tofu

 

 

Señores y señoras,

 

Les hago un ‘special post’ (qué super cool que me ha quedado, ¿eh?) para hablarles de Interstellar. La veo el lunes pero ya les puedo adelantar algunos chivatazos.

 

Pero antes –como de costumbre- repasemos la actualidad más clamorosa. Esta vez se trata de una noticia que una fan gallega ha tenido la bondad de pasarme y donde se afirma que en la última encuesta del CIS (que veremos el lunes) Podemos pasar a ser la primera formación política en intención de voto.

 

Yo no me creo nada del CIS, como siempre, creo que sirven a su amo y que si ahora salen con estas cifras es porque necesitan reactivar a los votantes de los partidos clásicos (léase PP y PSOE) y gritar al mundo que si no reaccionamos una dictadura bolivariana con matices iraquíes y coreanos se cernirá sobre nosotros como la sombra de una noche eterna… joder, qué bien me explico.

 

Lo se, soy muy mal pensado, pero es que no hay para menos.

 

Aun así, el síntoma esta claro, la enfermedad la estamos sufriendo y el diagnóstico (que no el remedio) es un señor con coleta. Pero miren ustedes/as, les va a parecer extraño lo que les voy a decir pero por mí que gane Podemos, salivo sólo con pensar qué otras maneras de robar van a inventar nuestros políticos y –sospecho- que éstos pueden innovar lo suyo. Estoy hasta los cojones de que me roben tipos con corbata y lo que me apetece de verdad ahora es que me sise la pasta gente vestida de calle, como más casual, como rollo ‘te robo pero no me lo gasto en ropa, sino en productos de kilómetro cero, huertas urbanas y hamburguesas de tofu’.

 

Estarán conmigo en que cualquier cambio será ventajoso y si de repente a los nuevos les da por traficar con placas solares, molinos de viento y pan de cereales, pues mejor.

 

Lo cierto es que la gente está tan quemada que si Chiquito de la Calzada, el señor Barragán y el tío ese que canta la Flaca (y que siempre hace la misma canción) fundarán mañana un partido y se presentarán a las municipales conseguirían 60 o 70 ayuntamientos. Mínimo.

 

Y ahora Interstellar.

 

Con un 70% de críticas positivas en Estados Unidos y un montón de fans locos por verla, la cosa esta muy caliente. Les contaré más el lunes.

 

(sí, me han pillado, lo que realmente me apetecía era hablar de la noticia esa del CIS y de Podemos, y de lo poco que me fío de nadie que decida que debe dedicar su vida a la política).

 

La próxima vez prometo hablar de cine. Lo juro. Por el santo/Dios/divinidad/doctrina que ustedes quieran. Es que hoy estoy ya muy quemado con todo este rollete que se traen los que nos gobiernan como si esto fuera el cotolengo.

 

Abrazos/as,

T.G.

P.D.: yo soy muy fan de Christopher Nolan, así que si no me gusta Interstellar pienso hacer un post de 2000 palabras poniéndola a parir y nadie va a poder impedírmelo… excepto el señor Moltó, por supuesto.


Sucio, que eres un sucio

Filth-Poster

 

 

Hola señores y señoras,

 

Cuando escribo esto aún no he comido y ya han detenido a 51 personas, entre ellas a no-se-cuantos alcaldes, al presidente de la diputación de León (en lugar de aquella señora a la que asesinaron y sobre la que también recaían algunas sospechas) y –sobre todo- a Francisco Granados, ex hombre fuerte (fuertísimo) del PP en Madrid, mano derecha de la sexagenaria Esperanza Aguirre y un (presunto ladrón) de los de que no necesitan pasamontañas para llevárselo crudo.

 

Se calcula que la red desmantelada hoy se había hecho con contratos de forma ilícita por valor de 250 millones de euros (ahí es nada) adjudicándose obras a cambio de sobornos. Y por otro lado tenemos al señor Trías, alcalde de Barcelona, que tiene unos milloncejos por ahí que no se sabe muy bien de dónde han salido.

Y luego el caso Pujol, lo de Valencia, lo del alcalde de Toledo, lo de los ERES, lo de Toni Cantó (que le dejen abrir la boca), lo de los sindicalistas chorizos, lo del minero millonario y lo de la Virgen del Rocío y su medalla al mérito policial.

 

Yo no se muy bien qué podemos hacer pero lo de hacer la maleta y huir a cualquier sitio (incluyendo Siria) tampoco se me antoja mala idea, oigan.

 

Así que hoy montó este post extraordinario: por lo de puntual y acorde con la coyuntura, no es que vaya a ser una cosa espectacular (en mi línea vamos) para hablarles de una película que les va a venir como anillo al dedo para acomodarse a toda esta mugre que estamos viviendo y que amenaza con convertirse en endémica… si es que no lo es ya.

