Miren al pajarito…

sinsajo

 

Señores y señoras,

 

¿cómo están ustedes?

 

Les escribo esto cuando aún no ha acabado mi culebrón favorito: el culebrón Monago. Lo último es este pobre hombre explicando que es el presidente autonómico que menos cobra (con diferencia). Luego enseñan que (en realidad) es el quinto que más cobra. Luego sale una señora que enseña un papel de lejos a los periodistas y que dice que demuestra que Monago es pobre. Después se escapa por las cocinas de un sitio mientras una señora dice que es que tiene una reunión ahí dentro. O sea, que el presidente de Extremadura tiene reuniones en las cocinas de los sitios.

 

Muy fan, oigan.

 

Bueno, y que dice que como es el político más popular de España y que por eso quieren acabar con él. Curiosas declaraciones teniendo en cuenta que jamás ha aparecido en ninguna encuesta ni entre los 20 primeros. Supongo que debe referirse a su pueblo, ése donde hay un 62% de paro juvenil. El más alto de Europa.

 

Ah, y lo mejor es el acuerdo al que han llegado el PP y el PSOE para dotar de transparencia a los viajes de los senadores: cada tres meses darán un informe a la prensa que dirá cuántos viajes se han hecho y cuánto se han gastado en total. Vamos, un lujazo.

 

Ah, y que si quieren ustedes mirar los papeles del señor Monago es que son unos pervertidos y unas malas personas porque lo que tienen que hacer es confiar en él, coño.

 

(Y en Catalunya han nombrado número dos de la oficina antifraude a una persona imputada por fraude. Superbien, también).

 

Vamos al cine.

 

Esta semana voy con retraso y he podido ver muy poca cosa… de hecho sólo he visto una cosa: Sinsajo.

 

Miren, yo hace unos años me fui a la premiere de Los juegos del hambre en Los Ángeles. Me considero una persona normal y me leí los tres libros en un santiamén. Me parecieron muy entretenidos (que es justamente lo que yo les pedía) y lo cierto es que la primera película me gustó. Me gustó porque yo tampoco le pedía más: una realización decente, una protagonista carismática (Jennifer Lawrence es cojonuda) y un villano de primera (gran Donald Sutherland).

 

Luego leí a un famoso crítico que decía que era la peor película que había visto jamás (claro, que después el mismo crítico dijo que Los abrazos rotos era poco menos que una obra maestra) y me quedé un poco perplejo. Desde luego, yo no voy a ver una película sobre un libro para adolescentes con la misma mentalidad a la que voy a ver Interstellar. No me parecería justo. De la misma forma que no esperarías lo mismo de una cita con Adriana Ugarte que de una con Ana Mato.

 

Sin embargo, Sinsajo, la penúltima entrega de la serie, me ha dejado un poco cabreado. Primero, no me gusta eso de partir la última película en dos para ganar más pasta. Me parece una puta maldita estafa y una manera burda y bananera de exprimir al espectador. Segundo, creo que es una película hecha de forma descuidada, como si el director estuviera de resaca, y no puedo evitar pensar que hay algo de chicle, de escenas estiradas, porque había que llenar metraje.

 

¿Es entretenida? Sí. Pero le han quitado esa capa de mala hostia, esa pátina anti-sistema que tan bien podía leerse en la primera y hasta en la segunda entrega. A veces me desconcierta ver el interés que tienen algunos por desacreditar franquicias que podrían ser perfectas. Como cuando George Lucas se inventó los Episodios 1, 2 y 3 e hizo que muchos espectadores potenciales quemaran fotos suyas en la calle y tiraran la saga al contenedor.

 

En fin.

 

En Sinsajo, ya hay guerra abierta entre el presidente y la heroína y se nota que ahora han tirado la casa por la borda en los efectos especiales y han ahorrado en diálogos. Lawrence sigue estando magnífica y sale mi querido (y añorado) Philip Seymour Hoffman, lo cual ya es motivo sobrado para ir a verla.

 

Pero vayan en martes o miércoles, que es más barato.

 

Abrazos/as,

T.G.


Maten al mensajero, pero ya

mataralmensajero

 

 

Buenos días señores y señoras,

 

En primer lugar, gracias a los que me advirtieron de la presencia de un IMAX en la comunidad de Madrid… a ellos les remito dos preguntas, a ver si hay suerte: ¿La copia se pasa en 70mm? ¿Se pasa en VO o doblada? (las preguntas no van con segundas, es que voy a estar en Madrid muy pronto y me gustaría pasarme por allí a disfrutar –de nuevo- de Interstellar.

 

Antes de hablar de los estrenos, comentemos un poco el asunto Monago, que –para mi alegría- sigue dándonos datos y más datos sobre el morro de este señor.

 

Recuerdan, ¿verdad? El tipo coge 32 billetes en business para irse a ver a su novia, una señorita del PP que vivía en Tenerife. Primero niega que los billetes se los pagara el Senado; al día siguiente que piensa devolver el dinero; ahora que puede demostrar que los billetes los pago él originalmente, aportando unos documentos con datos tachados y donde no se observa su nombre.

