Traficantes de basura, uníos

jake

 

Buenas señoras y señores,

 

Aquí estoy de nuevo, gozando con ese millonario al que Himmler llama cada dos por tres para que le devuelva las gafas y que es conocido entre nosotros como Juan Carlos Monedero. ¿No les parece fascinante este joven político al que le parece normal ganar un millón de euros en dos mesecitos por hacer unos informes? Un amigo mío dice que le da miedo porque le recuerda al malo de En busca del arca perdida, al de la Gestapo que saca un arma que resulta ser un perchero.

 

A mí no me recuerda a nadie pero me cabrea profundamente que un tipo que dice identificarse con el pueblo no sea capaz de admitir que cobrar un milloncejo en dos meses es una auténtica barbaridad. Que sea un informe para Venezuela o Irán es lo de menos (este gobierno trata con China a todos los niveles, y el país en cuestión no es precisamente un ejemplo de democracia), lo importante es que uno no puede hablar del sufrimiento del pueblo cuando trabajas con esas tarifas. Di que sientes mucha pena pero que te estás fumando un puro en el balcón de tu loft.

 

Yo lo haría, qué cojones.

 

En fin, miraré unas cuantas veces más el video de Mariano Rajoy llamando a casa de algunos desgraciados para dar las gracias, a ver si me así me río un rato y se me pasa la mala hostia.

 

Esta semana (yendo a lo que nos ocupa) se estrenan dos películas magníficas y que me hicieron disfrutar en 2014… ya saben que yo cruzo mucho el charco. No es culpa mía, es que me han hecho así.

 

La primera es Nightcrawler. Una de las mejores pelis de 2014, con un Jake Gyllenhaal espectacular y que incide (a lo bestia) sobre la obsesión de la sociedad moderna por la hiper-información, ya sea en campos más o menos serios (la política o la sociología) o en el universo del cotilleo. En Nightcrawler un aprendiz de paparazzi armado con una cámara empieza a asomarse al abismo del crimen y la miseria en Los Ángeles cuando cada accidente sonado puede dejarte unos cuantos dólares en la cuenta, siempre que estés dispuesto a colgar tus escrúpulos en el perchero y dejarlos allí al salir de casa.

 

Sin meterse en los laberintos morales de los creadores europeos, Dan Gilroy (el realizador) construye un thriller perfecto, desbocado, que se te mete en la gola como el tentáculo de un pulpo. El descenso a las llamas del infierno del protagonista (repito: espectacular Jake Gyllenhaal) se ha visualizado pocas veces con tanta nitidez. Yo salí del cine con la retina ardiendo, y si hay entre ustedes –amantes de los vehículos motorizados- alguna alma sensible les aconsejo que vayan preparados.

 

La otra película que voy a recomendarles se llama Wild. Creo que por estos lares la han traducido como Alma salvaje o algo por el estilo. Alma salvaje… en fin.

 

Esta road-movie son coches cuenta la historia de una mujer que está hasta los ovarios del mundo y decide coger una mochila y largarse a hacer una caminata de mil kilómetros. ¿Se acuerdan ustedes de aquella cosa llamada Comer beber amar, donde una pija de Nueva York se largaba a ver el mundo y cuando acababa el viaje seguía siendo exactamente la misma pija de Nueva York? Pues esta película es exactamente lo contrario: la persona destruida –en todos los sentidos- que arranca el viaje por la costa del Pacífico no tiene nada en común con la persona que lo ha empezado.

 

Créanlo o no, Reese Witherspoon está sensacional y aunque me parece una actriz insoportable (excepto en Walk the line y Election) en esta película hace un esfuerzo interpretativo maravilloso que bien podía darle un Oscar (no me quejaré si lo hacen, creo que está realmente magnífica).

 

No les hago spoilers, es obvio que las a pasar putas de todos los colores pero tengan claro que no es un drama lacrimógeno. Ya lo verán.

 

Y ahora les dejo que tengo que ir a misa.

 

Abrazos/as,

T.G.


71

 

 

Señoras y señores,

 

¿Cómo les va? Espero que de primera.

 

Yo estoy hundido en la cuesta de enero, quizás la peor cuesta de enero de todos los tiempos gracias a una oportuna multa de hacienda, unas cuantas comisiones bancarias y que todo el mundo ha decidido pagarme cuando le salga de los cojones. Así, sin más.

 

(Ojo, debo declarar que en esta casa siempre –siempre- se me ha pagado a tiempo. Al César lo que es del César)

 

En fin, que estoy por ir a comprarme gasolina y un mechero pero el presupuesto sólo me da para cerillas y una botella de Brummel.

 

Gracias al Altísimo, esta semana la cartelera trae una gran película con la que apaciguar mis penas que he visto –oportunamente- en el pase de prensa, ya que si hubiera tenido que ir al cine pagando ahora mismo no podría escribir estas líneas o, lo que es peor, me las tendría que inventar.

 

La película en cuestión se llama 71 y es absolutamente magistral.

 

Explica la historia de un recluta del ejercito británico que en 1971 queda atrapado en una reyerta callejera en Belfast. Ya saben, los años del plomo en Belfast fueron una historia bastante jodida.

