fin-del-mundo

Hace aproximadamente un mes uno de mis mejores amigos, periodista, escritor, corresponsal de guerra y –encima- economista me decía en una comida que Grecia saldría del euro en breve, que el siguiente sería España, que después se impondría un límite a la salida de capitales (un corralito in pectore) y que lo llegaría después a España sería una especie de Gran depresión al estilo 1929 pero sin la fuerza de Estados Unidos ni su tejido empresarial para remontar.

Lo que me dijo me pareció una chaladura, de hecho si uno lee el Financial Times de cuando en cuando ya deberíamos estar todos muertos y enterrados en fosas comunes que habrían cavado algunos voluntarios alemanes. Ayer, leyendo a Paul Krugman (nobel de economía, que algo es, diría yo) empecé a pensar que aquella teoría de bombero no era más que una obviedad que yo había malinterpretado simplemente porque mi formación económica se limita a la lectura de algunos libros probablemente demasiado genéricos sobre el asunto.

Así que (no voy a negarlo) por primera vez desde que empezó esta maldita crisis he empezado a sentir un acojone tangible y real que esta mañana ha tocado techo cuando la prima de riesgo se ha disparado hasta los 490 puntos básicos.

No me consuela que de momento la crisis me haya dejado de lado ni que algún optimista sin oficio ni beneficio diga que son todo habladurías (ahora pienso en ese lumbreras alemán que ha dicho que “las reformas de Rajoy empiezan a notarse”; pues será en tu casa teutón de los cojones) y a los ultra-liberales que ven en cada caída una oportunidad para aplicar recetas que ya eran viejas en la América de los años 80 (y ahora me acuerdo de cuando Ronald Reagan declaró que los auténticos culpables de la contaminación eran “los árboles”; sí, lo dijo).

Después oigo a los del FMI decir por lo bajini que para rescatar a Bankia (ese engendro con peor encaje que la Yugoslavia de Tito) se necesitarán un mínimo de 60.000 millones de euros y al presidente del Gobierno afirmar que “este gobierno no negocia” (no, claro que no, de cuando en cuando vamos a Alemania a pedir caridad con la barbilla mirando al pecho) y mi convicción de que nos vamos directos a tomar viento se asienta definitivamente.

Y ahora, ¿cómo coño les digo yo que se vayan al puto cine a ver una película?. Con esos exhibidores que prefieren tener las salas vacías a bajar los precios, que ajustan la potencia de los proyectores al mínimo para ahorrarse cuatro euros y cuyo único objetivo es vender las jodidas palomitas. Esos cines donde ya no se respeta al espectador, donde al cinéfilo se le trata como a un empestado y donde un niñato con un móvil es más importante que un montón de tipos que solo quieren ver la película de turno. ¿Y estos payasos aún aspiran a hacer negocio?.

Y todo esto, amigos y amigas, me lleva a mi reflexión final: Dios no existe.

No, no se escandalicen todavía. Porque querido Señor, si estás ahí aún puedes rectificar.
Digo que no existe porque si existiera en este preciso momento me enviaría un lanzallamas, dos cajas de granadas de mano, cien barras de C4 y un papel en el que pondría “Por la autoridad que me confiere el reino de los cielos confiero al portador de este documento la inmunidad total, por horrendos y fatuos que sus actos pudieran parecer. Firmado: DIOS”.

(Y no, esto tampoco se arregla acampando en plazas y con asambleas en que 20.000 personas levantan la mano).

Disfruten mientras puedan, que ya queda menos, somos como un enano metido en un carro del Alcampo y lanzados desde un avión Hércules a 10.000 pies de altura al que el piloto le dice treinta segundos antes de abrir la trampilla “no te preocupes, tú agita los brazos con fuerza, quién sabe, igual hasta vuelas. Gilipollas”.

T.G.

P.D.: de momento no me ha llegado mi pedido del cielo, ¿debería perder la fe?.