 

Unas horas después el diario Público destapa que esos billetes que él dice haber pagado son en realidad los que él le envió a su novia para que ésta se desplazara a Extremadura a verlo.

 

Y aquí es CUANDO ME PONGO EN PIE Y APLAUDO.

 

Cuatro versiones en menos de una semana, todas ellas falsas y el tipo sigue ahí, diciendo que es todo un complot y que quieren hundirle. Joder, no me digan que no es para quererle mucho, mucho.

 

Dicho esto, la semana que nos ocupa es bastante rica en estrenos y algunos de ellos son especialmente buenos.

 

Empecemos con los flojitos:

 

Escobar.

 

Benicio del Toro está bien (como siempre, vaya) pero el resto es de regular para abajo. La dirección es espesa, voluntariosa si se quiere pero especialmente densa y en algunos momentos hasta torpe. No puede ser que una película sobre el mayor narcotraficante de la historia (y el más cruel de todos) empiece a aburrirte a los cuarenta minutos de metraje y eso pasa en Escobar: paraíso perdido, a pesar del trabajazo (repito) de Del Toro. Una auténtica lástima.

 

La ignorancia de la sangre.

 

A ver, una película con dos ficus del tamaño de Juan Diego Botto y Paz Vega ya no promete nada bueno pero pensé: ‘qué coño, démosle una oportunidad’.

No debía haberlo hecho.

 

Madre de Dios, qué horror. Las escenas eróticas son vergonzantes, la dirección de actores no existe, los diálogos son de juzgado de guardia y la historia que podría contar yo cuando saco a pasear al perro y le veo miccionar es mil veces más interesante que la trama del filme.

 

Alguien ha ganado dinero produciendo y distribuyendo este engendro, de lo contrario no hay quién lo entienda. Si algún amigo/a les propone ir a verla, CORRAN.

 

Las buenas.

 

Matar al mensajero.

 

Esta película fue una sorpresa muy agradable y es un recordatorio/homenaje al cine que se hacía en los 70 cuando tipos como Sidney Pollack o John Frankenheimer reinaban en Hollywood. Cuenta la historia de un periodista de un pequeño medio de comunicación de provincias (en Estados Unidos) que descubre la conexión de la CIA con los dictadores latinoamericanos y cómo se invertía el dinero del tráfico de drogas en derruir gobiernos legítimos.

 

Como pista, decir que a este señor (al de verdad) se lo encontraron en su casa, muerto. Se había suicidado pegándose dos tiros en la cabeza. Dos.

 

Estos periodistas son raros hasta para suicidarse.

 

Muy buena película, muy potente y con unos actores fantásticos. No se la pierdan, háganme caso.

 

The skeleton twins.

 

Kristen Wiig y Bill Hader, dos de mis actores favoritos del Saturday Night Live en –curiosamente- una peli dramática sobre lo complicado de las relaciones familiares: dos gemelos, que viven a mundos de distancia el uno del otro, se encuentran. Cuando sus vidas se van a tomar viento (por motivos que no conviene desvelar) se encuentran de nuevo y deciden arreglar lo suyo… y lo de los demás.

 

Muy bonita, y muy dulce. El final no mola, pero bueno, se les perdona.

 

Y para acabar, el horror de la semana.

 

Dos tontos todavía más tontos.

 

Una-auténtica-mierda.

 

Abrazos/as,

T.G.

 

 

 


Dios mío, Interstellar

interstellar

 

Hola señores y señoras,

 

¿Cómo están? Todo en su sitio, espero.

 

Ayer supimos que nuestro querido presidente de la comunidad extremeña, José Antonio Monago, estuvo yendo a ver a su chati a Canarias durante un año (32 veces, concretamente) a cuenta del erario público. Y en business class. Sí señor, con dos cojones.

 

Lo mejor son las voces (de los voceros de costumbre, por supuesto) diciendo que no hay que entrometerse en la vida privada de las personas. No, oiga, si yo no me meto, lo que pasa es que querría que su vida privada se la pagase él, después como si quiere calzarse a la Reina de Inglaterra o a Carmen de Mairena.

 

Pero, ojo, que hay algo aún más excitante: 1) Sale Soraya y dice que el señor Monago ya ha explicado todo (el señor Monago no ha presentado ni un solo papel, ni un solo justificante, ni su agenda; 2) Sale Soraya y dice que no se puede exigir a Congreso y Senado que sean transparentes con los gastos de diputados y senadores; 3) Sale el PP de Extremadura y dice que los viajes de Monago eran para reuniones políticas con las fuerzas vivas de allí; 3) Salen los senadores del PP de Canarias y dicen que ellos no tenían ni idea de que Monago fuera por allí y que no se han visto con él ni una sola vez. Que ni idea, vamos.

 

¿No es sensacional?

 

Es para quererle, coño.

