Esta noche moría Karl Malden, el maravilloso actor de –entre muchas otras cosas- Las calles de San Francisco. Su rostro nasal me recuerda a muchas tardes viéndole correr por aquellas calles empinadas y por eso le rindo mi pequeño homenaje, aquí, en este blog. Descansa en paz Karl, eres muy grande.

Bueno, no sé cuantos de vosotros habréis ido a ver Transformers 2 (que ha batido todos los récords habidos y por haber en la taquilla estadounidense) pero sigo esperando que me llevéis la contraria, que –al fin y al cabo- es de lo que se trata. Os recuerdo mi opinión: me abuuuuuuuurre.

Y ahora, señoras y señores, vayamos al tema que va a ocupar este post, aunque sea a codazos, y que no es otro que el estreno de la última película del maravilloso Michael Mann. Un tipo –según dicen- tan insoportable en persona como brillante en la gran pantalla. Su ultimo trabajo (“¡obra maestra!” gritan algunos) se llama Public enemies y cuenta con un reparto de esos de campanillas: Johnny Depp, Christian Bale, Marion Cotillard, etc.

El film explica la historia de John Dillinger, uno de los gansters más famosos de todos los tiempos (aunque no respondiera a la definición de “ganster” tal como la conocemos hoy en día). Dillinger atracó un sinfín de bancos, asaltó cuatro comisarías y asesinó a un buen número de oficiales de policia, pero –sin embargo- para los ciudadanos de a pie era una especie de Robin Hood con traje y metralleta. ¿Por qué?, se preguntarán algunos/as (y aunque no se lo pregunten me dispongo a contestar). Pues, por dos razones: 1) porque estamos en pleno auge de la Gran Depresión y este buen hombre atacaba al corazón del sistema: el brazo armado de la ley y a los siempre vilipendiados banqueros (con razón, afirman voces autorizadas, yo –como hombre prudente que soy- no digo nada). Y 2) porque era un tipo con buena planta bien vestido y guapote. Y eso amigos/as siempre vende. En los años 30 o en el s.XXI.

Depp interpreta a Dillinger y Christian Bale al agente del FBI que le persigue, con lo cual el duelo interpretativo está servido (dejadme que apueste por Depp aun creyendo que Bale es un actor de primera).

No he visto la película así que no me voy a tirar al rollo, pero siendo como es obra de un tipo que ha hecho Heat (obra maestra), El dilema (obra maestra), Collateral (excelente) o que fue el primero en sacar al personaje de Hannibal Lecter (en Manhunter, 1986, interpretado por el fabuloso Bryan Cox) en la gran pantalla, entenderéis que mi fe esté más que justificada.

Siempre recordaré la primera vez que vi a Robert de Niro y Al Pacino sentados en la misma mesa en Heat, sabiendo que uno de los dos la va a palmar en breve y aun así revelando su auténtica naturaleza [nota: os adjunto la escena doblada, pero -por favor, por favor- echadle un vistazo en versión original. Hacedme caso]. Lo del tiroteo posterior en el banco (mejor escena de tiros de la historia del cine) ya lo dejamos para otra ocasión.

¿Os gusta el señor Mann? ¿Os apetece Public enemies o presionamos y obligamos a la multinacional a aplazar el estreno?

El poder está en nuestras manos…

Salud amigos/as, de lo demás ya hablaremos otro día.

T.G.

Todo en un minuto

Aquí arriba os he pegado algunos de los que muchos consideran los mejores trailers de los últimos años y –probablemente- de los mejores de las últimas décadas.

Hay muchos más, pero creo que los que os dejo como ejemplos ilustran perfectamente lo que pretendo con este post.

Ojo, que el trailer sea la bomba no quiere decir que la película sea igual de buena (Independence Day, por ejemplo, tenía un trailer maravilloso -en su momento-, pero de ahí a considerarla una de las mejores películas de los últimos años hay un trecho considerable) sino que el instrumento que debía servir para venderla funcionaba a las mil maravillas.

Antes, en los años 80 el trailer era un elemento esperado pero no importante, lo que no quiere decir que una de las grandes cosas de ir al cine cuando éramos enanos era ver los adelantos de las novedades que estaban por llegar. Aun así, no eran básicos.
Podríamos decir que empezaron a serlo en los años 90, cuando los estudios decidieron que había que dejarse mucha pasta en los efectos especiales y luego meter los mejores momentos en un minuto para convencer a los incautos de que aquello era lo que había ir a ver. Ahora, en pleno siglo XXI el trailer es la herramienta imprescindible para arrastrarnos a los cines. No siempre funciona pero bien que lo intentan.