 

La cuestión es que el soldado pierde el rastro de su unidad en el fragor del combate (que se pierde vamos) y queda atrapado en un territorio donde su vida no vale un pimiento: los paramilitares republicanos –el IRA- quiere matarlo; los paramilitares unionistas quieren rescatarlo; los infiltrados en las filas católicas no creen que valga la pena sacrificar su tapadera por un soldadito y en medio hay unas cuantas personas que el espectador no sabe si considerar amigas o enemigas hasta que las cosas se aceleran.

 

Filmada al estilo del director de los Bourne, Paul Greengrass (esto es, cámara en mano que nunca deja de moverse, pero calibrada de tal modo que la narración no es nunca confusa o torpe), vigorosa, tensa, con toques de película de horror, momentos de drama, trazos de thriller y tremendamente atmosférica (esas calles de Belfast en las que sólo se adivinan sombras que se escabullen bajo la luz de una farola parece el páramo de un cuento de Poe), 71 es una opera primera bestial, de un tipo –al que habrá que seguirle la pista- llamado Yann Demange con la ayuda de un guión de granito de un tal Gregory Burke, al que no tenía el gusto de conocer.

 

Al frente, el antes mencionado Jack O’Connell, un actor que me recuerda a Tom Hardy, por que a pesar de tener una presencia física bastante intimidante (no precisamente en esta película, pero véanle en Starred up, aún no estrenada aquí) sabe esconderse tras una imagen de vulnerabilidad. A este señor habrá que seguirle la pista muy de cerca porque de momento ya está confirmado como protagonista de los próximos filmes de Jodie Foster y Terry Gilliam.

 

No tengo mucho más que contarles, excepto que he visto los pilotos de dos series bastante interesantes: Empire y The man in the high castle. La primera ambientada en el universo de los pioneros del rap y la otra la adaptación televisiva de un fantástico relato de Philip K. Dick situado en un universo alternativo donde los nazis han ganado la guerra y conquistado el mundo entero.

 

Háganme caso y no se las pierdan, no sé cómo serán las siguientes entregas pero las primeras han estado muy bien.

 

Ánimo con la cuesta de enero, ustedes pueden. Yo no.

 

Abrazos/as,

T.G.


guardianes

 

Señores y señoras,

 

¿Cómo están ustedes? (respondan: ‘biennnn’. De acuerdo, les he oído, ya pueden callarse y seguir leyendo).

 

Hace unos días (pocos) anunciaron las nominaciones a los Oscar pero no les pude hablar de ello porque me distraje viendo el video del PP en el que salen Floriano, la Cospedal, Mariano y no sé quién más, en un de los shows más hilarantes del año. Si no lo hubieran presentado tan tarde todos ellos habrían estado nominados a los Oscar y –francamente- hubieran arrasado. Sin paliativos.

 

Hacía mucho tiempo que no me reía tanto, se lo(s) juro. Si un día oyera una conversación así en un bar probablemente la interrumpiría para pedir los teléfonos de todos los participantes y contratarlos para mi fiesta de cumpleaños. Ni Los Morancos pueden mantener ese nivel de humor durante tanto rato (y aguantándose la risa). Qué nivel, señores.

 

Bueno, pues vayamos a los Oscar porque a pesar de que tanto Gran Budapest como Birdman son películas que me gustan hay cosillas que me escuecen y no puedo dejar de comentarlas.

 

Primero, ¿dónde está Interstellar? Ya, ya sé que muchos de ustedes no tragan la película y aunque se equivocan y yo tengo razón, yo respeto mucho su opinión. Entiendo que las categorías técnicas no le importan a nadie por lo que me las paso por el forro, pero no nominar como director a Nolan. Mal, oiga, mal. A ver, si yo entiendo que no les pueda gustar la películas pero, coño, el trabajo de realización es impecable.

 

En fin, que estoy ligeramente enfadado pero si me dan una loncha de jamón de bellota y dos gintonics hasta puede que se me pase.

 

Lo que no se me pasa ni con un jamón entero (bueno, si alguno de ustedes/as me envía un jamón entero prometo pensármelo) es el desdén hacía esa obra maestra llamada Guardianes de la galaxia. Ni guión, ni dirección, ni ese monstruo llamado Chris Pratt.

 

Nada.

 

Ya sé, me dirán ustedes que bueno, que al final es un blockbuster, que se ha hecho para ganar pasta, que es una película de Disney, que si los comics… blablablá.

 

Pero más allá de que haya sido la peli más taquillera del año en Estados Unidos y en medio mundo, lo cierto es que la película se merece alguna estatuilla gorda por el tremendo mérito que supone conseguir algo que nos ha recordado lo grandes que pueden ser los filmes de aventura. No sé ustedes, pero yo hacía años que no disfrutaba tanto viendo una película comercial… así que habría que darle algo gordo. ¿Cómo es posible que no haya entrado en ninguna categoría? Si estamos hablando de un nuevo Indiana Jones (no, no me miren así).

 

Claro, al director (James Gunn) se le han hinchado las pelotas y ha soltado la lengua para llamar de todo a los académicos. Les ha faltado llamarles ‘viejos chochos’.