 

El filme en cuestión se llama Filth (que en España se estrena con la coletilla de El sucio) y cuenta la historia de un personaje deplorable que hunde la cabeza en kilos de cocaína, bebe a mares y no tiene ningún problema en hacer putadas a diestro y siniestro con tal de salirse con la suya.

 

¿A qué les suena?

 

Además, la buena noticia es que con lo que nos tragamos aquí en los telediarios todos los días (desde que he empezado a escribir estas líneas han imputado a dos más, ya son 53) lo de la película les va a parecer una broma y ver al arrastrado de James McAvoy (su personaje, no el actor, que es un maldito crack) haciendo toda clase de mamarrachadas en nombre del vicio, hará que aparezca una sonrisa en su cara.

 

El argumento es sencillo: un detective completamente pasado de vueltas y más corrupto que Miguel Blesa debe resolver un asesinato para convencer a su jefe de que le ascienda y -ya de paso- recuperar a su mujer y a su hijo. Naturalmente, la cosa le va a salir como el culo.

 

Recuerden: Filth, El sucio (¿quién cojones debe inventarse las coletilla de los títulos en nuestro país, a ése también habría que meterle en la cárcel). No la dejen pasar.

 

Por cierto, estos días es La fiesta del cine, con la entrada a 2.90 euros. Se que siempre nos quejamos (con razón) de lo caras que son las entradas así que aprovechemos la oportunidad para ir a ver una película EN PANTALLA GRANDE, que es COMO SIEMPRE deberían verse las películas.

 

Hala, muevan el culo.

 

Abrazos/as,

T.G.


nick

 

 

¿Qué tal señores y señoras? ¿Ha pasado ya por su casa el pequeño Nicolás?

Ya saben, ese Santa Claus de dentadura bugsbunnyana que llevaba regalos a los pudientes en su coche oficial de sirena azul. El que cuando el juez le dijo “vuelva usted a la escuela y acabe sus estudios”, le contestó: “no puedo, soy trending topic”.

 

No se si me hace más gracia el pequeño Nicolás o los que pretenden hacernos creer que era un pobre enfermo mental que viajaba con dos guardaespaldas, en coche oficial y que por algún delirio no diagnosticado consiguió colarse en la ceremonia proclamación de Felipe VI. Sólo falta que nos digan que siempre iba a las reuniones con un embudo en la cabeza y que si ponemos las grabaciones de sus gestiones al revés se puede oír “estoy fatal de lo mío”.

 

En este país hemos llegado ya a un punto en el que esperan que nos traguemos que nadie conocía a este tipo, que el coche oficial lo tenía porque le tocó en un sorteo en la feria de su pueblo y que la sirena se la pilló en el mediamarket en la semana sin IVA.

¿Las fotos con Aznar, Esperanza Aguirre y Gallardón? Photoshop. Que le pongan ya la camisa de fuerza y al manicomio con él. Sobre todo que no manche a nadie, no fuera a ser que se destapara un pastel que involucrara a toda clase de fuerzas vivas y dejara en evidencia a unos cuantos lerdos con corbata.

 

España en estado puro.

 

Hablemos de cine, que para eso estamos.

 

Espero que ya hayan ido todos a ver La isla mínima, Relatos salvajes y Perdida porque esta semana llegan un par de cosillas interesantes.

 

La primera se llama Coherence, que es una película muy pequeñita, hecha con cuatro chavos donde un grupo de amigos se reúne en la casa de uno de ellos para cenar hasta que el paso de un cometa hace que la noche se convierta en una auténtica pesadilla.

 

Les recomiendo que no lean nada de la película porque les puede joder la marrana en menos que canta un gallo. Basta con que sepan que la película no es una historia de vampiros, hombres lobo y zombies y que la tensión psicológica y la resolución al enigma están construidas de forma brillante. Por supuesto, a la película se le pueden encontrar pegas pero hay que reconocer que el giro es excelente y que te deja con un palmo de narices.

 

Hacía tiempo (permítanme que se lo diga) que no veía una película de ciencia-ficción tan bien hilada y cuya premisa me resultará así de inquietante.

 

Muy recomendable.

 

Luego hay una de esas películas para toda la familia en la que sale Jon Hamm (el Don Draper de Mad men) y que –la verdad- no molesta y se ve con (semi)agrado. Si tienen ganas de película amable esta es la suya: El chico del millón de dólares.

Cuenta la historia de un tipo que se inventa un concurso para descubrir a un talento del beisbol con un sonado premio. Para hacerlo, y con la intención de popularizar el deporte en la India, allí que se va. El resto ya se lo pueden imaginar: malos entendidos culturales, confusiones idiomáticas y mucha buena voluntad.

 

Por si no tienen otras cosa qué hacer.