Surgieron como setas empresas dedicadas única y exclusivamente a ensamblar trailers. Así es amigos, esas cosas breves que veis antes de las películas no son cosa de los estudios sino que hay compañías (especialmente en Los Ángeles y San Francisco) que se han especializado en entregar el producto acabado y listo para degustar.

No hace falta que diga que cuanto más espectacular sea la película más potente va a ser el trailer, por aquello que comentábamos de los efectos especiales, que –no vayamos a engañarnos- son los actuales reyes de la función, muy por encima del guión, el reparto o la dirección.

Lo sé, lo se: triste, pero cierto.

Recuerdo un glorioso ejemplo del poder de un trailer: en Estados Unidos anunciaron que el primer avance de la nueva trilogía de George Lucas (ya sabéis: la de los jedis, la fuerza y demás) se proyectaría antes de ¿Conoces a Joe Black?, aquella cosa de Brad Pitt y Anthony Hopkins que duraba dos horas y media, pero que parecían dos años. Pues bien, la película fue un taquillazo el primer fin de semana, pero con un pequeño matiz: los espectadores entraban, se sentaban, miraban el trailer de Star Wars: The Phantom Menace y acto seguido se largaban. Y a Brad Pitt y Anthony Hopkins que les zurzan.

A eso se le llama criterio.

Hoy no voy a daros el coñazo con productores, ministros, políticos, Almodóvar o el cine español (lo sé, no hace falta que me deis las gracias) sino que me limitaré a preguntaros cuales son vuestros trailers favoritos: de ahora o del pasado, lo dejo en vuestras manos.

Resumiendo: ¿cuál es vuestro trailer favorito?

Hala, a cuidarse amiguetes/as.

T.G.

Perdonadme otra vez (y van…) por lo reiterado de mis ausencias. Llevo una semana en Londres en el rodaje de el remake de Furia de titanes (aunque ellos, los responsables de la película) nieguen que se trate de un remake, ya os digo yo que –sin ninguna duda- se trata de un remake.

No sé si alguien se acordará de esa película, donde lucían unos maravillosos efectos especiales de Ray Harryhausen (el mago de los efectos especiales al estilo stop-motion, o sease, mover los bichos al estilo de la vieja escuela) y con la mitologia griega, muy sui generis eso sí, como telón de fondo.

He firmado una carta diciendo que no puedo hablar de ello pero creo que nadie se enfadará si digo que la producción es de un tamaño bestial (calculo que tendrá un presupuesto de unos 150 millones de dólares, dólar arriba dólar abajo) y que a mi por lo menos me apetece verlo aunque tenga el clásico en un pedestal.

Pero no es de eso de lo que quiero hablar.

Tampoco quiero hablar del artículo de Rocío García hoy en El País, porque me lo guardo para cuando haya podido digerirlo: no sé si somos mentirosos, hipócritas o, simplemente, gilipollas (perdonadme, me incluyo para que quede claro que hablo en plural) porque lo de la encuesta esta es pura ciencia-ficción.

No, de lo que quiero hablar es que aprovechando mi estancia en la maravillosa ciudad inglesa aproveché para ir a ver Transformers 2. Debo reconocer que no soy nada fan de Michael Bay, mejor dicho: me parece un director espantoso.

Dicho esto, la primera entrega de los benditos Transformers no me pareció tan horrible como pudiera parecer a primera vista. Tenía cierto ritmo, salía John Turturro y hasta tenía algún punto gracioso. Ojo, no digo que me gustara, simplemente digo que no fue tan horrible como esperaba.

Grave error amigos/as.

Acudí a ver esta segunda entrega con el listón demasiado alto (por muy bajo que hubiera sido en realidad habría acabado siendo alto) y me tiré dos horas acordándome de la parentela del realizador, remontándome hasta sus bisabuelos.

Sí amiguetes/as: es mala.

A Bay le da por meterse en la filosofía Bondiana (de James Bond se entiende) de viajar por localizaciones exóticas (con Egipto como lo más obvia) tirando de un guión lamentable, unos actores/actrices cansados/as y con rostro perpetuo de “¿y que coño estaré haciendo yo aquí?” y una excusa paupérrima.

La película se movía atropellada, avanzaba con la elegancia de un Seat 850 que tenía mi padre cuando éste estaba a punto de pasar a mejor vida y solo las descomunales explosiones me impidieron echarme la cabezadita que la ocasión se merecía.

Encima –y esto si que es noticia- algunos de los efectos especiales no están a la altura y esto, en un filme que se basa (íntegramente) en los mismos, le da la puntilla final a una película concebida para niños menores de 12 años o personas a las que les importa un pito conceptos como “coherencia”, “verosimilitud” o “calidad”.