 

(En el momento en el que escribo estas líneas veo como un auditorio lleno de políticos del PP ovaciona a Monago. No me extraña, yo también lo haría)

 

Y ahora hablemos de lo importante: Interstellar.

 

Seguro que muchos de ustedes no soportan a Christopher Nolan. Yo debo confesar que no soporto Origen y que el último Batman me parece muy inferior a los otros dos, pero aún así adoro Following, Memento, Insomnia y las dos primeras entregas de El Hombre Murciélago.

 

A esta lista sumo ahora, la espectacular Interstellar, que es una de las películas que más me ha impresionado en los últimos tiempos, no solo por su imaginario visual, sino por ser la primera vez que Nolan se atreve a mostrarse emocional, casi vulnerable.

 

La película cuenta la historia de un mundo que se extingue. La tierra, nuestra tierra, se muere. La NASA, los ejércitos, y la industria alimentaria han desaparecido o han sido desmantelados. No hay suficiente comida para todos y extrañas tormentas de polvo asolan el planeta y destruyen lo último que nos queda: las cosechas. En este panorama, y sin lugar al que huir, un ex astronauta descubre algo que podría cambiar el destino de la raza humana.

 

La película tiene tres partes muy definidas que son presentación, nudo y desenlace y que se pueden resumir como una sucesión de: ‘sacadme de aquí’, ‘sacadme de aquí por favor’ y ‘¿cómo cojones he llegado aquí?’. El viaje de Nolan es claustrofóbico, oscuro y nunca sencillo, de la misma forma que el protagonista (un fabuloso –como de costumbre- Matthew McConaughey) atraviesa el infierno tratando de llegar al otro lado mientras ve como su familia se desintegra (en ocasiones, literalmente).

 

Obviamente, la película incluye todas las obsesiones de Nolan, empezando por su magistral uso de las cámaras Imax (si alguno de ustedes viaja a Londres, París, Nueva York o a cualquier país avanzado, no pierdan la oportunidad de verla en 70mm y en ese formato (Imax).

 

Es un filme brillante, con una arquitectura visual tan sofisticada que uno desearía ser un experto en física cuántica para descifrar alguno de los laberintos que ofrece Interstellar: la terrorífica aplicación de la teoría de la relatividad, los agujeros negros, la tecnología robótica (y los matices que le otorgaría la inteligencia artificial), la sola idea de los viajes espaciales y la exploración planetaria. Créanme, el libro de astronomía de Nolan y su construcción (tanto visual como conceptual) de los planetas que visita la película, es algo espectacular. Pocas veces se ha visto un diseño de producción igual.

 

No hay palabras para algunos de los momentos que un espectador puede sentir viendo Interstellar porque es una obra que plantea preguntas fundamentales y otras que –probablemente- no nos planteamos pero que nos golpean. Fuerte.

 

Prefiero no contarles mucho más, simplemente les invito a que vayan y se dejen llevar por las casi tres horas de la película. A mí me dejaron pegado en el asiento, pero claro, yo soy raro.

 

Luego no olviden venir aquí y cascarlo.

 

Abrazos/as,

T.G.

 

 


tofu

 

 

Señores y señoras,

 

Les hago un ‘special post’ (qué super cool que me ha quedado, ¿eh?) para hablarles de Interstellar. La veo el lunes pero ya les puedo adelantar algunos chivatazos.

 

Pero antes –como de costumbre- repasemos la actualidad más clamorosa. Esta vez se trata de una noticia que una fan gallega ha tenido la bondad de pasarme y donde se afirma que en la última encuesta del CIS (que veremos el lunes) Podemos pasar a ser la primera formación política en intención de voto.

 

Yo no me creo nada del CIS, como siempre, creo que sirven a su amo y que si ahora salen con estas cifras es porque necesitan reactivar a los votantes de los partidos clásicos (léase PP y PSOE) y gritar al mundo que si no reaccionamos una dictadura bolivariana con matices iraquíes y coreanos se cernirá sobre nosotros como la sombra de una noche eterna… joder, qué bien me explico.

 

Lo se, soy muy mal pensado, pero es que no hay para menos.

 

Aun así, el síntoma esta claro, la enfermedad la estamos sufriendo y el diagnóstico (que no el remedio) es un señor con coleta. Pero miren ustedes/as, les va a parecer extraño lo que les voy a decir pero por mí que gane Podemos, salivo sólo con pensar qué otras maneras de robar van a inventar nuestros políticos y –sospecho- que éstos pueden innovar lo suyo. Estoy hasta los cojones de que me roben tipos con corbata y lo que me apetece de verdad ahora es que me sise la pasta gente vestida de calle, como más casual, como rollo ‘te robo pero no me lo gasto en ropa, sino en productos de kilómetro cero, huertas urbanas y hamburguesas de tofu’.

 

Estarán conmigo en que cualquier cambio será ventajoso y si de repente a los nuevos les da por traficar con placas solares, molinos de viento y pan de cereales, pues mejor.