 

Drácula, la leyenda jamás contada, es una de esas películas que causara amores u odios, dependiendo puramente de las expectativas depositadas en ella. Cuenta la leyenda de Vlad El empalador con un saborcillo de serie B (no tanto en los efectos especiales, magníficos, como en el tono y la propia naturaleza de la narración) que a mi me resultó encantador. Como les habla alguien que se lo pasaba bomba con las películas de la Hammer y que tuvo una de las mejores noches de su infancia viendo Kung-Fú contra los siete vampiros de oro es bastante lógico que la recomiende.

 

Ahora bien, si no disfrutan de ese tipo de cine de modales relajados y guiño constante al fan, es mejor que se alejen de las salas donde la proyecten.

 

Y por último (no se quejarán, que hoy he ido a por todas) El juez, una película que me genera sentimientos encontrados. Por un lado me encantan tanto Robert Downey Jr. Como Robert Duvall; por el otro creo que la película no funciona como drama, ni como thriller así que queda supeditada a los encuentros entre los dos actores y –lamentablemente- eso no es suficiente.

Así que el relato del doloroso reencuentro entre un brillante abogado y su (odiado) padre, un rígido juez, se queda en ninguna parte por culpa de un guionista poco avezado en los intríngulis de las emociones humanas y un director algo rustico.

 

No está mal, y tiene partes potentes (el descubrimiento de algunas facetas del comportamiento errático del juez) pero no es la película que hubiera podido ser.

 

Y ahora, si me perdonan, acaban de llamar al timbre: debe ser el pequeño Nicolás.

 

Abrazos/as,

T.G.

 

 

 


salvajes

 

 

¿Qué tal señores y señoras?

 

¿ Han ido ustedes a ver Perdida y La isla mínima? Francamente, no sé que esperan, deberían CORRER a las salas de cine porque ambas no son para ver en la tele, aunque eso seguro que ya lo saben.

 

Esta semana (o sea, este viernes) va a haber sensaciones encontradas pero –aun así- encontramos una joya y una película entretenida, así que no vamos a quejarnos.

 

Mientras tanto, en este nuestro bonito país, no dimite ni Cristo. Ya puede haber robado con las dos manos, o haber gastado 10.000 euros en sus propios restaurantes, o llamarse Rodrigo Rato (uno de los mangantes más extraordinarios de los últimos años) que no hay tu tía. Aquí lo de asumir responsabilidades y dar un paso adelante (o atrás) no se lleva. Luego se extrañarán que el de la coleta arrase aquí y allí.

¿Cómo cojones no va a arrasar? Cualquier persona que vea hoy en día las siglas PP o PSOE preferiría dejarse picar por un escorpión que volver a votarles. Otro día hablaremos de la paradoja de que un partido denominado popular te acuse de populista: debería estudiarse en las escuelas de política.

 

(no, a mí no me va lo de Pablo, pero entiendo que estemos todos hasta los huevos y queremos que reviente. De una puta vez)

 

Dicho esto, vamos con las mamarrachadas de la semana.

 

Las tortugas ninja.

 

Sí, lo voy a repetir: Las tortugas ninja.

 

Pensaban ustedes que habían dejado atrás esa cosa, ¿eh? ¿Pues no va el manazas de Michael Bay y se casca un remake?

 

Y como ya imaginarán es un auténtico horror, un coñazo inconcebible que –como ya imaginarán también- funcionó muy bien en Estados Unidos. Eso quiere decir que es muy probable que tengamos que tragarnos una secuela del remake. Así, por el morro.

 

La historia ya la saben: unas tortugas, una rata, blablablá.

 

Pasemos a otra cosa.

 

The equalizer.

 

Esta es muy entretenida, básicamente porque a mí me gustan las películas donde dan hostias como panes y en esta se ponen hasta las cartolas (que dirían en Bilbao). Denzel Washington, que siempre cuela, interpreta a un soldado de operaciones especiales que trata de vivir una vida tranquila pero que al conocer a una prostituta maltratada por unos mafiosos rusos decide que ya lleva mucho tiempo sin asesinar a unos cuantos villanos.

 

Yo me lo pasé bien, pero ya me conocen.

 

La última (y mejor) es Relatos salvajes.

 

No quiero contarles mucho, simplemente decirles que es una película que habla de lo qué pasa cuando nos ponen contra la pared y decidimos dejar de comportarnos educadamente para hacerlo cómo nos apetece.

 

Es una de las películas más salvajemente ácratas y políticamente incorrectas que hemos visto en nuestro país además de una cita ineludible con su sala de cine más cercana.

 

Eso sí, no me salgan luego a la calle con ganas de quemarlo todo, y si lo hacen tenga el buen juicio de taparse el rostro y no dejar huellas dactilares.

 

Abrazos/as,

T.G.


Quién sabe dónde

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Señores y señoras,

 

¿Cómo están ustedes?

 

A aquellos de la capital les pregunto con doble intención: ¿cómo están ustedes?