Pero que quede claro: el cine estaba lleno, la gente arrojaba palomitas para celebrar cada explosión y todo el mundo pareció disfrutar de lo lindo con los diálogos (los llamo así por no llamarlos “balbuceos” o, directamente, “estupideces”). Naturalmente el sonido estaba al volumen necesario para romper los tímpanos a un elefante y sonaron docenas de móviles.

Definitivamente, me estoy haciendo mayor para ir al cine.

No quiero adelantaros detalles pero la segunda hora de la película es un auténtico esperpento. Ya me contaréis.

Para complementar esta, mi gran experiencia cinéfila en Londres, os pongo más arriba el trailer de 2012, otra película que promete ser un compendio de intelectualidad y madurez cinematográfica. Eso sí, no recuerdo un avance tan espectacular en mucho, mucho tiempo. Y me temo que mis tímpanos no aguantarían otra experiencia similar.

Por cierto amiga Cristina (la que puso el cuestionario sobre Millenium en el anterior post) intenta, te lo digo de buen rollo, intenta no destripar las películas en tus comentarios, ya que muchos de los que navegan por aquí desconocían los detalles “íntimos” del filme del que hablabas. Si de todas formas sientes la necesidad de hacerlo pon un enunciado en mayúsculas tipo: “HOLA, VOY A CONTAR COMO ACABA LA PELÍCULA, SI NO LA HABÉIS VISTO NO LEÁIS EL POST. GRACIAS”.

Gracias Cristina, en nombre de todos/as.

Buen fin de semana,

T.G.

¿Respeto?

Esta mañana y después del desayuno reglamentario me he sentado en el sofá de mi casa a leer con calma la entrevista que Rocío García y Borja Hermoso le hacen al nuevo –y flamante- director del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA), el señor Ignasi Guardans, y debo confesar que aun sigo atónito con algunas de sus respuestas.

A Guardans le tengo mucho respeto, especialmente por su lucha (desde el Parlamento Europeo) contra las infames leyes aeroportuarias. Este buen hombre consiguió, solito, que se hicieran públicas las listas de elementos cuyo embarque esta prohibido, una lista secreta que rige nuestros viajes (la inconsistencia de la premisa es más que remarcable) y lo que llevamos en ellos.

Dicho esto, dejando claro que no tengo ninguna animosidad contra Guardans (más bien al contrario) me resulta imposible comprender algunas de las cosas que dice.

Tenéis el link más arriba así que os aconsejo leer la entrevista primero y luego leerme si os apetece.

Empezando por el final el señor Guardans cuestiona el papel de la prensa en su relación con el cine español, diciendo que “no han contribuido en los últimos años a la respetabilidad de nuestro cine”. Me pregunto que significa eso, si es que significa algo. Que yo sepa el respeto es algo que uno debe ganarse, no viene de serie, y a nuestro cine le falta mucho para llegar a ese punto. Dice Guardans que la prensa valora más lo ajeno que lo propio, que no damos las buenas noticias (ya que yo también soy prensa) y que desproporcionamos lo negativo. Mal estamos si hay que empezar disparando al mensajero.

Me gustaría saber que ha hecho el cine español en genérico (ojo, ha habido, hay y habrá muy buenas películas, pero ya que el señor Guardans se mete en el jardín permitidme que le acompañe) para merecer el respeto reclamado, aparte de vivir de subvenciones (un sistema viciado desde la raíz y que –por supuesto- afrontará cambios mínimos, para que no se diga que no han tocado nada) y ofrecer productos puramente coyunturales. Repito: hay excepciones pero no son la norma. Lo diga Guardans, González Sinde o Zapatero.

Le preguntan al director del ICAA por el descenso de espectadores (hasta de un 25%) a las salas de cine y se descuelga con esto: “los datos de los productores prueban que hay más espectadores del cine español fuera que dentro”.
¿Dónde están esos datos? ¿quién los ha recopilado? ¿De quien hablan? Dudo mucho que ninguna película española que no vaya firmada por Almodóvar, Amenábar o –en menor medida- Isabel Coixet, Jaume Balagueró, Fernando Trueba o Alex de la Iglesia puedan presumir de tener más mercado exterior que interior. Eso no hay quien se lo crea señores. Si esos datos existen que los hagan públicos pero basta de divagar en base a informes/documentos que nadie ha visto y que son fácilmente manipulables.

Ahora resultará que al guiri le gusta más el cine español que a los que vivimos aquí porque ellos si que saben lo que es bueno.

Es que hay que joderse.

Y ya por último, por no hacerme eterno. “Hay españoles que miran con desprecio e indiferencia una Palma de Oro en Cannes o incluso una selección para un festival, o un Goya […] lo podemos denunciar”.

