hobbit

 

 

Señoras y señores,

 

¿Cómo están ustedes?

 

Sí, apaguen la tele, escondan a sus hijas, pongan el champán a enfriar, porque he vuelto.

 

Ya les dije que me iría por ahí y aunque intentaría escribir no les aseguraba nada. Pues bien, cumplí mi promesa y me fui por ahí pero no fui capaz de escribir nada.

Entiéndanme, que estando en Sudáfrica, rodeado de leones, elefantes y tigres, llegaba yo a mis aposentos y me veía incapaz de hablar de películas y demás. Lo que realmente me apetecía era beberme el mini bar (que era gratis, GRATIS).

 

No sé si alguno de ustedes/as ha estado en ese fantástico país (de sus aeropuertos ya hablamos otro día) pero la cosa es tremebunda: verde, verde y más verde. Una fauna increíble (no van con segundas), una gente extremadamente hospitalaria y un solete estupendo. Por no hacer, no hacía ni calor de ese africano y de noche me ponía una chaquetita.

 

¿Cómo pretenden que escriba en esas condiciones y con un señor llenándome la copa todo el rato?

 

Bueno, la cuestión es que –contra mi voluntad- he tenido que volver… y vuelvo justo a tiempo.

 

(Veo que no se saben más detalles del caso Monago y no sé si eso me inquieta o me tranquiliza)

 

Este fin de semana se estrenan dos de los grandes pepinazos de esta temporada: Big hero 6 (aquí la han titulado 6 héroes) y la última entrega de El hobbit.

 

De la primera tengo poco que decirles excepto que ya tardan en ponerse su traje de runner y correr al cine a verla. Es extraño que Marvel (que poseía parte de los derechos del personaje) insistiera en que no quería que su nombre apareciera en la película teniendo en cuenta los magníficos resultados.

 

Al principio creí que se trataba de una mala señal, ya saben, cuando una casa del prestigio de Marvel le dice a Disney “no pongas mi nombre aquí” es para echarse a temblar. Sin embargo, supongo que se trataba de algún tema burocrático interno, ya que la película es brillante.

 

¿Y de qué va? Pues de un chaval y su robot (de goma) que deben reunir a una banda de novatos para enfrentarse a uno de esos villanos Bondianos que amenaza con destruir el mundo.

 

La animación es sensacional y el robot gomoso da tanto juego que es difícil pensar en un protagonista mejor. Otra cosa es el sentido del humor de la cinta, que tiene tanta mala hostia que conseguirá que el padre de familia se lo pase bien mientras el niño se lo pasa bomba. Sé que ustedes/as, padres/madres de familia, valoran mucho esas cosas, así que ya se lo digo directamente.

 

Vayan. Ya.

 

La otra cosa que se estrena este fin de semana es la última entrega de El hobbit.

 

A mí me ha gustado (con la segunda me aburrí horrores, con esta al menos me lo he pasado bien) y desde un punto de vista visual es absolutamente espectacular. La batalla de los cinco ejércitos (que es como se titula) es una auténtica gozada visual pero –eso sí- alargada como un chicle. Lo que me interesa es la épica, que al final es de lo que se trata, que es esconde en las imágenes y no los inacabables diálogos que someten al espectador a una intensa tortura. Claro, no me dirán que no tiene mérito convertir un libro de estatura mediana en una trilogía que supera las 9 horas de duración.

 

Así que –se lo advierto-si son ustedes fans del mundo de Tolkien es bastante probable que se lo pasen bien. Si no lo son absténganse.

 

Háganme caso.

 

(La buena noticia es que ya no habrá más trilogías y Gandalf y compañía podrán por fin descansar)

 

Ahora que he vuelto, seguiré dándoles alegrías desde este su blog. Sean buenos.

 

Feliz navidad, amigos y amigas.

 

T.G.

 

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