P.D.2: ¿Aún no han visto Los vengadores? Encuentren un cine en condiciones donde la seguridad sea risible y cuélense sin cargo de conciencia alguna. La película, ya se lo digo yo, es cojonuda y solo por ver a Hulk rompiendo cosas y chafando cabezas ya vale la pena. De nada.

  • Facebook
  • Meneame
  • TwitThis

Palantir Saruman

Señores/as, después de este post van ustedes a amarme (aún más). Gracias al señor Wert, ese genio renacentista (que de haber nacido en el s.XIII hubiera dejado en ridículo al mismísimo Giotto) he tenido una epifanía: hay que salir del euro inmediatamente.

Se estarán ustedes preguntando qué demonios estoy diciendo pero enseguida se lo explico: el otro día oía al maestro Wert –ese alquimista de la palabra- comentar que hay que pasar del ladrillo al conocimiento.

Oh, ¡qué belleza!, ¡qué concepto! Obreros en paro, dirigíos en tropel a las bibliotecas, asaltad las estanterías, ¡leedlo todo!. Joder, no sé qué hemos hecho todo este tiempo sin los consejos de Wert, cuya calva es como el Palantir de Sarumán: el futuro está ahí.

Ya, ya sé, este blog está lleno de escépticos y casi puedo verles en sus casa, en sus puestos de trabajo, torciendo el gesto y chascando la lengua, hombres y mujeres de poca fe. “¿De qué vivirán esa gente?” les oigo clamar. Bien, pues aquí es donde todo adquiere sentido: este año debemos dejar el euro y abrazar el gallifante.

Propongo un cambio simple: un euro = un gallifante.

¿Se acuerdan del gallifante? Ese animal entrañable que daban, si no recuerdo mal, en Saber y ganar (el concurso de la 2). ¿Lo pillan? Saber y ganar [gracias a un lector rectifico, el Gallifante lo daban en Juego de niños]. Puedo ver a Wert, con esa aura que le acompaña, sonriendo en su trono mientras una virgen le limpia los pies.

Así pues, alcanzaríamos la paridad total: todos/as cobraríamos en gallifantes y santas pascuas.

¿Y cómo estructuraríamos el tema? Pues muy sencillo: en la oficina y antes de salir a desayunar el jefe diría –por ejemplo- “Gómez, si un tren sale de Madrid dirección Barcelona a 200 kilometros por hora y otro de Barcelona a Madrid a 150, ¿cuánto cuesta un colacao en el vagon-bar?”. Si el empleado no sabe la respuesta se le descuenta un gallifante del sueldo.

Lo mismo en el super. Uno hace su compra y a la hora de pagar la cajera dice: “¿Raiz cuadrada de 78940?”. Si no se sabe la respuesta pues se paga el doble de gallifantes.

¿Se imaginan ustedes que sociedad de conocimiento construiríamos en España? Ya no haría falta sufrir porque no se tiene trabajo o porque no entra dinero en casa: el gallifante traería una nueva época de prosperidad a la piel de toro. Seríamos la envidia de nuestros vecinos, la España Gallifántica se levantaría como un boxeador hasta las cejas de cocaína.

En realidad yo iba a hablarles de lo cojonuda que es Los vengadores, probablemente –y junto con el Superman de Richard Donner- la mejor película de superhéroes de la historia pero es que Wert me ha convertido en un portador de luz y quería compartir mi recién adquirida sabiduría con todos ustedes/as.

Abrazos/as,

T.G.

  • Facebook
  • Meneame
  • TwitThis

farla

Hoy pensaba hablarles de Los juegos del hambre, esa película que algunos críticos han defenestrado (me hace especial gracia que algunos de esos críticos alaben películas de mierda porque son de amiguetes o “maestros” portugueses o franceses y luego carguen contra una película estadounidense porque “no es seria”) y otros han disfrutado sin más problemas.