 

Después del lamentable espectáculo del ébola, con la ministra del vestido de ‘perdonadme, es la hora del brunch’ y el resto de inútiles cuyo máxima medida para detener al virus ha sido matar a un perro (por cierto, espero que exterminen a todos los demás perros del parque donde jugó el animal, a los niños que le acariciaron, a los ancianos que se cruzaron en su camino y a las plantas en las que meó. Ya de paso, podrían pulverizar Alcorcón con una bomba de hidrógeno (por si acaso), y echarle la culpa de todo a una persona que se ofreció voluntaria para cuidar a un misionero enfermo.

 

En este país la bajeza, señores y señoras, es algo muy serio.

 

(Y premio para ese patán gordinflón de pelo blanco que respondiendo a las quejas del médico que trató en primer lugar a la enfermera –“el traje protector me iba pequeño”- afirmó: “es que es un médico muy alto”. Claro, es que los tipos altos deberían dedicarse a otra cosa porque todo el mundo sabe que los trajes protectores están hechos para personas de 1.70)

 

En fin, para que no me suba la bilirrubina les voy a hablar del peliculón que se ha estrenado este fin de semana en nuestro país, ése en el que nunca se pone el sol: Perdida.

 

Verán que hay voces disonantes en la platea. Ayer escuché a un tipo decir que “Torrente es mejor que Perdida” (lo que me pareció raro es que no aparecieran dos señores con una camisa de fuerza y un embudo y se lo llevaran) y es sabido que el mismísimo Pedro Almodóvar aplaudió puesto en pie en el pase de Perdida para la prensa en Madrid.

 

Aunque me pese, estoy totalmente de acuerdo con Almodóvar: Perdida se merece un aplauso gordo.

 

La última película de David Fincher (el genio que dirigió El club de la lucha, Seven, Zodiac, La red social y Milllenium) adapta la novela de Gillian Flynn sobre un tipo que un buen día llega a casa para descubrir que su adorada esposa (o eso pensamos todos) ha desaparecido.

 

Fincher lo utiliza como recurso para fotografiar el declive de una sociedad focalizada en lo obvio, donde la frivolidad ha adquirido estatus de culto y en la que los medios de comunicación crean sus propias corrientes de opinión atendiendo (simplemente) a las curvas de audiencia.

 

El amor, el colapso financiero, las relaciones entre ambos, el matrimonio y la manipulación como regla de tres, ocupan un espacio narrativo que Fincher encaja en una arquitectura visual tan fascinante que uno no puede dejar de admirar sus cataplines al contar una historia tan retorcida en unos ambages tan sobrios en los que hasta la sangre parece tener un color elegante.

 

Perdida es el retrato del ahogo, una reflexión sobre una situación que parecía fugaz (esa crisis de valores generada por una crisis aguda) y que ha acabado convertida en endémica, representada por un matrimonio para el que la palabra disfuncional parece un elogio.

 

Naturalmente, y como en todas las películas de Fincher, hay más capas que en una cebolla, y el filme puede leerse también como un thriller sombrío en el que nada es lo que parece y en el que si uno respira hondo puede saborear a Hitchcock y a Kubrick, con una atmósfera que recuerda al Fincher de la mencionada Millenium.

 

Protagonizan Perdida la sensacional Rosamund Pike (qué papelón el de esta mujer, que meterá la cabeza en los Oscar, seguro, seguro) y un sólido Ben Affleck, empeñado en cada película en demostrar que cuando le dijimos que se dedicara a otra cosa, que el cine no era lo suyo, nos equivocamos de cabo a rabo.

 

En resumen, y mejor aún si no han leído ustedes/as la novela, Perdida es uno de esos filmes en los que los cinéfilos van a ponerse las botas y los que no lo son, también.

 

Hala, no olviden ustedes sus guantes, sus trajes y sus mascarillas, y si son altos se joden. ¿Estamos?

 

Abrazos/as,

T.G.

 

 

 

 


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Señores y señoras,

 

¿qué tal la vida? Espero que sea buena y dócil, y no les muerda el trasero por la noche. Créanme, eso pasa.

 

Esta semana (o sea, mañana) se estrenan dos películas la mar de interesantes… pero déjenme que antes me congratule por la dimisión de esa criatura de Dios llamada Alberto Ruiz Gallardón, un hombre que era conocido como ‘el moderado’ y que ha acabado hundiéndose en la miseria más absoluta gracias a sus amigos. Ya lo decía aquella famosa frase: “Señor cuídame de mis amigos que de mis enemigos me encargo yo”.

 

Tampoco puedo dejar de mencionar a uno de mis ídolos, el ínclito obispo Reig-Plá: cada vez que abre la boca se sube el pan dos euros, pero reconozco mi fascinación por su oronda figura y su boca lodosa. Hoy mismo, hace sólo unas horas, le he leído diciendo que el PP ha sido infectado por el ‘lobby gay’ y que por eso han frenado la ley del aborto (ya se sabe lo que les gusta a los gays los abortos, malditos gays). Después añadió una comparación entre los que están a favor del aborto y los nazis y finalmente dijo que estábamos todos corrompidos por el demonio. Bueno, esto último no es verdad, pero es obvio que debe pensarlo. Al señor Reig-Plá le das vía libre y un par de días y te quema a todas las mujeres de su comunidad por brujas.