Pero vamos a ver, ¿y qué? Claro que hay muchos señores/as de a pie a los que no les importa nada los premios que tenga o deje de tener una película. ¿Desde cuando ha sido eso sinónimo de calidad o de ninguna otra cosa? A ver si ahora resultará que hemos de acudir en masa a todo el que pueda acreditar premio o mención en cualquier chiringuito (llámese Cannes, Venecia, Berlin o Cangas del Morrazo). Ahora resulta que el señor Guardans desconoce lo que trajina cualquier certamen de medio pelo, la política y los intereses creados detrás de muchos premios (que no de todos, menos mal).

Está muy bien ganar premios y cuanto más alto mejor, pero que tengamos que genuflexionar ante ellos…ya solo faltaría eso.

No, hija, no (que hubiera dicho el gran Ozores).

Lo dejo aquí, para no aburrir hasta a las ovejas.

Ya me disculparéis, me hago mayor y cada vez entiendo menos cosas.

T.G.

La carretera

Buenas amigos y amigas. Perdonadme por esta larga ausencia, después de pasear mi aspecto de pobre por el lujoso festival de televisión de Montecarlo tuve que irme a Londres a hacer unas entrevistas (no es que pretenda hacerme el importante, ya que –como es obvio- no lo soy) y volví ayer por la noche, justo a tiempo para reencontrarme con los mosquitos y el calor. Hogar, dulce hogar.

En Londres, eso si, tuve oportunidad de alojarme en un hotel (pagado por un tercero, porque era de esa clase de alojamientos en los que para alojarse uno tiene que pedir una hipoteca) en el que presumían de tener la tarifa de Internet más cara del universo conocido: 40 céntimos de euro por minuto, o lo que es lo mismo: unos 24 euros a la hora…

La señorita de recepción escrutó mi rostro cuando me reveló su ventajosa tarifa y optó por apiadarse de mi: “en el McDonalds de aquí al lado es gratis” me dijo, cual ángel caído del cielo. Dios bendiga a las recepcionistas de hotel con buen corazón.

Después de pasar tres horas en Internet por el precio de un batido y una hamburguesa, hice un rápido cálculo mental. Me había ahorrado unos 70 euros. Para que luego digan que ahorrar es difícil.

Anécdotas (reales) aparte, llevo unos días obsesionado con el trailer de La carretera, la película basada en el best-seller de Cormak McCarthy sobre el penoso camino de un padre y su hijo en pos de un futuro que no acaba de llegar. Las primeras noticias que llegaban de sus primeros pases de prueba no eran buenas (al parecer el principio se parecía peligrosamente a El día de mañana, cuando en realidad McCarthy entra directamente al trapo sin analizar las causas que provocan la situación) pero en los últimos días, y después de unos tijeretazos, el resultado presenta una pinta estupenda. O eso dicen.

No me gustaría reventar demasiado el argumento, especialmente porque os recomiendo leer el libro antes de ir a ver la película, pero digamos que las primeras imágenes resultan dolorosamente cercanas al tono del libro, que es absolutamente brutal (en todas las acepciones del término). Como podréis observar el reparto luce de primera: Viggo Mortensen, Robert Duvall y Guy Pearce.

Lo cierto es que un servidor siempre se ha sentido atraído por el cine del último día, ese que cuenta como será borrada la humanidad de la faz de la tierra. Mi curiosidad morbosa no ha tenido recompensa en los últimos tiempos y aun cuando me sentí atraído por Knowing (no quiero ni acordarme de cómo la titularon aquí) y por su primera hora de metraje- absolutamente sensacional- el final tecno-hippie de la película me dejó de muy mala leche.

También debo confesar que a mi el modelo que me llena es el de Mad Max: páramos, arena y un malo llamado Humungus, vestido como si acabara de escaparse de una fiesta de carnaval organizada por un colectivo de sadomasoquistas. Es decir, que estamos acabados, hundidos, pero aun nos pegamos unas risas viendo los trapitos que se pone la peña para salir por ahí a hacer el vándalo. Si además el villano tiene una corte de esclavos con un estilazo que ni el Cirque du Soleil la dicha es completa.

Mucho me temo que con La carretera no va a haber ni un segundo para la risa y, que como me pasó con el libro, el último minuto será terrible. El cine tiene estas cosas: cuando se pone serio lo hace hasta las últimas consecuencias.

¿Qué opináis? ¿Habéis leído el libro? ¿Película de Apocalipsis favorita?

Buena semana. A los/las que se la merezcan.

T.G.

Este fin de semana me he animado a ir al cine – a pesar de los pesares- para ver la última entrega de Terminator, esa cosa llamada Terminator Salvation. O lo es lo mismo, la cuarta entrega de la saga que se saco de la manga James Cameron hace ahora 25 años.

