cruise

 

Buenos días señores y señoras,

 

¿Están ustedes disfrutando de este domingo en sus casas rodeados de innumerables riquezas? Si no es así, es que están haciendo algo rematadamente mal, ya que este país ya va embalado hacia el pleno empleo, el estado del bienestar integral (incluyendo café y donuts cada mañana) y spa gratis para todo el mundo.

 

(Yo lo he oído en la tele, y si lo dicen en la tele tiene que ser verdad.)

 

Miren, yo quería escribirles antes, se lo prometo, pero dos problemas se han interpuesto en mi camino y me han impedido cumplir con mis obligaciones:

 

1)    Un viaje imprevisto a Londres para entrevistar a alguien, aunque en este momento no pueda decir su nombre. Ya sabes, los embargos informativos y esas cosas.

2)    Que en mi ausencia un rayo tuvo a bien visitar mi casa y destruir cualquier cosa que estuviera enchufada a la corriente. Incluyendo la nevera, el router, el codificador del Digital +, el blu-ray, el ordenador, la televisión, el home cinema y la madre que los parió a todos. Tengan en cuenta que es la segunda vez en menos de cinco años que un rayo impacta en mi casa, con lo cual creo que sería apropiado someterme a un test para averiguar si soy gafe.

 

En fin, rayos y Londres aparte, esta semana se ha estrenado una película bastante cojonuda. Se titula Al filo del mañana y la protagoniza un actorazo llamado Tom Cruise. Sí, he dicho actorazo y he dicho Tom Cruise.

 

No sé el porqué (bueno, me lo imagino) porque este tipo, que ha protagonizado cosas como Rebeldes, Nacido el 4 de julio, Magnolia, Collateral, Algunos hombres buenos, El color del dinero, Minority report, la saga de Misión imposible, Risky business o La tapadera (ahí es nada), es tratado con tanta condescendencia, como si aún fuera un ídolo juvenil venido a menos, cuando lo cierto es que uno de los mejores actores que han salido de Hollywood en las últimas tres décadas y uno de los más constantes.

 

Sí, yo tampoco soporto esa mierda sectaria que trata de vender cuando no está actuando y que habla de un Dios alienígena que vino a la Tierra, nos concedió la sabiduría y luego se largó en su nave espacial gigante (y que vende máquina anti-masturbación a 400.000 euros), pero su vida privada no podría importarme menos. Con o sin cienciología.

 

Está claro que sus devaneos con los chiflados de esa panda de descerebrados le han pasado factura con la prensa, que mucha veces le ha tratado como a un idiota, pero –oigan– el tipo es bueno.

 

En Al filo del mañana, Cruise interpreta a un soldado obligado a repetir el mismo día una y otra vez, metido de lleno en una invasión alienígena que amenaza con destruir el planeta tierra.

 

Dirigida por el gran Doug Liman (el inventor de la saga Bourne) con excelente pulso y guión de hormigón (por la solidez, se entiende), este filme de ciencia-ficción se mueve como pez en el agua por los territorios de la acción y el drama, con un ritmo que no decae ni un segundo (ojo a las escenas del entrenamiento –perpetuo– de Cruise) y que hace que pagar los nueve euros (o los seis, o los cuatro, no sé dónde viven ustedes, ni qué día de la semana van al cine) sea un placer inesperado.

 

Con pinta de ser el Blockbuster más potente del verano, Al filo del mañana cuenta además con la fantástica Emily Blunt (qué actriz tan completa y deliciosa), una fantástica banda sonora y unos efectos especiales de impresión.

 

Yo no sé si va a haber otra oportunidad de pasar dos horas tan estupendas en el cine en lo que resta de año (ojo, hablo de cine comercial, diseñado estrictamente para entretener, sin más pretensiones) así que aprovechen y disfruten.

 

Si no le gusta me pasan su número de cuenta y les hago una transferencia.

 

Abrazos/as,

T.G.

 

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