 

Lo cierto es que la gente está tan quemada que si Chiquito de la Calzada, el señor Barragán y el tío ese que canta la Flaca (y que siempre hace la misma canción) fundarán mañana un partido y se presentarán a las municipales conseguirían 60 o 70 ayuntamientos. Mínimo.

 

Y ahora Interstellar.

 

Con un 70% de críticas positivas en Estados Unidos y un montón de fans locos por verla, la cosa esta muy caliente. Les contaré más el lunes.

 

(sí, me han pillado, lo que realmente me apetecía era hablar de la noticia esa del CIS y de Podemos, y de lo poco que me fío de nadie que decida que debe dedicar su vida a la política).

 

La próxima vez prometo hablar de cine. Lo juro. Por el santo/Dios/divinidad/doctrina que ustedes quieran. Es que hoy estoy ya muy quemado con todo este rollete que se traen los que nos gobiernan como si esto fuera el cotolengo.

 

Abrazos/as,

T.G.

P.D.: yo soy muy fan de Christopher Nolan, así que si no me gusta Interstellar pienso hacer un post de 2000 palabras poniéndola a parir y nadie va a poder impedírmelo… excepto el señor Moltó, por supuesto.


Sucio, que eres un sucio

Filth-Poster

 

 

Hola señores y señoras,

 

Cuando escribo esto aún no he comido y ya han detenido a 51 personas, entre ellas a no-se-cuantos alcaldes, al presidente de la diputación de León (en lugar de aquella señora a la que asesinaron y sobre la que también recaían algunas sospechas) y –sobre todo- a Francisco Granados, ex hombre fuerte (fuertísimo) del PP en Madrid, mano derecha de la sexagenaria Esperanza Aguirre y un (presunto ladrón) de los de que no necesitan pasamontañas para llevárselo crudo.

 

Se calcula que la red desmantelada hoy se había hecho con contratos de forma ilícita por valor de 250 millones de euros (ahí es nada) adjudicándose obras a cambio de sobornos. Y por otro lado tenemos al señor Trías, alcalde de Barcelona, que tiene unos milloncejos por ahí que no se sabe muy bien de dónde han salido.

Y luego el caso Pujol, lo de Valencia, lo del alcalde de Toledo, lo de los ERES, lo de Toni Cantó (que le dejen abrir la boca), lo de los sindicalistas chorizos, lo del minero millonario y lo de la Virgen del Rocío y su medalla al mérito policial.

 

Yo no se muy bien qué podemos hacer pero lo de hacer la maleta y huir a cualquier sitio (incluyendo Siria) tampoco se me antoja mala idea, oigan.

 

Así que hoy montó este post extraordinario: por lo de puntual y acorde con la coyuntura, no es que vaya a ser una cosa espectacular (en mi línea vamos) para hablarles de una película que les va a venir como anillo al dedo para acomodarse a toda esta mugre que estamos viviendo y que amenaza con convertirse en endémica… si es que no lo es ya.

 

El filme en cuestión se llama Filth (que en España se estrena con la coletilla de El sucio) y cuenta la historia de un personaje deplorable que hunde la cabeza en kilos de cocaína, bebe a mares y no tiene ningún problema en hacer putadas a diestro y siniestro con tal de salirse con la suya.

 

¿A qué les suena?

 

Además, la buena noticia es que con lo que nos tragamos aquí en los telediarios todos los días (desde que he empezado a escribir estas líneas han imputado a dos más, ya son 53) lo de la película les va a parecer una broma y ver al arrastrado de James McAvoy (su personaje, no el actor, que es un maldito crack) haciendo toda clase de mamarrachadas en nombre del vicio, hará que aparezca una sonrisa en su cara.

 

El argumento es sencillo: un detective completamente pasado de vueltas y más corrupto que Miguel Blesa debe resolver un asesinato para convencer a su jefe de que le ascienda y -ya de paso- recuperar a su mujer y a su hijo. Naturalmente, la cosa le va a salir como el culo.

 

Recuerden: Filth, El sucio (¿quién cojones debe inventarse las coletilla de los títulos en nuestro país, a ése también habría que meterle en la cárcel). No la dejen pasar.

 

Por cierto, estos días es La fiesta del cine, con la entrada a 2.90 euros. Se que siempre nos quejamos (con razón) de lo caras que son las entradas así que aprovechemos la oportunidad para ir a ver una película EN PANTALLA GRANDE, que es COMO SIEMPRE deberían verse las películas.

 

Hala, muevan el culo.

 

Abrazos/as,

T.G.


nick

 

 

¿Qué tal señores y señoras? ¿Ha pasado ya por su casa el pequeño Nicolás?

Ya saben, ese Santa Claus de dentadura bugsbunnyana que llevaba regalos a los pudientes en su coche oficial de sirena azul. El que cuando el juez le dijo “vuelva usted a la escuela y acabe sus estudios”, le contestó: “no puedo, soy trending topic”.