Sin embargo los eventos de ayer por la noche me han hecho cambiar de opinión. Ayer noche fui al partido, ya saben de qué partido estoy hablando. No volví muy contento a casa así que ya saben también cuáles son mis colores. La cuestión es que yo no vivo en la Ciudad Condal sino en un pueblo (más grande que pequeño pero pueblo al fin y al cabo) y para volver a casa decidó coger el último tren, el de medianoche.

Dos paradas después subían al tren un buen número de jóvenes, algunos muy borrachos y otros borrachos simplemente. Crestas, piercings, tatuajes, ya saben ustedes, todos hemos sido jóvenes pero algunos lo han sido más que otros.

Nada de eso fue sorprendente.

En cambio si lo fue que cinco de esos jóvenes (que finalmente serían siete, ya que dos mostrencos más se sumaron al grupo tres estaciones más tarde) tuvieran la delicadeza de sentarse conmigo.

El Joya delante a mi derecha, el Turco a mi izquierda, el Ogki [sospecho que su nombre era Oski, de Oscar, pero la pronunciación de sus asociados hace difícil afirmarlo con seguridad] delante a la izquierda, el Oso en la filera de asientos de al lado y el Carpi en frente de mi.

Fueron 40 minutos de conversación en los que pude realizar una completa inmersión el mundo de la juventud de España. Afuera era de noche pero en aquel vagón vi la luz.

He aquí lo que pude anotar –tomé notas con el teléfono, con suma discreción- y lo que descubrí de la dinámica interna de aquel exclusivo grupo:

1) Al parecer el Turco y el Joya habían pillado farlopa del Santi. La farlopa del Santi no estaba mal, pero la del Dori (que tenía el móvil apagado) es mucho mejor. El Joya comentaba que una vez se metió una loncha de la del Dori y después se leyó una revista super-rápido “como si tuviera un chip”. La del Santi no está mal pero te pone “to loco de la cabeza”.

2) El Oso quiere pegar al primo del Turco porque sospecha que es un pacheco [creo que se refería a que el pariente del Turco es homosexual] y porque le echó de su casa por un conflicto que no logré comprender [la sangría de Don Simón no casa bien con la vocalización] . El Joya dice que él también le pega porque le tiene gato. Luego se levanta se mira en la ventana del tren y dice “¿estoy to bien eh chuli?”.

3) El Turco se ha tatuado un “pescado japonés”, una trucha to guapa. El Carpi se quiere hacer un samuray con dos catanas “del palo”. El Oso tiene de repente un ataque epiléptico [también podría ser que se riera] y se acuerda de que la semana pasada el Turco no tenía molla [dinero, creo] y se tuvo que quedar fuera de la casa de putas. El Joya añade que a él no le gustan las “lumis negras” [prostitutas de color, me parece entender] porque “no se sabe donde se la estás metiendo”. Después da un trago grande de Sangría Don Simón y se ríe.

4) El Joya recibe una llamada la móvil, es el Cienpiés. Que va a estar en el botellón del [ininteligible] y que se pasen. Que también va a estar la banda del Mulato [esto lo cuenta después el Joya a viva voz] y que hay que quemarle la moto porque es tonto. El Turco anuncia que hoy está de tranquis pero que si se pone “to loco de la cabeza” que no sabe lo que puede hacer porque ha “matao por mucho menos”.

5) Después hablan de una “flujosa” que al parecer ha mantenido relaciones con todos ellos. Podría llamarse Vane o no [a estas alturas mis notas ya no son precisas] pero tiene un “hachazo guay” [vagina, me temo] aunque es más fea que “una nevera por detrás”. Aquí se producen varios comentarios: “no la tocaría ni con un puntero laser”, “se peina con petardos”, “es guapa de cara… de cara a la pared” acompañados de risas y golpes a la ventanilla del tren y varios “hala nen”.

6) A punto de llegar a nuestro destino el Joya dice que se está poniendo “to loco”. Los otros se ríen y este dice que “ojito que el kaos soy yo nen”. Silencio. [Me temo que porque no han entendido la palabra “caos”].