 

En fin, un hombre admirable, de la España de los años 30, pero admirable. No le tengan en cuenta su incontinencia verbal y su estupidez supina, piensen que cada día reza por ustedes. Un rosario entero.

 

Este fin de semana empieza el festival de Sitges –otra cosa que da miedo, pero esta vez por las razones que cabría esperar- y lo hace proyectando [REC]4. Un servidor ya la ha visto y puede decir que se lo pasó pipa.

 

La película –si no lo he entendido mal- se estrena el 31 de octubre, así que aún quedan unas semanitas para que les llegue a ustedes, querido pueblo. No voy a reventarles la película (ya saben que no tengo por costumbre abusar de los spoilers) pero es sabido si se llama [REC]4 es porque hay tres entregas más. Sino fuera así sería un poco extraño llamarlo [REC]4.

 

Dicho esto, no sé si todos ustedes, queridos/as lectores/as, han podido ver las tres entregas anteriores. La primera es un clásico; la segunda una especie de Aliens, con acción a raudales; la tercera una comedia delirante y muy divertida (sí, una comedia, que –por cierto- no gustó a los fans más radicales). Las tres son magníficas películas, aunque a mí la primera sigue pareciéndome la más redonda de todas, original como pocas películas españolas y a la altura de cualquier producción estadounidense de género.

 

Ya sabrán (si no han visto ninguna de las entregas dejen de leer ahora mismo y corran al videoclub o donde demonios se puedan alquilar películas ahora) que la saga cuenta la historia de una casa en el Eixample barcelonés en el que se esconde una brutal amenaza contra la salud colectiva. Una terrible infección de origen desconocido atrapa en el citado edificio a una célebre reportera televisiva y a su cámara y les introduce en una pesadilla digna de Lovecraft.

 

Rodada cámara en mano (ya saben, el rollito ‘found footage’) cuando el formato era original, la primera [REC] arrasó todo el mundo, se vendió en más de 90 países (no hay precedentes de ninguna otra película en la historia de este país que pueda presumir de algo así) y hasta acabó generando un remake estadounidense. Naturalmente, se convirtió inmediatamente en una franquicia y hasta hoy.

 

En [REC]4 la cosa se ha trasladado a un barco en alta mar, donde han llevado a los infectados, esperando encontrar un remedio para el virus. Como es de suponer, algo sale mal y se abren –otra vez- las puertas del infierno.

 

Ya no hay cámara en mano sino una dirección esplendida de Jaume Balagueró, al modo tradicional. Sangre a litros, una escena sensacional (especialmente si uno es fan del gore) con un motor fuera borda y un final estupendo (que se cambió, porque le faltaba contundencia), además de todo el despliegue habitual [REC] convierten a esta secuela en un gran entretenimiento, brillante en ocasiones, y totalmente solvente.

 

Pónganse este post en favoritos y vayan a verla, hombre ya.

 

O Reig-Plá les perseguirá.

 

Abrazos/as,

T.G.

 

 

 

 

 

 


La película española del año

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Hola señores y señoras,

 

¿Cómo están ustedes? Confío en que aprovechen el fin de semana para ir al cine, que es lo que todo ser humano que se considere digno de caminar la tierra debe hacer los fines de semana.

 

Ya sé que son malos tiempos y todo eso, pero beban menos gintonics y vayan más al cine, que ya nos conocemos.

 

Ahora mismo acabo de enterarme de que Mario Casas y María Valverde lo han dejado porque él se ha enamorado de otra actriz cuyo nombre no recuerdo pero que dice María Casas que eso no es así porque ya habían hablado antes de que él rodará la película y lo habían dejado pero la gente dice que no. Y además el del Cantante del loco (el tío ese que tiene la voz como si alguien le hubiera dado una patada muy fuerte en el esternón) le ha dejado (o le han dejado, no me sé los detalles de memoria) y ahora está solo y sigue teniendo la misma voz, lo que son dos disgustos muy fuertes el mismo día.

 

Espero que entiendan que estoy muy afectado por esto, así que si me notan raro es porque no es para menos.

 

Ahora que ya les he contado lo que me preocupa (muchísimo) déjenme que les prevenga: la semana que viene se estrena la mejor película española del año. Voy a decir más: la semana que viene se estrena una de las mejores películas del año.

 

Se lo digo ya para que puedan ustedes planificarse bien el próximo fin de semana: dejen a los críos con los abuelos, pongan el fútbol a grabar y cojan dos buenas entradas.

 

La película se llama La isla mínima y es un thriller tan absolutamente descomunal que si no vieras los rostros de Antonio de la Torre y de Raúl Arévalo, pensarías que ha salido de Nueva Orleans o de Nueva York. De hecho, a mí me ha hecho pensar en True detective o en Seven, imagínense ustedes mi desconcierto.