 

No se si me hace más gracia el pequeño Nicolás o los que pretenden hacernos creer que era un pobre enfermo mental que viajaba con dos guardaespaldas, en coche oficial y que por algún delirio no diagnosticado consiguió colarse en la ceremonia proclamación de Felipe VI. Sólo falta que nos digan que siempre iba a las reuniones con un embudo en la cabeza y que si ponemos las grabaciones de sus gestiones al revés se puede oír “estoy fatal de lo mío”.

 

En este país hemos llegado ya a un punto en el que esperan que nos traguemos que nadie conocía a este tipo, que el coche oficial lo tenía porque le tocó en un sorteo en la feria de su pueblo y que la sirena se la pilló en el mediamarket en la semana sin IVA.

¿Las fotos con Aznar, Esperanza Aguirre y Gallardón? Photoshop. Que le pongan ya la camisa de fuerza y al manicomio con él. Sobre todo que no manche a nadie, no fuera a ser que se destapara un pastel que involucrara a toda clase de fuerzas vivas y dejara en evidencia a unos cuantos lerdos con corbata.

 

España en estado puro.

 

Hablemos de cine, que para eso estamos.

 

Espero que ya hayan ido todos a ver La isla mínima, Relatos salvajes y Perdida porque esta semana llegan un par de cosillas interesantes.

 

La primera se llama Coherence, que es una película muy pequeñita, hecha con cuatro chavos donde un grupo de amigos se reúne en la casa de uno de ellos para cenar hasta que el paso de un cometa hace que la noche se convierta en una auténtica pesadilla.

 

Les recomiendo que no lean nada de la película porque les puede joder la marrana en menos que canta un gallo. Basta con que sepan que la película no es una historia de vampiros, hombres lobo y zombies y que la tensión psicológica y la resolución al enigma están construidas de forma brillante. Por supuesto, a la película se le pueden encontrar pegas pero hay que reconocer que el giro es excelente y que te deja con un palmo de narices.

 

Hacía tiempo (permítanme que se lo diga) que no veía una película de ciencia-ficción tan bien hilada y cuya premisa me resultará así de inquietante.

 

Muy recomendable.

 

Luego hay una de esas películas para toda la familia en la que sale Jon Hamm (el Don Draper de Mad men) y que –la verdad- no molesta y se ve con (semi)agrado. Si tienen ganas de película amable esta es la suya: El chico del millón de dólares.

Cuenta la historia de un tipo que se inventa un concurso para descubrir a un talento del beisbol con un sonado premio. Para hacerlo, y con la intención de popularizar el deporte en la India, allí que se va. El resto ya se lo pueden imaginar: malos entendidos culturales, confusiones idiomáticas y mucha buena voluntad.

 

Por si no tienen otras cosa qué hacer.

 

Drácula, la leyenda jamás contada, es una de esas películas que causara amores u odios, dependiendo puramente de las expectativas depositadas en ella. Cuenta la leyenda de Vlad El empalador con un saborcillo de serie B (no tanto en los efectos especiales, magníficos, como en el tono y la propia naturaleza de la narración) que a mi me resultó encantador. Como les habla alguien que se lo pasaba bomba con las películas de la Hammer y que tuvo una de las mejores noches de su infancia viendo Kung-Fú contra los siete vampiros de oro es bastante lógico que la recomiende.

 

Ahora bien, si no disfrutan de ese tipo de cine de modales relajados y guiño constante al fan, es mejor que se alejen de las salas donde la proyecten.

 

Y por último (no se quejarán, que hoy he ido a por todas) El juez, una película que me genera sentimientos encontrados. Por un lado me encantan tanto Robert Downey Jr. Como Robert Duvall; por el otro creo que la película no funciona como drama, ni como thriller así que queda supeditada a los encuentros entre los dos actores y –lamentablemente- eso no es suficiente.

Así que el relato del doloroso reencuentro entre un brillante abogado y su (odiado) padre, un rígido juez, se queda en ninguna parte por culpa de un guionista poco avezado en los intríngulis de las emociones humanas y un director algo rustico.

 

No está mal, y tiene partes potentes (el descubrimiento de algunas facetas del comportamiento errático del juez) pero no es la película que hubiera podido ser.

 

Y ahora, si me perdonan, acaban de llamar al timbre: debe ser el pequeño Nicolás.

 

Abrazos/as,

T.G.

 

 

 


salvajes

 

 

¿Qué tal señores y señoras?

 

¿ Han ido ustedes a ver Perdida y La isla mínima? Francamente, no sé que esperan, deberían CORRER a las salas de cine porque ambas no son para ver en la tele, aunque eso seguro que ya lo saben.

 

Esta semana (o sea, este viernes) va a haber sensaciones encontradas pero –aun así- encontramos una joya y una película entretenida, así que no vamos a quejarnos.

 

Mientras tanto, en este nuestro bonito país, no dimite ni Cristo. Ya puede haber robado con las dos manos, o haber gastado 10.000 euros en sus propios restaurantes, o llamarse Rodrigo Rato (uno de los mangantes más extraordinarios de los últimos años) que no hay tu tía. Aquí lo de asumir responsabilidades y dar un paso adelante (o atrás) no se lleva. Luego se extrañarán que el de la coleta arrase aquí y allí.