Debo reconocer que he sido incapaz de abandonar mis prejuicios, y que el hecho de que la película vaya firmada por un personaje tan lamentable como McG (¿quién coño puede llamarse McG?) me atormentó desde el minuto uno. También confieso que el filme me engañó durante un periodo muy limitado de tiempo y hasta creí que el señor que había firmado ese engendro titulado Los ángeles de Charlie había conseguido revitalizar la franquicia a base de pulso.

Pero va a ser que no amigos/as, el temible McG ha vuelto a meter la pata y hasta me atrevo a decir que la tercera parte –no del todo olvidable, pero bastante mediocre en su conjunto- tenía ideas mucho más atractivas que las que atesora Salvation.

En primer lugar tenemos a Christian Bale, a quien le importa un comino ser John Connor, y de hecho podría usar la misma actitud para interpretar al Algarrobo o a la gallina Caponata…el hombre tiene esa mirada de “¿me deben haber ingresado ya la paga?” que identifica a los actores que interpretan papeles puramente alimenticios (o muy alimenticios).

El problema con este punto es que John Connor es el líder de la resistencia mundial, y por lo tanto nuestro guía a través del futuro cuidadosamente diseñado por Skynet. Todos los personajes que orbitan a su alrededor, excepto el magnífico Kyle Reese (a quien se cargan en dos planos, aun siendo el mejor personaje de la película, de largo), son pesados, planos, inconsistentes. Sam Worthington, quien en teoría debe llevar el peso de la historia en sus hombros, tiene carisma cero y sus diálogos resultan cansinos (por utilizar un adjetivo benévolo).

Helena Bonham Carter está horrorosa, Common hace lo que puede pero el devenir del argumento tampoco da para más, y da la impresión de que Bryce Dallas Howard pasaba por allí, vio luz, y entro.

Bueno, dicho esto, con pena, penita, de mi destrozado corazón cinéfilo quien amo con locura las dos primeras entregas del maestro Cameron, destacaremos las cosas positivas: las escenas de acción son impresionantes, tremendas, maravillosas…pero ya son muchos los que dicen –ya, quizás es falso, pero “piensa mal y acertaras” reza el dicho- que fueron rodadas por la segunda unidad de la película y que McG ni las olió. Me lo creo.

Hay un par de persecuciones (especialmente la de las motos Terminator) increíbles y tanto el diseño de producción –hay que sacarse el sombrero ante el trabajo de estos tipos- como el montaje son exquisitos. El problema es que la película no tiene alma, no hay en ella nada que emocione o excite al personal: simplemente asistimos a una sucesión de malos diálogos donde se intercalan efectos especiales de primera clase.

Mucho me temo que sin Governator Schwarzenegger (que por cierto tiene una especie de “aparición especial” cortesía del departamento de efectos visuales del desaparecido Stan Winston) la franquicia seguirá su trastabillado camino a ninguna parte, como Depredador, como Alien, como cada clásico de ciencia-ficción que nos hizo disfrutar hace ya muchos, muchos años.

Hollywood sigue cargándoselo todo. Sin prisa, sin pausa, sin miramientos.

Es lo que hay.

¿Alguien más tiene algo que decir?

T.G.

Nostalgia del oeste

El otro día, y aprovechando que el euro está en auge y el dólar a la baja (a ver cuanto dura), hice una pequeña compra en amazon y por poco más de ochenta dólares me compré siete películas (todo novedades). Igualito que en España vamos.

(Podría alguien explicarle esto, por favor, a la nueva y flamante ministra, de la que aun espero una declaración de intenciones y de la que –de momento- hemos obtenido un nuevo corte de pelo y un estilismo muy logrado)

Una de las películas que adquirí, y que me había saltado en su momento, fue Appaloosa, el western dirigido por Ed Harris y protagonizado por Viggo Mortensen y el propio Harris. Os confieso que a mi el género, “las pelis del oeste” como solíamos decir antes de americanizarnos hasta las trancas, me tiene subyugado: en cuanto empiezo a ver praderas, winchesters, tios con pistolas al cinto, sombreros, salones abarrotados, heno que arrastra el viento, abrigos largos de forajido, caballos al galope o la diligencia me es imposible apartar la mirada.

No por nada las primeras road-movies (sin carreteras, ni coches) fueron esas largas cabalgadas hacía el oeste infinito, ya fueran de un tipo huyendo de la justicia o de una familia en busca de la estabilidad en tierras vírgenes o hasta de un trío de pistoleros de camino a un pueblucho gobernado por un despreciable sheriff.