 

Miren, yo creo que hay veces que a las estatuillas no las entiende nadie pero también es cierto que en 2014 hubo una gran cantidad de películas excelentes. También es cierto que una de mis actrices favoritas para ganar el Oscar (Jennifer Aniston, por Cake) se ha quedado fuera.

 

¿Significa esto que donde dije ‘digo’ digo ‘Diego’? Bueno… mmm… igual sí, me temo que soy muy contradictorio. Pero no costaba nada hacerme feliz y darle una nominación a Chris Pratt. Puñetas.

 

Si es que no me quiere nadie. Ni ustedes, ni los académicos, ni esas mujeres que me echan de sus casas mientras me golpean con un palo… nadie.

 

(Puede que haya exagerado un poco en este último párrafo, lo cierto es que ellas nunca me golpean, solo me insultan y lanzan objetos)

 

Abrazos/as,

T.G.

 

 

 

 


Aporrea esa batería, coño

whiplash

 

Señores y señoras,

 

¿cómo están ustedes? ¿Qué tal les prueba 2015?

 

Un servidor acaba de volver de Los Ángeles, donde (créanlo o no) me invitaron a una fiesta cuya anfitriona era Miley Cyrus. Sí, lo confieso, no tuve más remedio que ir.

 

Duré 20 minutos (minuto arriba, minuto abajo) pero confieso que encontré extremadamente divertido ver a un montón de ricos/hipsters peleándose por una cerveza de tres dólares. Es curioso como la palabra ‘gratis’ es capaz de unir voluntades de forma global, sin importar el dinero que uno tenga en el banco.

 

En fin, también estuve en una fiesta de HBO donde se comentaba la actitud de determinados políticos andaluces durante el rodaje de Juego de tronos en Sevilla. Ay, si yo pudiera hablar… acabaría en la cárcel con Isabel Pantoja.

 

Bueno, la cuestión es que ya he vuelto y pueden ustedes tocar las trompetas y todo lo que consideren oportuno siempre que haya consentimiento.

 

Esta semana se estrenan tres grandes películas que nadie debería perderse. Y por una vez no soy cínico: son realmente buenas.

 

La primera (por orden de prioridades) es Whiplash. Seguramente habrán oído hablar de ella y si no es así deberían solucionarlo: es la historia de un chaval que toca la batería como los ángeles y que encuentra en su camino a un profesor que es como una mezcla entre Hitler, Mozart y un sargento chusquero. El dúo protagonista es simplemente fenomenal: un chaval llamado Miles Teller (magnífico actor) y el descomunal J.K.Simmons. Simmons se perfila –según todas las quinielas- como el mejor perfilado para ganar el Oscar a mejor actor y, francamente, no me extraña. Su creación es tan sumamente humana y al mismo tiempo tan brutal que al acabar la película se queda uno aturdido en el asiento, pensando si debe ponerse a llorar o pedir un whisky cargado.

 

Whiplash es la historia de una obsesión (todos tenemos alguna) ejecutada con precisión quirúrgica y con el sonido de la batería como todo termómetro. No me satisface el final (no se puede tener todo) pero reconozco que la película me atrapó como un hipopótamo a su presa. Ya digerida, puedo afirmar que Whiplash es una de las películas que mejor me ha explicado la relación que algunos tienen (tenemos) con la música: a veces deliciosa, a veces cruel, siempre complicada.

 

Vayan a verla. Ya. Y si les gusta la música corran. Más rápido.

 

La segunda recomendación es Babadook: hablé ya de ella, si no me equivoco, pero repito. Película de terror con madre y niño en casa solitaria donde se cuela un invitado inesperado, escondido en un cuento infantil.

 

Maravillosa… aunque tampoco me guste el final.

 

Y en tercer lugar, y con una de esas interpretaciones actorales que dan sentido al amor que muchos sentimos por el cine, La teoría del todo.

 

Esta película es la historia del científico Stephen Hawking, un hombre al que de joven diagnosticaron una terrible enfermedad degenerativa y al que dieron dos años de vida. 30 años después sigue dando el callo, convertido en un símbolo del poder del ser humano para sobrevivir a toda costa y contra cualquier pronóstico.

El relato es lo suficientemente interesante por sí mismo pero lo cierto es que el trabajo de Eddie Redmayne es espectacular. Este actor británico de 33 años ofrece un demostración de talento y delicadeza al que se suma una actriz tan apabullante como Felicity Jones. Los dos llevan La teoría del todo a un nivel de brillantez cinematográfica muy difícil de ver en una época donde priman los blockbusters y las películas tan independientes que no hay quién cojones las entienda.

 

Yo la disfruté muchísimo y les aconsejo (con vehemencia) que hagan lo mismo.

 

Ya sé que tres películas son muchas, así que hagan lo que buenamente puedan.

 

Abrazos/as,

T.G.


El infierno eres tú

benedict

 

Señores y señoras,

 

¿qué tal han empezado el año? Espero que la diosa fortuna les haya traído numerosos regalos. Como estamos en año electoral ya saben que el Gobierno nos obsequiará con una bajada generalizada de impuestos (que volverá a subir el siguiente en gobernar, por supuesto) y muchas sonrisas, muchas, muchas.

