zerodarkthirty

 

Bueno, este va a ser el último post de año… ¿Se imaginan que hago un locurón y escribo otro antes de que den las campanadas? Pues dejen de imaginar, coño, que soy yo. A veces no actualizo en tres semanas y ahora me voy a cascar dos posts en dos días, si es que no se puede ser tan crédulo señoras y señores, señores y señoras.

 

En fin, veo que se pusieron también protestones también con mi lista de lo mejor de 2013. No sé qué pasa en este país que hasta se duda de mis poderes de adivinación, pero -como la situación siga así- voy a tener que ordenar que salgan los tanques. Y he puesto una película de M Night Shyamalan porque me da la gana, oigan. Que este señor hizo El protegido: EL PROTEGIDO. ¿Qué quieren? ¿Qué se lo deletree? E-L-P-R-O-T-E-G-I-D-O.

 

Eso sí, Django es Django desencadenado y Another Earth es en realidad After Earth. Gracias por dejarme en ridículo públicamente. Son ustedes gente de mal.

 

Y ahora, a por las últimas palabras de 2013 (no es que les desee la muerte, se entiende, ¿verdad?).

 

El viernes tuve oportunidad de ver Zero Dark Thirty (aquí va a llamarse La noche más oscura, supongo que porque la distribuidora no confiaba en que el espectador español entendiera las vicisitudes del título original) y en las próximas líneas voy a exponerles mi opinión sobre la película.

 

Zero Dark Thirty es cojonuda, cojonuda. Cojonuda de verdad.

 

Hala, ya está. Feliz 2013.

 

T.G.

 

 

No se rebelen, era sólo una broma, para que vean el aprecio que les profeso voy a desarrollar lo que acabo de decirles.

 

Primero debería advertirles (me pongo serio un momento, ¿eh?) que el caballo de guerra de la crítica seria con esta película va a ser su presunta (a)moralidad y/o inmoralidad. Ya se sabe, que uno puede ver en una porquería serbia dónde violan a un recién nacido la metáfora de un país que ha pasado por un grave conflicto y blablabla, pero a la que ven una bandera americana se les ponen los ojos del revés y hablan en una lengua que no es posible que conozcan. En este país la gilipollez forma parte de ese patrimonio universal llamado inconsciente colectivo. Aceptémoslo.

 

Dicho esto: Zero Dark Thirty no es un amoral, ni moral, ni inmoral. ZDT (como la llamaremos a partir de ahora) es un filme de procedimiento, diría que hasta a veces con ánimo forense, de los sucesos que llevaron a la captura de Bin Laden, el gran Satán para Occidente desde que unos barbudos amigos suyos reventaran el centro financiero del mundo con dos aviones de pasajeros.

 

Y sí, la película empieza con escenas de tortura porque en aquella época, hace 10 años, la tortura en Estados Unidos se consideraba una práctica necesaria. Tanto es así que halcones de ese mamarracho llamado George W. Bush aparecían en televisión afirmando que el waterboarding (ahogamiento simulado) era el mejor instrumento para doblegar a los hijos de la yihad.

 

Esto, señores y señoras, es historia.

 

Cierto, no hay ningún cartelito que parpadee en pantalla y que diga “no intente hacer esto en casa”, mientras vemos como le hacen mil perrerías a los sospechosos. Tampoco sale un busto parlante al final que advierta que la tortura es absolutamente repugnante y que el fin jamás justifica los medios. No la hay porque la película no va de eso, no va de emitir juicios sobre cómo se trabajaba en las alcantarillas para capturar al mismísimo diablo. No, la película va del camino que siguieron esos ingenuos que creen que muerto el perro se acaba la rabia para capturar al líder de Al-Qaeda.

 

¿Se torturó? A porrillo. ¿Es asqueroso? Por supuesto. ¿Necesito que me lo recuerden? No. Creo que mi brújula moral es capaz de establecer que el norte no podría estar más alejado de lo que significa reducir a alguien a un simple trozo de carne. Porque eso es lo que a lo largo de la historia han hecho los que necesitaban sustraer la identidad del “enemigo” para aniquilarles sin ni siquiera hacer una mueca de disgusto: Hitler, Stalin, Pol-Pot, Pinochet, Trujillo, Videla, Kim-Jong Ill, Milosevic… cada uno que añada los que crea oportunos.

 

Como adulto educado en el pensamiento libre y poco amigo de los carnets y los manifiestos, creo que soy lo suficientemente responsable para ver un relato pormenorizado (y quiero creer que verosímil) y extraer mis conclusiones sin ayuda de ningún bastón. No encontrarán en ZDT una condena explícita del asunto, aunque hay una conversación entre el máximo responsable del programa de rendición del amigo y la agente a cargo de la caza que deja bastante claro cuál es el efecto a medio plazo de tratar a los del bando enemigo peor que a una rata.

 

Hay una línea muy fina entre la plasmación (simple, sin ambages) de un hecho y la justificación de éste. Creo, aunque no tengo la certeza absoluta de nada, que ZDT nunca justifica los argumentos de los ideólogos de la tortura sino que se limita a mostrar que esta se implementó, a toda máquina y sin manías.

 

Lo siguiente (lo que les he relatado puede verse a modo de prólogo pero es sólo una parte muy pequeña del filme) es un thriller diesel que nunca pierde su fuerza, dirigido con inmenso talento por Kathryn Bigelow (ya sea en las escenas corales o en el recorrido vital –obsesivo hasta lo enfermizo- de su protagonista) y que muestra con traza y nervio los pasos que llevaron desde las celdas de las cárceles secretas del régimen estadounidense a las primeras pistas fiables del paradero de Bin Laden, hasta la postrera ejecución de éste a cargo de las fuerzas especiales del país.

 

ZDT es contundente, fibrosa y ante ella palidecen muchos de esos relatos que empiezan con un “basado en hechos reales” que cada año nos atormentan. Sus concesiones a la comercialidad son mínimas (quizás en el tramo final pero a un servidor no le molestan) y sus dos horas y cuarenta-y-cinco minutos lo demuestran. No quiero acabar sin recordar al reparto de la película, un reparto imbatible: Kyle Chandler, Mark Strong, James Gandolfini y -sobre todo- Jessica Chastain. Qué actriz tan inmensa.

 

En suma: un relato de una fuerza imparable sobre un periodo de claroscuros (muchos más oscuros que claros) sobre la caza del maligno, que en realidad era sólo un malnacido que se escondía en una casa de Pakistán. Su curriculum está ahí, de eso no hay ninguna duda, y eliminarle uno de los grandes high-lights del gobierno de Obama, pero la paradoja de la historia es que lo único que ha conllevado su muerte es el alivio para los servicios secretos que llevaban once años tras él.

 

Esa paradoja, más que las consecuencias políticas, militares y éticas de su eliminación (¿es lícito asesinar cuando se le podía haber juzgado?), es el terreno donde se mueve ZDT.

 

Lo demás es solo el ruido del viento.

 

Abrazos/as y muy feliz año amigas y amigos, y gracias por haber resistido con este blog un año difícil para el que suscribe.

 

Sean buenos, disfruten, tengan un año mejor que el dejan atrás…

T.G.

 

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