Lo confieso: me chifla el western y Appaloosa, aunque sin entusiasmos, me ha despertado otra vez el hambre del far west.
Así que, aparte de escribir este post, he pasado un fin de semana magnífico: Los siete magníficos, Río Bravo, El dorado, Los cuatro hijos de Katie Elder, Grupo Salvaje, El jinete pálido, Sin perdón, Quien mató a Liberty Balance? y Fort Apache. Os lo creáis o no me las he tragado todas y cada una, y para rematar, el domingo –ya de madrugada- me vi Silverado.

De todos los ámbitos del mundo del cine que entran por derecho propio en la leyenda el western es sin duda el que más se lo ha merecido: no hay otra época en la historia del mundo que haya generado tal volumen de imágenes y que haya entrado a formar parte de nuestras vidas e influido en tantas y tantos. Puedo estar equivocado, por supuesto, pero esas tardes de sábado donde uno viajaba a tierras lejanas a través de la tele me parecen de los mejores recuerdos de mi niñez. Y seguramente no soy el único.

Naturalmente, y como sucede con casi todas las cosas buenas, el género yace en la cama, en estado semi-comatoso, y solo se levanta cuando algún grande (léase Eastwood) decide sacarlo a pasear, aunque fuere únicamente para reverdecer viejos laureles.

El último gran western que me metí entre pecho y espalda fue Open range, con Kevin Costner, que es un tipo de quien al menos se puede decir que siente un gran respeto por el lejano oeste, que lo mastica y lo palpa. He visto la película una docena de veces y sigo sintiendo que en cada plano se esconde algo que he visto muchas veces antes, en los clásicos, y espero ver aparecer a John Wayne o a Robert Mitchum (cojeando) con la frase justa, siempre a punto. Encima sale Robert Duvall. Como para ponerle pegas.

Hay en este blog algún fan de “las del oeste”? Alguien echa de menos a los pistoleros de Dodge, Tombstone o Wichita? Soy el último adicto al western del planeta?

Vosotros/as diréis…

T.G.

P.D.: Almodóvar sigue dale que te pego…él sabrá.

Esta semana no he actualizado como debería…os pido disculpas: he estado en Roma. Lo confieso, el fútbol es uno de mis mayores vicios y con deciros que he estado en Roma ya sabréis cual es mi equipo… sí, estoy contento. Faltaría más.

Estar en la capital de Italia es una garantía de no enterarse de nada de lo que se mueve en España, así que recien aterrizado me encuentro con el impresionante jaleo que se ha montado con Carlos Boyero, Pedro Almodóvar y de rebote, el jefe de cultura de el diario El País, Borja Hermoso.

No quiero que este sea el núcleo del post pero tampoco quiero dejar pasar la oportunidad de comentarlo.

La cosa empieza tal que así: Carlos Boyero pone a parir Los abrazos rotos y –en su línea habitual- no solo se limita a cargarse la película sino que le mete a la crítica la carga de profundidad que es su firma, y que la ha sido durante los últimos 30 años.

Pedro Almodóvar calla, aunque llama al director del periódico, pero no pasa lo mismo cuando con motivo de la presencia de la película en Cannes, cuando Boyero arremete de nuevo contra ella y el director decide –recién vuelto del certamen francés- dedicar una gigantesca entrada de su blog personal para atacar con artillería pesada al crítico de El País, y ya de paso llamar “macarra” al redactor jefe de cultura de ese mismo periódico, Borja Hermoso.

Bien, como no me gusta mentir diré –ya de entrada- que tanto Boyero como Hermoso son buenos amigos míos y que por tanto no soy imparcial en este asunto. Dicho esto: entiendo perfectamente el cabreo del señor Almodóvar con este tema y asumo con naturalidad su derecho a defenderse como crea conveniente de las críticas recibidas. Así mismo creo que es muy sano eso de criticar al crítico y por tanto no me escandaliza que alguien lo haga desde su propia casa (el blog de Almodóvar en este caso). Lo que no me parece tan justo es atacar al redactor jefe del mayor periódico español por razones que se me antojan difusas (y que vienen de lejos, cuando Hermoso trabajaba en El Mundo) y que airee cuestiones personales que al espectador –al menos en mi caso- ni le van ni le vienen, justo lo mismo que él le echa en cara a Boyero (que, repito, es un hombre con un perfil altamente polémico, tanto años atrás en El Mundo como ahora en El País).

Por último: el propio Almodóvar tiene una larga lista de periodistas vetados. Una mala crítica, un comentario negativo, una palabra poco positiva han bastado al manchego en muchas ocasiones para impedir a algunos profesionales hacer su trabajo. No he leído nada de eso en su blog.