 

Ya he visto que mi lista ha levantado algunas ampollas, incluyendo a uno de esos especímenes que considera que cualquier diferencia de criterio a la hora de elaborar una lista significa inmediatamente que su interlocutor es inferior a él. Pues oiga, obséquienos con su propia lista para que todos podamos admirar su sapiencia. Al final es muy sencillo: junte usted sus títulos favoritos y déjelos en un comentario. Prometo rendirme a sus conocimientos.

 

Dicho esto (no quería olvidarme de los que a la primera de cambio recurren al chascarrillo con el adversario) ,esta semana se estrena una de las películas con mejor pinta del año 2015. Ahora podría decir ‘una de las mejores películas de 2015’ pero dado que estamos en enero y que el año –si no hay novedades- se acaba en diciembre, sería una boutade. De lo que estoy seguro es de que Descifrando enigma (The imitation game, en inglés) es un peliculón. El primero que vamos a ver en 2015.

 

Y lo es por unas cuantas razones, pero sobre todo por la extraordinaria interpretación del no menos extraordinario Benedict Cumberbatch.

Cumberbatch, que lleva unos años en los que parece Soraya Saenz de Santamaría (está en todas partes) es –en estos momentos- el actor con más posibilidades de llevarse el Oscar. Ya está, ya lo he dicho.

 

A este británico, que se hizo popular gracias a la serie Sherlock, no le sopla nadie (quizás Tom Hardy) y hace un lustro que está en todas las salsas: en Star Trek, El hobbit o Los Simpson; con Spielberg, con Meryl Streep o con Steve McQueen (el negro, no el blanco); interpretando a Julian Assange, a un dragón legendario o –en esta ocasión- a Alan Turing. Turing era un matemático británico que consiguió romper el código de comunicación de los nazis, el famoso ‘Enigma’.

Su contribución a la victoria aliada en la 2ªGuerra Mundial es incalculable y es difícil pensar que sin ese hecho el –por ejemplo- aplastante dominio marítimo de británicos y estadounidenses se hubiera podido concretar en un periodo tan ajustado de tiempo.

 

Sin embargo, más allá de ser un héroe de guerra que salvó innumerables vidas, Turing era –para la sociedad británica de la época- algo inaceptable: un homosexual.

Las leyes del Reino Unido de la Gran Bretaña castigaban duramente la homosexualidad y Turing fue tratado como un apestado y perseguido sin dilación a pesar de ser un maldito icono de la resistencia inglesa durante la guerra.

 

La película, Descifrando enigma, consigue equilibrar muy bien la parte en la que Turing consigue –rozando las montañas de la locura por el camino- romper el secreto de los nazis y aquella en la que sus propios compatriotas deciden romperlo a él.

 

No voy a explicar cómo acaba el asunto (ya se imaginaran que no acaba bien) pero déjenme decirles que Descifrando enigma te deja el alma como una de esas granjas de madera después del paso de un tornado y es la prueba irrefutable de que la estupidez humana no tiene límites. Ni los tenía, ni los tiene, ni los tendrá.

 

La delicadeza de Cumberbatch a la hora de reflejar el cautiverio al que se somete Turing (primero por su propia mano y después por la retrógrada mano de la ley inglesa) y su degradación física y mental es al mismo tiempo brillante y aterradora.

Va a ser muy difícil (por no decir imposible) que Cumberbatch se quede fuera del quinteto de actores que optará a los premios de la Academia: su trabajo no es sólo impecable, es profunda y terriblemente humano.

 

Sé que es un drama y demás, pero la película pasa en un suspiro (esplendida dirección de Morten Tyldum, que ya había dirigido una estupenda película llamada Headhunters) y es la prueba de que el cine sigue siendo el medio de expresión más poderoso del ejercito del arte.

 

Abrazos/as,

T.G.


Lo peor de 2014 (y chin-pum)

feliz2015

Señores y señoras,

 

Tal y como prometí, aquí les dejo la bonita lista con lo peor de 2014. Ha sido complicado configurar este top porque había muchos contendientes pero no estoy disgustado con el resultado, a decir verdad.

 

Ah, leo hoy en El País que ahora resulta que lo del gran hackeo a Sony fue cosa de una ex empleada y unos cuantos amigos suyos (bueno, eso dicen). Resulta que la señora, especializada en el área de tecnología, había sido despedida hace unos meses y no estaba demasiada contenta con este hecho. Su venganza fue contactar con unos amigachos especialistas en informática y utilizando el conocimiento adquirido mientras trabajaba en la compañía ponerla patas arriba.

 

Ya me perdonarán pero esta versión no acabo de tragármela.

 

Y además prefiero la versión donde el gordo norcoreano destruye Sony porque han hecho una película en la que se ríen de él. Mucho mejor y mas romántica, dónde vas a parar.

 

En fin, vamos con la lista.

 

  • Ocho apellidos vascos. Pues miren, oigan, es que no me reí nada. Y lo peor es que han convencido a Dani Rovira de que es actor (sí, actor) y ahora nos lo vamos a tener que comer con patatas al menos un par de añitos. Que yo no tengo nada en contra del chaval, de verdad, pero es que no es actor. Comediante poco, actor nada.