 

No soy de esos que consideran el cine español (en genérico) una porquería. Creo que el cine y es cine y para mí la calificación es bueno, regular, malo o coñazo. Sin embargo, y creo que en eso hay bastante unanimidad, la falta de ambición en el cine patrio es algo terrible y una gran mayoría de las producciones a las que se da luz verde son más de lo mismo. Las franquicias son un horror (Torrente es chabacana, vulgar y los chistes van dirigidos a los amantes del reaggeton y la bachata y a los garrulos del barrio) y abundan las obras ‘de autor’ a las que van cuatro gatos pero que son inmediatamente elevadas a ‘obra maestra’ por cuatro esnobs de pacotilla que regentan revistillas de medio pelo que no venden ni mil ejemplares.

 

La cuestión es que La isla mínima es la demostración de que algunas veces basta con un buen guión, un grupo de actores maravillosos y un director valiente para tumbar de un bofetón todos los topicazos sobre el cine que se hace en la piel de toro.

 

La isla mínima, dirigida por un director sensacional llamado Alberto Rodríguez, es la historia de dos policías a lados opuestos del mundo (no geográficamente, sino de un modo más emocional –y sociopolítico, si ustedes quieren) que son enviados a las marismas del Guadalquivir donde se dan de narices con un asesino en serie que lleva años acabando con la vida de las mujeres del lugar sin que a nadie parezca importarle un pito.

 

La ambientación por sí misma es ya una obra maestra, pero súmenle a un realizador con un brutal talento visual y a dos actores perfectos y tendrán una película que se clava en el cerebro como un tenedor y que te deja exhausto y despeinado.

 

Lo he dicho antes: es una de las mejores películas del año y lo único que espero es que se convierta en un gran éxito. De hecho, si esa cosa llamada Ocho apellidos vascos llegó a los 50 millones de euros con cuatro chistes y un actor tan mediocre como Dani Rovira, La isla mínima debería hacer 100 millones de euros y ganar seis Oscar.

 

Me temo que no pasará, pero por pedir.

 

Sean buenos, vayan al cine, y no se pierdan La isla mínima.

 

He dicho.

 

T.G.

 

 


Corred, desgraciados, corred

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¿Qué tal?

¿Siguen ustedes de campo y playa?

¿Han llevado ya los niños a la escuela?

 

(Confiesen, malvados y malvadas, lo a gusto que se han quedado quitándose a los críos de encima… los niños, esa maldición. Un día alguien reivindicará a Herodes y ya puedo visualizarles a ustedes con la camiseta y el llavero promocional y el lema ‘Herodes tenía razón’)

 

Como ven está el país muy entretenido: unos se quieren ir, otros se quieren quedar, unos dicen que todo va bien, otros que somos el primer país de Europa en pobreza infantil, unos llevan barba y no contestan preguntas y otros hacen una (penosa) ley del aborto y luego se la tienen que comer con patatitas y un vaso grande de Don Simón.

 

Sí señores (y señoras) la tragedia nacional sigue y Berlanga sonríe desde su tumba pensando que el país que él dibujó en tantas películas ha superado sus sueños más húmedos. No es que a España no la conozco ni la madre que la parió, es que España, a su edad, quiere que la adopten.

 

Yo es que desde que hace unos meses y durante dos día seguidos contemplé como la noticia más vista en ABC (en el diario ABC, ese bastión de modernidad que hace artículos de tres páginas sobre los peligros de la masturbación) fue ‘¿Cómo son las actrices porno sin maquillaje?’ que he perdido cualquier esperanza de salvación. Luego está ese otro periódico que en su edición en catalán titulaba “Masacres en Irán” y en su edición en castellano “Masacres en Irak”. Así, por el morro, porque –no nos engañemos- Irán e Irak se parecen mucho y en ambos sitios muere gente a diario, así, que, ¿por qué no dejar que el lector escoja dónde quiere la masacre?.

 

Propongo que a partir de ahora, en las noticias internacionales (de las otras secciones ya nos ocuparemos después) dejen un hueco al lector que este deberá rellenar con el país que le apetezca, así se fomenta la interacción.

Por ejemplo, “Decapitan a rehén en …………”. A lo mejor uno se levanta y le apetece rellenar el espacio con ‘Cuenca’ o, ¿qué sé yo? ‘Calasparras’. Así cada lector se haría su propio periódico y siempre habría un tema de conversación con los amigotes, en esos momentos de asueto en el bar.

 

-¿Viste al rehén que decapitaron en Murcia?

-Pero, qué dices, si fue en Pamplona.

 

La sociedad sería más feliz inventándose sus propias noticias, sin tener que depender del cronista de turno, imaginando un equilibrio geopolítico distinto en un mundo mejor repartido.