Después el tren llegó, la juventud de España dejó el escenario del crimen y se alejó en la noche. Pero antes el Joya me miró, se puso el dedo en los labios y me hizo “shhhh”. Allí mismo supe que tenía que compartir estos conocimientos con el mundo.

Espero que les sean de utilidad y les ayuden a conducir su vida con más sabiduría. Yo no he podido dormir, de repente mil epifanías se han comprimido en mi sueño.

“Es más fea que una nevera por detrás”.

Abrazos/as,

T.G.

  • Facebook
  • Meneame
  • TwitThis

El hombre

El hombre

Voy a contarles algo: me fío menos del ministro Wert que de mi vecino argentino. Ya, ustedes no conocen a mi vecino argentino, pero preferirían que un carnicero afgano les hiciera una colonoscopia con un cactus que encontrarse con él en el ascensor.
La cuestión (se que ustedes son gente de bien y ya lo han pillado) es que el citado ministro ya me daba mala espina cuando andaba por las tertulias de medio pelo soltando mamarrachadas pero ahora que tiene cartera es aún peor. El señor en cuestión es el titular de Deportes, educación y cultura, que ya me dirán ustedes que esto cómo se come… vaya mejunje de materias y materiales.

Este buen hombre, gracioso sin pretenderlo, es el hombre que rige ahora los destinos de nuestra cultura. ¿Han oído ustedes algo de la cultura últimamente? Pues ahí lo tenemos. La única memez que le hemos oído desde que gobierna es que hay que recuperar a toda costa la tauromaquia porque ya se sabe que eso genera miles y miles de puestos de trabajo y (muchos) millones de euros en la venta de entradas. Ejem.

En cambio del cine nada de nada. Bueno, sí, que se acaban las subvenciones para los guiones, los cortos, el cine de animación y no sé cuantas cosas más. Y bueno, alguno dirá, pues vale, que se acaben, todos estos que han estado chupando del bote que se jodan. Y ya hasta les daría la razón, si no fuera porque no es exactamente así. Bastaría con haber remodelado de arriba abajo la concesión de las mismas con un poco de cabeza en lugar de pasar como Atila por los verdes pastos.

Y es que lo de las subvenciones sería aceptable si a cambio la desgravación fuera lo suficientemente apetitosa como para atraer al capital, ya saben, lo que llamamos inversión privada. Es algo que hacen en Francia, donde tienen un 52% de cuota de pantalla. O en Canadá, donde a unas desgravaciones superiores al 40% suman una rapidez endiablada a la hora de devolver el maldito dinero al señor que lo ha puesto.

Aquí apuestan por una cantidad del 20% (antes había un 18 y no invertía ni el kiko, pero seguro que con ese 2% adicional todo el mundo va a venir a jugarse la pasta a España) que en ningún caso se implementara antes de septiembre. Claro, luego viene Steven Soderbergh a rodar a Barcelona y al cabo de una semana dice que está hasta los cojones y se las pira. De allí se va a Toronto, o a Vancouver, o a París, o a Berlín, donde le tratan bien y adonde piensa volver.

¿Y todo esto por qué se lo cuento? Pues porque estoy hasta la entrepierna de todos esos payasos con corbata que creen que pueden demoler una industria entera como vendetta política (“como hay actores que me caen mal pues me lo cargo todo” se podría imaginar que ha pensado alguno de esos superdotados que pueblan los pasillos del congreso cuando no tienen nada mejor que hacer). Naturalmente es todo legal pero al contrario que la tauromaquia, esta industria si genera dinero (muchísimo) y en España tenemos profesionales de la hostia que se van a quedar en la calle. Además los más perjudicados van a ser aquellos que justo empiezan a molestar, los chavales que empuñan una cámara por primera vez, los que quieren hacer un corto. A mi no me importan un pito, será porque la cultura siempre me ha parecido importante.