 

  • Transformers 4 (¿o era la 5?). Ya vale, sé que van a seguir haciendo secuelas porque sigue funcionando en taquilla, pero yo ya no pico más. A la hora de estar viendo esta cosa empezaron a entrarme unas preocupantes ganas de asesinar y si yo no me llego a ir del cine liquido al acomodador, al vendedor de palomitas y al proyeccionista… que eran la misma persona, obviamente.

 

  • Las tortugas ninja. Mismo director que Transformers. ¿Hace falta decir algo más? No.

 

  • El club de los incomprendidos. Ha entrado en esta lista con honores como una de las mamarrachadas más grandes del año. Si esto es lo que le gusta a la juventud de España tenemos que empezar a pensar en la posibilidad de extinguirnos. En serio.

 

  • Aprendiz de gigoló. Rodada con el culo (ya me perdonarán), con Woody Allen ejerciendo de Woody Allen en su versión ultra-languida y John Turturro queriéndonos hacer creer que podría ser un solicitado gigoló. Un auténtico disparate.

 

  • Dos tontos muy tontos 2. Ojo, yo soy muy fan del original, creo que es una de las comedias más esplendorosamente delirantes de la historia (una especie de Mel Brooks con sobredosis de LSD) pero es que esta secuela es directamente una estupidez. Los gags son baratos, los actores están mal (pasados de vueltas, más personajes que intérpretes) y la dirección es risible. Dejad los clásicos quietos, venga.

 

  • Mil maneras de morder el polvo. Me gusta Seth McFarlane, lo considero un cómico excepcional y he disfrutado como una perra (con perdón) viendo Padre de familia. Ahora bien, como actor es directamente malo y sus chistes no funcionan en la pantalla grande: menudo rollazo se marcó el hombre. Las dos horas que dura la película parecían más bien dos años. Mal, mal, mal.

 

  • Grace de Monaco. Diosmiodemividaquehorror. P.D.: ¿pero qué cojones se ha hecho en la cara Nicole Kidman?

 

  • Podría haber sido un placer culpable maravilloso: una de romanos, con un volcán y con uno de los protagonistas de Juego de tronos. Sin embargo, en un segundo visionado (lo sé, llego lo del cine demasiado lejos) resulta ser un tostón. Lo siento, pompeyenses (¿?).

 

  • Cualquiera de Silvester Stallone. Que alguien le diga al amigo Rocky que ya no cuela, que lo de actor resucitado le duró un par de años y fue un par de años demasiado lo que le duró. No sé si me explico. Los mercenarios 3 -por ejemplo- era una memez con profusión de explosiones. Insuficiente, Sly.

 

Y sin más, me despido hasta el año que viene. Feliz 2015 amigos y amigas, y que este año que llega les traiga todo lo que desean siempre que no sea lo mismo que deseo yo, porque entonces espero que me lo traigan a mí.

 

En serio: salud, amor y buena fortuna.

 

Un abrazo,

T.G.


Top10

 

Señores y señoras,

 

¿qué tal andan ustedes? Se acerca peligrosamente el final de año y hoy he decidido (antes de que empiece 2015) hacerles una lista de películas que deberían ver. De algunas de ellas he hablado aquí y de otras no, pero todas me parecen estupendas opciones para darse un homenaje de cine antes de nochevieja.

 

No he seguido ningún criterio específico… bueno, sí: lo que a mí me de la real gana, que es un criterio tan cojonudo como cualquier otro.

 

Este no es el último post del año, porque rizando el rizo haré un último esfuerzo literario el día 31, para que vean lo mucho que me inspiran ustedes. Creo que voy a hacer un top de las 10 gilipolleces más inmensas de 2014. Créanme, va a ser un trabajo duro porque ha habido una gran competencia. Y sí, naturalmente pondremos cine español. Faltaría más.

 

Bueno, pongámonos ya manos a la obra.

 

  • Interstellar. No hay mucho que decir. Una grandísima película, una epopeya espacial que haría sonreír (al unísono) a Stanley Kubrick y Steven Spielberg. Tan solo esa escena en la que el impresionante Matthew McConaughey (vaya añito que ha tenido el jefe) ve los mensajes de su hija vale el precio de la entrada. Una-jodida-maravilla. Así, sin más.

 

  • Gone girl. Otro peliculón de David Fincher, para el abajo firmante un pelín inferior a esas obras maestras llamadas La red social y Millenium pero merecedora de ocupar un puesto de honor en la lista de mejores filmes del año. Ojo a la escena de Rosamund Pike en la cama con su ‘amante’. Si esta señora no se lleva el Oscar a mejor actriz me extrañaría mucho.

 

  • Al filo del mañana. Yo era de los que desconfiaban de esta película: ¿una historia donde se repite una y otra vez la misma situación en el marco de una lucha a muerte contra los alienígenas? Nah. Pues oye, me equivoqué y cómo. Pedazo de joya de la ciencia-ficción que te pone los cataplines por corbata y no te los suelta hasta la –memorable- debacle final.

 

 

  • Dos días y una noche. Ya saben ustedes que no soy muy de artes y ensayos y experimentos pretendidamente cinéfilos a los que los Dardenne (directores de este filme) juegan en ocasiones. Sin embargo, esta obra –profundamente humana- en la que una mujer intenta convencer a sus compañeros de que renunciando a su paga extra podría conservar su trabajo, me caló hasta los huesos y me emocionó hasta el tuétano. Recupérenla, háganme caso.