Una de las grandes desventajas de ser un personaje público es el hecho de que el trabajo de uno pueda ser juzgado por muchos, sin que el juicio deba ser siempre positivo y ni siquiera vinculante, cada uno tiene su opinión y en este país hay 30 millones de aspirantes a entrenador de futbol y 10 millones de críticos a tiempo parcial. Almodóvar debería aceptar esto como un gaje del oficio y de la misma manera que muchas de sus obras son consideradas cumbres del cine español puede ser posible –aunque a él le parezca raro- que otras no gusten o –simplemente- no tengan la fuerza necesaria para dejar huella.

Que ahora se presente a si mismo como la victima me resulta poco coherente, teniendo en cuenta cuantas veces el ha actuado como un justiciero cinematográfico, destrozando a aquellos que no estaban de acuerdo con él.

Uno tiene todo el derecho del mundo a defenderse y a decir lo que piensa, pero de la misma forma las malas críticas son algo habitual en el séptimo arte. Y si no le gusta que se dedique a otra cosa. Por último: eso de llamar al director de un medio de comunicación para quejarse de sus problemas con los empleados del mismo me parece ridículo. Muy ridículo.

Naturalmente, todo aquel que quiera opinar sobre el tema tiene una cita en este post.

Pero yo no quería hablar de esto (suerte que no quería hablar de esto, verdad?) sino de Millenium 1, la adaptación de la primera novela de Stieg Larsson, Los hombres que no amaban a las mujeres, y que se acaba de estrenar en España. De entrada me confieso fan de Larsson, me parece un escritor estupendo, un narrador cojonudo, y me lo he pasado de fábula leyendo las dos primeras entregas de la trilogía.

En cambio la película me parece plana, la factura demasiado televisiva, el guión demasiado ligero (se han descartado varias de las tramas más complejas y elaboradas del libro para acercarlas al espectador que no ha leído el libro) y –excepto la maravillosa actriz que da vida a Lisbeth Salander- tampoco el reparto es para tirar campanas.

Al final me han salido solo dos párrafos para Millenium y tropecientos para Almodóvar. Disculpadme, nunca he entendido las batallas de egos…será que me estoy haciendo viejo.

Buen fin de semana,

T.G.

He estado reflexionando, cosa que lamentablemente no hago muy a menudo, y he llegado a la conclusión de que hace mucho tiempo –demasiado- que no hablo de coches en este blog de cine…y coches.

Os puedo asegurar amigos/as que le he dado vueltas y más vueltas, se me ha ocurrido un post sobre las mejores escenas sexuales que hemos visto en un coche en la gran pantalla; luego he pensado en algo relacionado con los tiroteos a las cuatro ruedas que también son un tema recurrente en el mundo del cine: desde los gánsteres clásicos de los años 30 a los drive-by del cine americano de barrios bajos (del Bronx a Harlem, pasando por Compton); más tarde se me ocurrió algo sobre las persecuciones, pero eso ya lo hicimos al principio y no creo que haya habido muchas novedades al respecto…

Así que, haciendo uso de mi –inexistente- sabiduría he consensuado conmigo mismo que este post va a ir de las mejores escenas-con-coche en la gran pantalla. Es decir, aquellas escenas brillantes que como telón de fondo (o como protagonista principal) tienen un coche.

He escogido estas 10, como podía haber escogido otras, y espero que vuestra sapiencia infinita (efectivamente, soy un pelota despreciable) me ayude a crear una lista en condiciones. Se acepta cualquier género siempre que incluya un coche: en movimiento, estático, a dos ruedas, a cuatro, nuevo, clásico, destrozado, como nuevo…grande, pequeño, mediano, desproporcionado.

Vamos a ello:

1) En los limites de la realidad. La escena con Dan Aykroyd de autoestopista cachondo que da inicio a la película ha perdido fuerza por el defectuoso maquillaje de la escena final pero hay que reconocer que funcionaba como un reloj en el momento de su estreno.

2) Casino Royale. Uno de los mejores accidentes que jamás he visto en pantalla (por credibilidad, podríamos discutir si los hay más espectaculares) cuando Daniel Craig sale en busca de Vesper. Maravillosa Eva Green por cierto.

3) El accidente en que Chris Cooper pierde a su familia en Adaptation, y especialmente donde coloca la cámara Spike Jonze, de tal forma que el espectador lo visualiza como un travelling con final sorpresa. Me parece una escena angustiosa, copiada después en The forgotten, con Juliane Moore, en una planificación clavada a la de Jonze.

4) La primera victima en Zodiac, ese peliculon de David Fincher, donde el director juega con los faros del coche del asesino, el espacio reducido donde se sientan los desafortunados novios, el haz de la linterna, el polvo y los silencios, con una cámara tímida y claustrofóbica. Una obra maestra de ejecución impoluta.