¿Cómo cojones no va a arrasar? Cualquier persona que vea hoy en día las siglas PP o PSOE preferiría dejarse picar por un escorpión que volver a votarles. Otro día hablaremos de la paradoja de que un partido denominado popular te acuse de populista: debería estudiarse en las escuelas de política.

 

(no, a mí no me va lo de Pablo, pero entiendo que estemos todos hasta los huevos y queremos que reviente. De una puta vez)

 

Dicho esto, vamos con las mamarrachadas de la semana.

 

Las tortugas ninja.

 

Sí, lo voy a repetir: Las tortugas ninja.

 

Pensaban ustedes que habían dejado atrás esa cosa, ¿eh? ¿Pues no va el manazas de Michael Bay y se casca un remake?

 

Y como ya imaginarán es un auténtico horror, un coñazo inconcebible que –como ya imaginarán también- funcionó muy bien en Estados Unidos. Eso quiere decir que es muy probable que tengamos que tragarnos una secuela del remake. Así, por el morro.

 

La historia ya la saben: unas tortugas, una rata, blablablá.

 

Pasemos a otra cosa.

 

The equalizer.

 

Esta es muy entretenida, básicamente porque a mí me gustan las películas donde dan hostias como panes y en esta se ponen hasta las cartolas (que dirían en Bilbao). Denzel Washington, que siempre cuela, interpreta a un soldado de operaciones especiales que trata de vivir una vida tranquila pero que al conocer a una prostituta maltratada por unos mafiosos rusos decide que ya lleva mucho tiempo sin asesinar a unos cuantos villanos.

 

Yo me lo pasé bien, pero ya me conocen.

 

La última (y mejor) es Relatos salvajes.

 

No quiero contarles mucho, simplemente decirles que es una película que habla de lo qué pasa cuando nos ponen contra la pared y decidimos dejar de comportarnos educadamente para hacerlo cómo nos apetece.

 

Es una de las películas más salvajemente ácratas y políticamente incorrectas que hemos visto en nuestro país además de una cita ineludible con su sala de cine más cercana.

 

Eso sí, no me salgan luego a la calle con ganas de quemarlo todo, y si lo hacen tenga el buen juicio de taparse el rostro y no dejar huellas dactilares.

 

Abrazos/as,

T.G.


Quién sabe dónde

perdida

 

 

Señores y señoras,

 

¿Cómo están ustedes?

 

A aquellos de la capital les pregunto con doble intención: ¿cómo están ustedes?

 

Después del lamentable espectáculo del ébola, con la ministra del vestido de ‘perdonadme, es la hora del brunch’ y el resto de inútiles cuyo máxima medida para detener al virus ha sido matar a un perro (por cierto, espero que exterminen a todos los demás perros del parque donde jugó el animal, a los niños que le acariciaron, a los ancianos que se cruzaron en su camino y a las plantas en las que meó. Ya de paso, podrían pulverizar Alcorcón con una bomba de hidrógeno (por si acaso), y echarle la culpa de todo a una persona que se ofreció voluntaria para cuidar a un misionero enfermo.

 

En este país la bajeza, señores y señoras, es algo muy serio.

 

(Y premio para ese patán gordinflón de pelo blanco que respondiendo a las quejas del médico que trató en primer lugar a la enfermera –“el traje protector me iba pequeño”- afirmó: “es que es un médico muy alto”. Claro, es que los tipos altos deberían dedicarse a otra cosa porque todo el mundo sabe que los trajes protectores están hechos para personas de 1.70)

 

En fin, para que no me suba la bilirrubina les voy a hablar del peliculón que se ha estrenado este fin de semana en nuestro país, ése en el que nunca se pone el sol: Perdida.

 

Verán que hay voces disonantes en la platea. Ayer escuché a un tipo decir que “Torrente es mejor que Perdida” (lo que me pareció raro es que no aparecieran dos señores con una camisa de fuerza y un embudo y se lo llevaran) y es sabido que el mismísimo Pedro Almodóvar aplaudió puesto en pie en el pase de Perdida para la prensa en Madrid.

 

Aunque me pese, estoy totalmente de acuerdo con Almodóvar: Perdida se merece un aplauso gordo.

 

La última película de David Fincher (el genio que dirigió El club de la lucha, Seven, Zodiac, La red social y Milllenium) adapta la novela de Gillian Flynn sobre un tipo que un buen día llega a casa para descubrir que su adorada esposa (o eso pensamos todos) ha desaparecido.

 

Fincher lo utiliza como recurso para fotografiar el declive de una sociedad focalizada en lo obvio, donde la frivolidad ha adquirido estatus de culto y en la que los medios de comunicación crean sus propias corrientes de opinión atendiendo (simplemente) a las curvas de audiencia.