 

  • Mister Turner. Otra película que me ha gustado mucho (muchísimo) y de la que no recuerdo haber hablado aquí: Timothy Spall interpretando a JMW Turner (un pintor delicioso) y que le valió el premio a mejor actor en el festival de Cannes. Maravilloso retrato de un hombre complejo, salpicado de una belleza formal que le dan ganas a uno de tener los ojos de un búho. Otra de esas películas pequeñas que nadie debería dejar pasar.

 

 

  • Starred up. Francamente, no tengo ni la más mínima idea de si esta película se estrenó en España (perdónenme, ya saben que soy un indocumentado) pero sé que deberían hacerlo a la mayor brevedad. Jack O’Connell, el protagonista, es una bestia parda. Quédense con su cara porque este chaval va a por todas. Ah, y esta película cuenta la historia de un tipo con ganas de zurrar a la humanidad desde primera hora de la mañana.

 

  • What we do in the shadows. Esta película –voy a arriesgarme- diría que no se ha estrenado en España. Les resumo: la historia de cuatro vampiros que comparten apartamento en Nueva Zelanda y que debido a un pequeño incidente comprueban lo difícil que es adaptarse a la sociedad moderna. Lo que me he reído con esta locura (y peliculón) no tiene parangón en 2014. Hagan lo que tengan que hacer para verla. Ya.

 

 

  • Babadook. No me convence el final (flojo, flojo) pero no ha habido mejor película de terror (aunque sea casero) que Babadook en el año que está por acabar. Una madre descubre un día en su casa un cuento infantil que empieza a leer a su hijo sin saber que está dejando entrar en casa a algo que les llevará a las puertas del infierno. Una fábula con mucha mala leche y dirección perfecta, hecha con cuatro duros y una cámara. Magnífica.

 

  • Coherence. Un comedor, ocho personajes (¿o eran veinticinco?) y un presupuesto de risa contra un guión espectacular, un desenlace magistral y uno de los filmes de ciencia-ficción más sensacionales no sólo del año sino de la década. Física cuántica, cometas y un festival de diálogos locos, pero sensatos. Yo ya me entiendo. ¿La han visto ya? Corran.

 

 

  • Her. Una de las películas que mejor ha definido la perversa relación del ser humano con la tecnología y las consecuencias de la renuncia a la socialización en pos de la conexión global. Impresionante Joaquin Phoenix y fantástica Scarlett Johansson (si la vio usted doblada no sabe lo qué se perdió). La mejor película de Spike Jonze y una auténtica gozada. Piense y sienta, se puede.

 

Y hasta aquí.

 

Se les quiere, aprecia, etc.

 

Abrazos/as,

T.G.


Gloria a ti, gran Kim Jong Un

gorditoKim

 

Hola señores y señoras,

 

No saben cómo ansío que acabe ya este maldito año. Si se me atragantó 2013 no les quiero ni contar 2014. Si alguno/as de ustedes/as tiene una receta o ritual para asegurarme un 2015 mínimamente normal (y semi-feliz) le ruego la transmita a través de la sección de comentarios de este blog.

 

Ya de paso no me importaría votar a cualquier partido que me asegure que piensa acabar con las navidades de una vez y para siempre y más concretamente con el día de Navidad. Estaría incluso dispuesto a pagar por ello.

 

Pero más allá de mis desgracias (que son importantes para mí, exclusivamente) escribo este post para hablarles del gran jaleo que ha habido en las últimas semanas con La entrevista, esa película que le ha costado a Sony un ataque (informático) en toda regla organizado por los poderes fácticos de Corea del Norte (o eso dicen) y que habla de un intento de asesinato al supremo líder del país: Kim Jong Un.

 

Habrán oído ustedes un millón de cosas al respecto: un grupo de hackers presuntamente financiado por el gobierno de Corea del Norte ha entrado en los servidores de Sony y además de piratear todas las películas que iban a estrenar en los próximos tres meses (incluyendo Fury –Corazón de acero, en español, que fue número uno en la taquilla estadounidense hace unas semanas y que se estrena en España el 19 de enero). La cosa podía haber quedado ahí, como una demostración de lo que se puede hacerle a una multinacional con la ayuda de unos cuantos tipos sin escrúpulos y un sistema de seguridad endeble.

Sin embargo, la cantidad de correos electrónicos filtrados en los que –entre otras cosas- se reían de Obama, de Angelina Jolie, de los hijos de Will Smith y de la madre que los parió a todos, ha puesto a Sony de rodillas: todos los periódicos, televisiones, blogueros y metepatas del mundo han reproducido la intimidad cibernética de la compañía y expuesto sus vergüenzas ante propios y extraños.

 

Además, los hackers advirtieron que si –aun así- La entrevista se acababa estrenando, el terrorismo cibernético seguiría y dejarían a la compañía sin dinero, sin servidores, sin estructura y –básicamente- sin nada. Claro está, los de Sony se acojonaron y muchas salas de cine americanas (miles) dijeron que no estrenarían la película por miedo a las represalias en sus propias carnes.

