fue una gran semana para el
séptimo arte. Cierto es que al final uno va a tener que pedir una
jodida hipoteca para ir al cine pero es lo que hay. Yo me he comprado
un pasamontañas y anuncio (oficialmente) mi intención de empezar a
robar bancos y quioscos de la ONCE en menos de diez días a menos de
que la situación mejore y los 17 euros que tengo en el banco empiecen
a generar beneficios estratosféricos. Pensaba pedir un sponsor para
subir a la troposfera y lanzarme al vacío pero me dijeron que ya
estaba hecho. Les he ofrecido hacerlo sin paracaídas pero se lo están
pensando.

Pero no nos desviemos: cuando digo que fue una gran semana para el
mundo del cine es porque se estrenaron dos películas maravillosas,
cada una en su género. La primera, Argo, es la despampanante
demostración de que Ben Affleck ya no es aquel actor fofo (en el
sentido dramático del término) que nos atormentaba con sus películas
de andar por casa y que hacía videoclips con Jennifer Lopez. No.

Affleck es ahora un director tan cojonudo que hasta cuesta creérselo
y, si con Adiós pequeña, adiós y The town ya cerró muchas bocas (y
abrió otras tantas), con Argo da un paso más hacía el Olimpo de los
clásicos. La historia se las trae: el rescate de unos funcionarios
estadounidenses escondidos en la embajada de Irán en plena revolución
islamista, cuando el imán Jomeini se propuso devolver el país a la
prehistoria a base de colgar a opositores de las grúas y de fusilar a
todo el que se atreviera a levantar la voz. Estos métodos tienen la
virtud de funcionar a corto plazo, a veces incluso a medio plazo o –si
el pueblo tiene aguante- durar décadas.

La cuestión (me estoy desviando de nuevo) es que, para salvar a esos
rehenes de una amenaza real (y letal), en la CIA se sacaron de la
manga un plan tan delirante que sólo podía salir bien. El plan en
cuestión consistía en inventarse un rodaje en Teherán y sacar de allí
a los rehenes haciéndoles pasar por miembros del equipo de esa
película inventada. Para ejecutar la misión contaron con la ayuda de
John Chambers (el maquillador de El planeta de los simios) y de un
productor chalado que creyó a pies juntillas que aquella locura
planeada por los servicios secretos del país más poderoso del mundo
era factible.

Con esa trama (convertida en un guión delicioso) Affleck se inventa un
híbrido donde conviven drama, thriller y comedia y que me proporcionó
dos de las horas más cojonudas que he tenido últimamente. La
fotografía, la música, la dirección… todo de altura, pero lo del
reparto ustedes y ustedas, eso es de no créerselo: John Goodman
(IMPRESIONANTE), Alan Arkin (pongan el adjetivo que les dé la gana),
Bryan Cranston (memorable y al que muchos conoceran por Breaking bad),
Kyle Chandler y un montón de esos rostros tan reconocibles en el cine
estadounidense.

No les cuento nada más: Argo va a ser una de las grandes protagonistas
de los Oscar y no tengo ninguna duda de que se llevará una o varias
estatuillas a casa (Goodman cae, seguro). Es cine comercial americano:
sólido, resistente, jodidamente bien hecho. Pocas cosas hay más
agradables para un cinéfilo que ha crecido con el cine de Alan J.
Pakula o Sidney Pollack o Francis Ford Coppola (sobre todo cuando
daban La clave, aquel maravilloso programa de José Luís Balbín) que
ver una película tan redonda que encima tiene sustancia y que no es
una simple herramienta para cuatro tipos/as guapos/as.

Y miren, les dejo con esto que ya es suficiente y mañana (sin
retrasos) por la mañana les obsequiaré con el post de Skyfall, que les
puedo adelantar que se coloca por méritos propios como uno de los tres
mejores Bond de la historia de la saga.

Lean rápido y duerman tranquilos/as.

Abrazos/as,

T.G.

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