 

El amor, el colapso financiero, las relaciones entre ambos, el matrimonio y la manipulación como regla de tres, ocupan un espacio narrativo que Fincher encaja en una arquitectura visual tan fascinante que uno no puede dejar de admirar sus cataplines al contar una historia tan retorcida en unos ambages tan sobrios en los que hasta la sangre parece tener un color elegante.

 

Perdida es el retrato del ahogo, una reflexión sobre una situación que parecía fugaz (esa crisis de valores generada por una crisis aguda) y que ha acabado convertida en endémica, representada por un matrimonio para el que la palabra disfuncional parece un elogio.

 

Naturalmente, y como en todas las películas de Fincher, hay más capas que en una cebolla, y el filme puede leerse también como un thriller sombrío en el que nada es lo que parece y en el que si uno respira hondo puede saborear a Hitchcock y a Kubrick, con una atmósfera que recuerda al Fincher de la mencionada Millenium.

 

Protagonizan Perdida la sensacional Rosamund Pike (qué papelón el de esta mujer, que meterá la cabeza en los Oscar, seguro, seguro) y un sólido Ben Affleck, empeñado en cada película en demostrar que cuando le dijimos que se dedicara a otra cosa, que el cine no era lo suyo, nos equivocamos de cabo a rabo.

 

En resumen, y mejor aún si no han leído ustedes/as la novela, Perdida es uno de esos filmes en los que los cinéfilos van a ponerse las botas y los que no lo son, también.

 

Hala, no olviden ustedes sus guantes, sus trajes y sus mascarillas, y si son altos se joden. ¿Estamos?

 

Abrazos/as,

T.G.

 

 

 

 


rec4

 

Señores y señoras,

 

¿qué tal la vida? Espero que sea buena y dócil, y no les muerda el trasero por la noche. Créanme, eso pasa.

 

Esta semana (o sea, mañana) se estrenan dos películas la mar de interesantes… pero déjenme que antes me congratule por la dimisión de esa criatura de Dios llamada Alberto Ruiz Gallardón, un hombre que era conocido como ‘el moderado’ y que ha acabado hundiéndose en la miseria más absoluta gracias a sus amigos. Ya lo decía aquella famosa frase: “Señor cuídame de mis amigos que de mis enemigos me encargo yo”.

 

Tampoco puedo dejar de mencionar a uno de mis ídolos, el ínclito obispo Reig-Plá: cada vez que abre la boca se sube el pan dos euros, pero reconozco mi fascinación por su oronda figura y su boca lodosa. Hoy mismo, hace sólo unas horas, le he leído diciendo que el PP ha sido infectado por el ‘lobby gay’ y que por eso han frenado la ley del aborto (ya se sabe lo que les gusta a los gays los abortos, malditos gays). Después añadió una comparación entre los que están a favor del aborto y los nazis y finalmente dijo que estábamos todos corrompidos por el demonio. Bueno, esto último no es verdad, pero es obvio que debe pensarlo. Al señor Reig-Plá le das vía libre y un par de días y te quema a todas las mujeres de su comunidad por brujas.

 

En fin, un hombre admirable, de la España de los años 30, pero admirable. No le tengan en cuenta su incontinencia verbal y su estupidez supina, piensen que cada día reza por ustedes. Un rosario entero.

 

Este fin de semana empieza el festival de Sitges –otra cosa que da miedo, pero esta vez por las razones que cabría esperar- y lo hace proyectando [REC]4. Un servidor ya la ha visto y puede decir que se lo pasó pipa.

 

La película –si no lo he entendido mal- se estrena el 31 de octubre, así que aún quedan unas semanitas para que les llegue a ustedes, querido pueblo. No voy a reventarles la película (ya saben que no tengo por costumbre abusar de los spoilers) pero es sabido si se llama [REC]4 es porque hay tres entregas más. Sino fuera así sería un poco extraño llamarlo [REC]4.

 

Dicho esto, no sé si todos ustedes, queridos/as lectores/as, han podido ver las tres entregas anteriores. La primera es un clásico; la segunda una especie de Aliens, con acción a raudales; la tercera una comedia delirante y muy divertida (sí, una comedia, que –por cierto- no gustó a los fans más radicales). Las tres son magníficas películas, aunque a mí la primera sigue pareciéndome la más redonda de todas, original como pocas películas españolas y a la altura de cualquier producción estadounidense de género.

 

Ya sabrán (si no han visto ninguna de las entregas dejen de leer ahora mismo y corran al videoclub o donde demonios se puedan alquilar películas ahora) que la saga cuenta la historia de una casa en el Eixample barcelonés en el que se esconde una brutal amenaza contra la salud colectiva. Una terrible infección de origen desconocido atrapa en el citado edificio a una célebre reportera televisiva y a su cámara y les introduce en una pesadilla digna de Lovecraft.

 

Rodada cámara en mano (ya saben, el rollito ‘found footage’) cuando el formato era original, la primera [REC] arrasó todo el mundo, se vendió en más de 90 países (no hay precedentes de ninguna otra película en la historia de este país que pueda presumir de algo así) y hasta acabó generando un remake estadounidense. Naturalmente, se convirtió inmediatamente en una franquicia y hasta hoy.