 

Actor seguido Sony anunció a bombo y platillo que cancelaba la premiere, el estreno, el pago por visión. Lo único que les faltó fue anunciar el fusilamiento del director, de los actores y del guionista.

 

Parecía que ahí se acababa la historia: la película se iba a guardar en un cajón del que no saldría jamás.

 

Hasta que salió Obama en la tele y poco menos que llamó cobardes a los jefazos de Sony por ceder al chantaje terrorista.

 

Me imagino al relaciones públicas de Sony viendo el discurso y corriendo a la cocina para coger un sacacorchos y clavárselo en la rótula para acto seguido buscar una azotea muy (muy) alta desde la que tirarse.

 

Como respuesta a eso (y a la reacción de algunas cadenas independientes como Alamo Drafthouse que anunciaron su intención de poner la película si se la facilitaba la distribuidora) Sony dio marcha atrás y estrenó el filme, no solo en cines sino también en pago por visión. De hecho, sólo les faltaba regalar dvds y blu-rays en Times Square.

 

Mi impresión:

 

  • La película no es para tanto. Una comedieta con algunos gags estupendos (la llegada de Seth Rogen y James Franco a Corea es memorable) que acaba siendo absolutamente inofensiva.
  • Sony la pifió, no solo a la hora de asegurar su privacidad (que es de mercachifle) sino precipitándose a la hora de anunciar que cancelaban todo ya que dio la impresión de que se habían asustado y que su decisión no respondía a criterios artísticos sino al puro terror… ahora bien, en algunos medios estadounidenses se especuló con la cuantía del seguro que Sony recibiría si la película no se estrenaba y que compensaba con creces las perdidas por no estrenarla. Sin embargo, nadie tuvo en cuenta que al público estadounidense le parecería un inmenso acto de cobardía claudicar antes unos señores (piratas) informáticos que había enviado un gordo de Corea del Norte.
  • Al final, la película no ganará dinero (además, ya circulan copias perfectas por la red) pero el hecho de que la estrenen ya es un triunfo de la industria. Lo malo es el precedente, y el hecho de que se hayan cancelado al menos dos películas que tenían a Corea del Norte como telón de fondo. Hay miedo, y se huele a miles de kilómetros.
  • El ganador absoluto, por supuesto, es Kim Jong Un, que mandando en uno de los países más tecnológicamente primitivos del mundo ha sido capaz de irrumpir en una de las multinacionales más poderosas del mundo y partirla por la mitad: aún quedan informaciones reservadas por filtrar y a medio Hollywood le tiemblan las piernas.

 

Felices fiestas pues, Kim Jong Un.

 

Abrazos/as,

T.G.


Feliz navidad, familia

papanoel

 

 

Hola amigos y amigas,

 

¿Cómo están ustedes? Espero que al menos a alguno le haya tocado la lotería y se haya dedicado a pasarles por la cara a sus amigos y vecinos lo afortunado que se siente con ese dinero que han ganado con el sudor de la cola que hicieron para comprarlo.

 

Naturalmente, a mí no me ha tocado nada y sigo siendo el mismo miserable que era hace unos días.

 

Para aquellos/as que hayan palmado pasta y no hayan visto ni un euro les digo que aquí tienen este bonito post que les limpiará el alma de cualquier resentimiento y les llevará a ver a ese vecino hijo de puta que lleva 20 años haciendo obras y darle un fuerte abrazo.

 

Ya se acaba el año y seguimos para bingo: hoy mismo Esperanza Aguirre ha anunciado que se presenta como candidata a la alcaldía de Madrid después de decir (hace unos años) que se retiraba y que se especulara con que la señora estaba cerca de la muerte (cáncer, se dijo) y recibía un homenaje casi póstumo por parte de su partido y de otros muchos advenedizos.

 

Unos meses después la buena mujer ya se postula como alcaldesa y ni rastro de la gravísima enfermedad que la asolaba (ojo, no digo que no la sufriera, sino que el show que se montó para volver por las de Villadiego ha sido espectacular) y que amenazaba con dejarnos huérfanos de una de esas personas que cree que la calle es suya.

 

En fin, amigos y amigas, que estamos a las puertas de un año sensacional en el que vamos a reírnos mucho (también podríamos llorar, pero optemos por lo primero, si les parece).

 

El último fin de semana del año estrenan una serie de memeces innombrables que no le recomendaría ni a mi peor enemigo pero, oigan, les animo a ser valientes y a pasarse por las salas de cine (eso sí, luego no me vengan con quejas).

 

Noche en el museo: el secreto del faraón. Yo es que me cansé ya con la primera, aquella del guardia de seguridad que descubría que el museo en el que trabajaba estaba vivito y coleando. Luego hubo una segunda, que me salté (o quizás la vi, no lo recuerdo) y ahora llega la tercera, por aquello de rematar a los incautos que aún se atrevan con el asunto.

 

Un auténtico desastre sin ritmo, con Ben Stiller pasándose por el forro cualquier atisbo de amor por la actuación que pudiera quedar en su cuerpo y un buen montón de actores que parecen estar allí porque vieron luz y entraron.

 

No vayan.