Con la cantidad de gente que hay inventando noticias a diario para periódicos serios, ¿no sería bonito que el lector también lo hiciera?

 

Ahí se lo dejo, para que reflexionen.

 

Este fin de semana (entrando ya en materia) se estrenan 11 películas.

¿11? (dice alguien rascándose la cabeza con un palito de pan)

 

Sí, 11.

 

De las 11, pueden saltarse 8 o incluso 9.

 

Tenemos un musical, una película de Nicolas Cage, dos películas para adolescentes, una española, una griega, una de terror, una italiana, una superproducción…

 

Yo no sé, oigan, ¿para qué tantas películas?

 

He visto algunas.

 

Si decido quedarme: el coñazo adolescente con una actriz que siempre me ha gustado (Chlöe Grace-Moretz) pero a la que me temo que acabaré cogiendo manía si empieza a ir de adolescente atormentada.

 

Joe: una película que demuestra que –si quiere- Nicolas Cage puede ser un gran actor. Ya, ya lo sé, son ustedes unos incrédulos y no quieren dar crédito a mis palabras (es comprensible, les he engañado muchas veces y ya no se fían de mí) pero déjenme que les explique.

 

En Joe, Cage es un ex convicto de pocas palabras que trata de rehacer su vida. Un día conoce a un chavalote (Tye Sheridan, el de Mud, un niño pequeño pero matón) y se le despierta el instinto paternal, lo que significa que hará lo que sea para protegerlo. Naturalmente, eso implicará volver a meterse en líos con algunas personas, justo lo que estaba tratando de evitar.

 

Parece una película de justiciero a lo Charles Bronson, pero es un filme muy bien rodado, espléndidamente dialogado, muy contenido y con esplendidas interpretaciones. Una excelente película que deberían ir a ver.

 

Si prefieren dedicarse al entretenimiento puro y duro les recomiendo El corredor del laberinto, que me ha parecido dignísima, a pesar de ese final que ya anuncia la secuela (mecagoen las secuelas excepto las de El Padrino, El imperio contraataca, Indiana Jones y el templo maldito, Aliens y Terminator 2). Aun así, un notable filme con espíritu de serie B y un arranque fenomenal.

 

He dicho.

 

(De lo demás no digo nada, que me canso).

 

Abrazos/as,

T.G.

 


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Señoras y señores,

 

¿Ya han vuelto ustedes de vacaciones?

 

Mi pésame a aquellos/as que hayan decidido quedarse en este glorioso país (por el motivo que sea, financiero o emocional) y han sufrido el peor agosto desde que estalló la Guerra Civil Española. Con la mano en el corazón: lo siento.

 

Yo no he hecho vacaciones, sólo viajes de esos de arriba y abajo. Gracias a Dios he abandonado los festivales de cine y no me veo obligado a arrastrar mi culo por Venecia y Toronto (de San Sebastián dimití hace ya una década), así que ahora estoy en casita escribiendo y alegrando sus vidas con mi célebre prosa.

 

Supongo que estarán ustedes eufóricos con la perspectiva de volver a trabajar en sus respectivos agujeros/oficinas/madrigueras/empresas. Lo entiendo, el trabajo honra y nos hace mejores.

 

(Me estoy aguantando la risa, discúlpenme).

 

Bueno, vayamos al tema: hoy les quiero hablar de dos peliculillas.

 

La primera se llama Líbranos del mal y está bastante bien aunque a mitad de la película al responsable se le escapa el timón y se estampa contra un iceberg (se me entiende la metáfora). Aun así, fíjense, tiene un inicio tan potente y atmosférico que se le perdono todo.

 

La cosa es sencilla: un oficial de policía que ha visto cosas la mar de chungas se encuentra frente a un caso que sugiere la presencia de una fuerza sobrenatural. Una fuerza sobrenatural maligna, concretamente.

Esta parte de la película, centrada en la vida diaria del detective, es tan absolutamente brutal, que uno cree estar frente a uno de los mejores filmes de terror de los últimos años.

 

Sin embargo, cuando la acción pasa del paraíso infernal en el que transcurren los días del poli a la vida personal del propio detective, habemus cagata.

 

Lo malo es que lo que se ha prometido al espectador, un tono concreto, muy parecido al de Seven, se vuelve después una especie de thriller intimista donde el foco se desvía a… bueno, no quiero hacerles spoilers, pero dejémoslo en que el personaje principal (interpretado por el siempre magnífico Eric Bana) es estupendo, pero los demás lo son bastante menos.

 

Es una pena, porque la dirección es magnífica y la película tiene escenas espectaculares (la llegada al caso de la que hablábamos antes y la visualización del escenario del crimen son descomunales), pero el guión se queda a medio camino y a la hora empiezas a mirar el reloj. Ay, amigos y amigas, el terror.

 

Y luego estrenan lo último de Clint Eastwood, Jersey boys, que a mí ni fu, ni fa.