 

En [REC]4 la cosa se ha trasladado a un barco en alta mar, donde han llevado a los infectados, esperando encontrar un remedio para el virus. Como es de suponer, algo sale mal y se abren –otra vez- las puertas del infierno.

 

Ya no hay cámara en mano sino una dirección esplendida de Jaume Balagueró, al modo tradicional. Sangre a litros, una escena sensacional (especialmente si uno es fan del gore) con un motor fuera borda y un final estupendo (que se cambió, porque le faltaba contundencia), además de todo el despliegue habitual [REC] convierten a esta secuela en un gran entretenimiento, brillante en ocasiones, y totalmente solvente.

 

Pónganse este post en favoritos y vayan a verla, hombre ya.

 

O Reig-Plá les perseguirá.

 

Abrazos/as,

T.G.

 

 

 

 

 

 


La película española del año

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Hola señores y señoras,

 

¿Cómo están ustedes? Confío en que aprovechen el fin de semana para ir al cine, que es lo que todo ser humano que se considere digno de caminar la tierra debe hacer los fines de semana.

 

Ya sé que son malos tiempos y todo eso, pero beban menos gintonics y vayan más al cine, que ya nos conocemos.

 

Ahora mismo acabo de enterarme de que Mario Casas y María Valverde lo han dejado porque él se ha enamorado de otra actriz cuyo nombre no recuerdo pero que dice María Casas que eso no es así porque ya habían hablado antes de que él rodará la película y lo habían dejado pero la gente dice que no. Y además el del Cantante del loco (el tío ese que tiene la voz como si alguien le hubiera dado una patada muy fuerte en el esternón) le ha dejado (o le han dejado, no me sé los detalles de memoria) y ahora está solo y sigue teniendo la misma voz, lo que son dos disgustos muy fuertes el mismo día.

 

Espero que entiendan que estoy muy afectado por esto, así que si me notan raro es porque no es para menos.

 

Ahora que ya les he contado lo que me preocupa (muchísimo) déjenme que les prevenga: la semana que viene se estrena la mejor película española del año. Voy a decir más: la semana que viene se estrena una de las mejores películas del año.

 

Se lo digo ya para que puedan ustedes planificarse bien el próximo fin de semana: dejen a los críos con los abuelos, pongan el fútbol a grabar y cojan dos buenas entradas.

 

La película se llama La isla mínima y es un thriller tan absolutamente descomunal que si no vieras los rostros de Antonio de la Torre y de Raúl Arévalo, pensarías que ha salido de Nueva Orleans o de Nueva York. De hecho, a mí me ha hecho pensar en True detective o en Seven, imagínense ustedes mi desconcierto.

 

No soy de esos que consideran el cine español (en genérico) una porquería. Creo que el cine y es cine y para mí la calificación es bueno, regular, malo o coñazo. Sin embargo, y creo que en eso hay bastante unanimidad, la falta de ambición en el cine patrio es algo terrible y una gran mayoría de las producciones a las que se da luz verde son más de lo mismo. Las franquicias son un horror (Torrente es chabacana, vulgar y los chistes van dirigidos a los amantes del reaggeton y la bachata y a los garrulos del barrio) y abundan las obras ‘de autor’ a las que van cuatro gatos pero que son inmediatamente elevadas a ‘obra maestra’ por cuatro esnobs de pacotilla que regentan revistillas de medio pelo que no venden ni mil ejemplares.

 

La cuestión es que La isla mínima es la demostración de que algunas veces basta con un buen guión, un grupo de actores maravillosos y un director valiente para tumbar de un bofetón todos los topicazos sobre el cine que se hace en la piel de toro.

 

La isla mínima, dirigida por un director sensacional llamado Alberto Rodríguez, es la historia de dos policías a lados opuestos del mundo (no geográficamente, sino de un modo más emocional –y sociopolítico, si ustedes quieren) que son enviados a las marismas del Guadalquivir donde se dan de narices con un asesino en serie que lleva años acabando con la vida de las mujeres del lugar sin que a nadie parezca importarle un pito.

 

La ambientación por sí misma es ya una obra maestra, pero súmenle a un realizador con un brutal talento visual y a dos actores perfectos y tendrán una película que se clava en el cerebro como un tenedor y que te deja exhausto y despeinado.

 

Lo he dicho antes: es una de las mejores películas del año y lo único que espero es que se convierta en un gran éxito. De hecho, si esa cosa llamada Ocho apellidos vascos llegó a los 50 millones de euros con cuatro chistes y un actor tan mediocre como Dani Rovira, La isla mínima debería hacer 100 millones de euros y ganar seis Oscar.

 

Me temo que no pasará, pero por pedir.

 

Sean buenos, vayan al cine, y no se pierdan La isla mínima.

 

He dicho.

 

T.G.

 

 


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