 

Luego está eso de El club de los incomprendidos. No voy a hacer chistes fáciles, sólo diré que es incomprensible que produzcan algo así, una película destinada a los más jóvenes que los trata como si fueran una panda de mamarrachos. A ver, que yo no dudo de que algunos jóvenes sean unos mamarrachos y demás, pero es que tampoco hace falta echarle leña al fuego.

 

No vayan.

 

Finalmente, (y vaya decepción) tenemos lo último de Tim Burton, Big eyes.

 

La primera pregunta que se me ocurre es: ¿qué cojones le ha pasado a Tim Burton?

Estamos hablando del tipo que dirigió maravillas como Eduardo Manostijeras, Bitelchús, Ed Wood o Pesadilla antes de navidad y que ahora hace películas como ésta, que son un auténtico aburrimiento.

 

No les voy a contar de qué va, pero oigan, es para cabrearse. No es que sea mala: es que no es de Tim Burton.

 

Entre este hombre y Woody Allen me tienen contento en la última década. Mucho.

 

Ah, también está eso de Musarañas cuyo tráiler es tan lamentable que hasta me da miedo ir a verla… pero iré. Me sacrificaré por ustedes porque alguien debe hacerlo.

 

Hala, feliz navidad. Aprovechen para ver algo chulo en blu-ray en casita. O miren la tele, que parece –sólo parece- que es gratis.

 

Un abrazo/a,

T.G.


Abráceme, soy un superhéroe

hobbit

 

 

Señoras y señores,

 

¿Cómo están ustedes?

 

Sí, apaguen la tele, escondan a sus hijas, pongan el champán a enfriar, porque he vuelto.

 

Ya les dije que me iría por ahí y aunque intentaría escribir no les aseguraba nada. Pues bien, cumplí mi promesa y me fui por ahí pero no fui capaz de escribir nada.

Entiéndanme, que estando en Sudáfrica, rodeado de leones, elefantes y tigres, llegaba yo a mis aposentos y me veía incapaz de hablar de películas y demás. Lo que realmente me apetecía era beberme el mini bar (que era gratis, GRATIS).

 

No sé si alguno de ustedes/as ha estado en ese fantástico país (de sus aeropuertos ya hablamos otro día) pero la cosa es tremebunda: verde, verde y más verde. Una fauna increíble (no van con segundas), una gente extremadamente hospitalaria y un solete estupendo. Por no hacer, no hacía ni calor de ese africano y de noche me ponía una chaquetita.

 

¿Cómo pretenden que escriba en esas condiciones y con un señor llenándome la copa todo el rato?

 

Bueno, la cuestión es que –contra mi voluntad- he tenido que volver… y vuelvo justo a tiempo.

 

(Veo que no se saben más detalles del caso Monago y no sé si eso me inquieta o me tranquiliza)

 

Este fin de semana se estrenan dos de los grandes pepinazos de esta temporada: Big hero 6 (aquí la han titulado 6 héroes) y la última entrega de El hobbit.

 

De la primera tengo poco que decirles excepto que ya tardan en ponerse su traje de runner y correr al cine a verla. Es extraño que Marvel (que poseía parte de los derechos del personaje) insistiera en que no quería que su nombre apareciera en la película teniendo en cuenta los magníficos resultados.

 

Al principio creí que se trataba de una mala señal, ya saben, cuando una casa del prestigio de Marvel le dice a Disney “no pongas mi nombre aquí” es para echarse a temblar. Sin embargo, supongo que se trataba de algún tema burocrático interno, ya que la película es brillante.

 

¿Y de qué va? Pues de un chaval y su robot (de goma) que deben reunir a una banda de novatos para enfrentarse a uno de esos villanos Bondianos que amenaza con destruir el mundo.

 

La animación es sensacional y el robot gomoso da tanto juego que es difícil pensar en un protagonista mejor. Otra cosa es el sentido del humor de la cinta, que tiene tanta mala hostia que conseguirá que el padre de familia se lo pase bien mientras el niño se lo pasa bomba. Sé que ustedes/as, padres/madres de familia, valoran mucho esas cosas, así que ya se lo digo directamente.

 

Vayan. Ya.

 

La otra cosa que se estrena este fin de semana es la última entrega de El hobbit.

 

A mí me ha gustado (con la segunda me aburrí horrores, con esta al menos me lo he pasado bien) y desde un punto de vista visual es absolutamente espectacular. La batalla de los cinco ejércitos (que es como se titula) es una auténtica gozada visual pero –eso sí- alargada como un chicle. Lo que me interesa es la épica, que al final es de lo que se trata, que es esconde en las imágenes y no los inacabables diálogos que someten al espectador a una intensa tortura. Claro, no me dirán que no tiene mérito convertir un libro de estatura mediana en una trilogía que supera las 9 horas de duración.

 

Así que –se lo advierto-si son ustedes fans del mundo de Tolkien es bastante probable que se lo pasen bien. Si no lo son absténganse.

 

Háganme caso.

 

(La buena noticia es que ya no habrá más trilogías y Gandalf y compañía podrán por fin descansar)

 

Ahora que he vuelto, seguiré dándoles alegrías desde este su blog. Sean buenos.

 

Feliz navidad, amigos y amigas.

 

T.G.

 


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