Ya saben los que vienen leyendo(me) este bonito blog que soy muy fan de Eastwood y mi lealtad hacia su persona es indiscutible, pero entre que los musicales se me atragantan (no recuerdo el último que me gustó… bueno, sí, Granujas a todo ritmo) y que los niños de la película me dicen entre nada y poco, pues oigan.

 

La peli es la adaptación de un famoso musical de Broadway que aquí no conoce ni el Tato y me temo que van a hacer cuatro duros en taquilla. Ojalá me equivoque, porque a Clint siempre le deseo lo mejor.

 

Seguramente esperarán ustedes que les explique la trama de Jersey boys, pero es que entre tanta canción y tanto baile no acabé de entender de qué iba, la verdad sea dicha.

 

También estrenan La abeja maya, en animación, ante la cual sólo puedo manifestar mi más entusiasta entusiasmo (maldita la redundancia). Es un gusto ver como le sacan leche a la teta de una abeja y por el camino mancillan un bonito recuerdo de mi infancia.

 

 

Abrazos/as,

T.G.


niño

 

 

Hola señores y señoras,

 

Cómo están ustedes? (Ya saben que siempre que hago esa pregunta me los imagino a todos gritando al unísono: “Biennnnnn”.)

 

Como les prometí, ya he visto El niño, que cuando escribo estas líneas encabeza la taquilla española, por encima de Lucy y Guardianes de la galaxia (de las dos ya hemos hablado en este humilde blog), y promete ganar el fin de semana, aunque de momento no conocemos las cifras.

 

Antes de entrar al trapo con la película de Daniel Monzón, permítanme que felicite a Tele 5 por su insoportable campaña de marketing con ella, que casi me ha convencido de que era una porquería por pura machaconería.

Llevamos ya tres meses de Niño aquí y Niño allá, en cada programa, en cada pausa, en cada debate, en cada periódico, televisión, radio y blog de nuestro país. Sin tregua, como si la táctica de bombardear al españolito por tierra, mar y aire con lo de la maldita película fuera a asegurarles el taquillazo.

 

Bueno, ya saben ustedes que la cosa ha funcionado con Torrente(s), Los ojos de Julia, El orfanato, Lo imposible y Ocho apellidos vascos, así que para qué iban a querer cambiarlo. Al final tenemos lo que nos merecemos, pero yo siempre he creído que hay una gran cantidad de espectadores que simplemente no va (menos a Ocho apellidos vascos, a esa fue todo el mundo menos mi abuela) por el coñazo que te dan (día y noche) con el producto de turno.

 

A lo que íbamos.

 

El niño es una buena película, magníficamente dirigida, bien escrita y con algunas escenas (como la famosa persecución de lancha y helicóptero) que son francamente espectaculares. Los actores son de primera (aunque a mí el niño de los ojos bonitos y que todas las niñas quieren beneficiarse me toque bastante el pie), especialmente Luís Tosar y Jesús Carroza. Este último encabeza ahora mismo mi ranking de actores secundarios españoles con su capacidad para crear personajes de la nada, con un par de pinceladas. Su perdedor en El niño es un tipo memorable, y seguro que todos somos capaces de nombrar a alguien que nos lo recuerda, muestra indiscutible de que en lo específico se esconde lo universal.

 

Así pues, todo bien, Monzón demuestra que es un director de primera clase (a este le veremos volar en breve, junto a Bayona, en Hollywood) y que, aunque haya transcurrido casi un lustro entre ésta y su anterior película (la impresionante Celda 211), no se le ha olvidado dirigir.

 

Dicho esto, a mí la película no me parece memorable. Creo que hay cierta frialdad en el tono, cierto nervio que echo de menos, y que –me da la impresión– al niño se le ha escogido por su cara bonita más que por otros factores y que, cuando lo vemos con Luís Tosar, se pone de manifiesto que sí, que realmente es un niño.

Además, si tenemos en cuenta lo que era Celda 211, un thriller afilado como el maldito bisturí de Hannibal Lecter, El niño me parece corta: en ambición y en resultados. Quizás porque cuando hizo Celda 211 Monzón contaba con un presupuesto limitado y todas las decisiones eran puramente narrativas (que no estéticas), en esta ocasión me temo que, obligado por el gigantismo del propio filme que tenía entre manos, a veces parece como si tuviera que cumplir con un cupo de acción que queda muy bien en los trailers pero acaba resultando –al menos para mí– un simple recurso, un set pensado para embobar al público.

 

El niño me hace pensar en Manhattan sur o Heat, lo cual debería ser un piropazo, pero, mientras Mann y Cimino apretaban el acelerador hasta el fondo, Monzón se ve obligado a darle constantemente al embrague.

 

Ya saben lo que decía Harry El sucio de las opiniones: “Son como el culo, todo el mundo tiene una”. Bueno, pues ahí tienen la mía.

 

Hala, abrazos/as,

T.G.

 

 


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