5) La terrible escena de Una historia del Bronx donde se fragua la muerte de los colegas del protagonista. No diré más por si no habéis visto la película (cosa que deberíais hacer cagando leches) pero el final es espantoso.

6) La furgoneta customizada de los protagonistas de Dos tontos muy tontos, y si me permitís, ese viaje en moto a Aspen con los mocos congelados. Una película con la que tuve un par de ataques de risa bastante considerables (debería haberla puesto en el anterior post, el del humor).

7) El viaje en taxi con el que empieza Collateral, de Michael Mann. Impecablemente filmado, montado como un reloj suizo, con una música excepcional y un diálogo encajado como la última pieza del puzzle.

¿Más sugerencias?

Hala, buena semana…

T.G.

P.D.: No he encontrado las escenas de Una historia del Bronx, ni la de Collateral…espero que sabréis perdonarme.

¿Alguien se ríe?

Hablaba el otro día con un amigo con el que acostumbro a pegarme unas saludables risas. La conversación degeneró por culpa de la cerveza y acabamos discutiendo sobre la última vez que nos reímos con una película, pero de verdad, de dolerte el estómago y marearte.

Cuando llegue tambaleándome a casa lo anoté en un papel para darle vueltas al día siguiente: ¿cuándo fui la última vez que me reí con una película?.

De eso hace un par de días y sigo ahí, dándole vueltas a la cabeza: recuerdo haber sonreído con Arma fatal de Simon Pegg, otro tanto con Tropic Thunder (especialmente con el acento de Robert Downey Jr. en su versión original y con los bailoteos del gran Tom Cruise), algunas veces con Run, fatboy, run…sin excesos. A parte de eso no recuerdo haber soltado ninguna carcajada significativa en los últimos meses.

No me gustaron ni Supersalidos, ni Lío embarazoso (una buena película, pero en ningún caso una buena comedia) ni nada de ese “genio” llamado Judd Apatow. Las comedias berzotas americanas de hermandades, parodias y demas gilipolleces no me provocan ningún tipo de emoción.

Así que, lamentablemente, me tuve que remontar a tiempo atrás. Y allí sí encontré ejemplos de todo tipo: me partí con el humor cafre y destroyer de Borat, con el gag del perro y el de la cremallera de Algo pasa con Mary, con los zombis de Shaun of the dead (aquí titulada Zombies party-sic-), con el toque surrealista de las películas de Christopher Guest (Very Important Perros o Waiting for Gufman) y con Zoolander y su mirada de acero. Intenté tirar del hilo pero en los últimos dos años no he encontrado ni un ejemplo de carcajada salvaje (que es la más agradecida para el espectador).

Si hacemos caso de los estudios (que ya se sabe, los hay para todos los gustos y bolsillos) parece que en tiempos de crisis solo queremos comedias y películas de ciencia-ficción. Ok, la ciencia-ficción la veo por todas partes, así que me pregunto ¿y donde coño está la comedia? Porque vi hace unos días Noche en el museo 2 y aun me reí aun menos que con la primera (y mira que con la primera me reí entre poco y nada).

En cambio en la tele me he reído (y mucho) en los últimos tiempos: algunos gags de The big Bang theory son memorables, y lo mismo puedo decir de Extras, Curb your enthusiasm o 30 Rock (tres series maravillosas y con una mala leche de ordago). También me he reído mucho con los telediarios de Cuatro, la sección de deportes de la Sexta, el festival de Eurovisión, el debate sobre el estado de la nación y la entrevista exclusiva al sastre de Camps.

Pero supongo que todo eso no cuenta…

Así que, estimados amigos/as, os reenvio la pregunta que mi amiguete me hacía:

¿Cuándo fue la última vez que os reísteis en un cine? Pero a carcajada limpia, no valen risitas discretas ni sonrisas cómplices, que quede claro.

También vale hacer lo propio con la tele…igual aprendo algo (ya iría siendo hora).

Hala amiguetes/as, buen fin de semana, y procurad reíros. Ya se sabe: a grandes males, grandes remedios.

T.G.

P.D.: Os pego el mejor gag que he visto en años. De Ricky Gervais con David Bowie (interpretándose a si mismo).

Para aquellos que no dominen el idioma de la reina madre: al principio Gervais, que interpreta a un extra que finalmente consigue un papel protagonista en una serie, le explica a Bowie lo frustrado que se siente porque la serie en cuestión no es lo que él pensaba. Bowie le escucha atento y finalmente…por favor buscad la letra de la canción o pedid a alguna alma caritativa que os la traduzca. Es memorable.

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