Jodemos la inversión publica, vetamos (de facto) la inversión privada y lo enterramos todo simplemente porque el séptimo arte en este país es (presuntamente) de izquierdas, o algo peor.
Y les voy a decir algo: los que había antes no eran mejores que los que hay ahora. Donde aquellos despilfarraban y se lo pasaban todo por el forro estos creen que hay que estrangular a la gallina y darla de comer a los lobos.

Lo único que reivindico es sentido común señoras y señores, algo que parece que se ha evaporado en este país.

Y sí, tienen razón, el cine no es lo más urgente, pero será mejor que empecemos a mover el culo por algo porque si no esto va a ser una jodida merienda de negros. Con perdón.

Abrazos/as,

T.G.

  • Facebook
  • Meneame
  • TwitThis

El despipoREC (3)

rec3

Bueno, señores y señoras, me alejo ya de la (semi)polémica del señor (y la señora) que se fueron del cine quejosos porque la película no era en español y me meto en otro berenjenal, pero con mucho menos lodo.

Sigo sin haber visto Extraterrestre pero lamento que se haya dado una hostia tan grande (90.000 euros con 127 copias y sin ni siquiera meterse en el Top 10 no es para estar muy contento) ya que creo que los que arriesgan deberían tener su recompensa. Pero no, en este país (y en algunos otros) los que se arriesgan se dan de morros contra una pared.

Sea como fuere, este fin de semana llega otra película española otra del mismo tipo que la comentada en el párrafo anterior (arriesgada) y en la que confío para cortar de raíz la mala racha patria. El filme en cuestión se llama [REC]3 y –como su nombre indica- es la tercera parte de la única franquicia española de la historia que ha conseguido saltar el charco, tener remake estadounidense, venderse en todo el mundo y convertirse en un icono global del cine de terror.

La primera entrega ([REC]) la firmaban a cuatro manos Paco Plaza y Jaume Balagueró y contaba la historia de un equipo de televisión que acababa metido en un lío de mil pares de entrepiernas haciendo algo tan inocente como seguir a un grupo de bomberos en un trabajo de rutina en un piso de la Ciudad Condal. Al final la presentadora y el cámara caen de lleno de una colmena de muertos vivientes, todo rodado al estilo casero y con más sustos que un consejo de ministros.

La película fue un exitazo, los directores recibieron toda clase de parabienes y la segunda parte, cortesía de los mismos autores, se puso en marcha. Esta segunda entrega fue más guerrera, menos terrorífica, más Aliens y menos Alien, para entendernos.

También funcionó de fábula, lleno cines e hizo mucho dinero, así que la tercera parte estaba servida.

Esta vez no se trabajaría a cuatro manos sino que sería el valenciano Paco Plaza el encargado en solitario de reinventar la franquicia. Había mucha curiosidad (mejor debería decir “yo tenía mucha curiosidad”) en saber que haría Plaza, un tipo talentoso, más gato que perro, más silencioso que charlatán, para conseguir que [REC]3 no fuera más de lo mismo sino algo distinto. Personalmente los zombies me parecen bien pero la idea de la cámara al hombro arriba y abajo se me antojaba cansina.

Pero viola, he aquí que Plaza se saca de la manga una especie de comedia desmadrada a mayor gloria del gore, más española que la Duquesa de Alba, llena de guiños a la piel de toro, deliciosa en su localismo, impecable en su ejecución: una boda de pijo y pija que se complica por culpa de unos imprevistos en forma de infectado.

La novia, Leticia Dolera, es la (anti)heroína del asunto, con sierra mecánica y demás accesorios (espero ansioso que saquen una Barbie homenaje) y Diego Martín el sufrido novio condenado a un matrimonio algo inestable y muy pegado a ese concepto de “hasta que la muerte nos separe”.

De ahí al final es como si uno fuera en silla de ruedas y lo arrojarán por una pendiente: una locura pegadiza de risas nerviosas, risotadas, carcajeos varios y amputaciones, varias amputaciones.

La cámara temblorosa es sustituida por una dirección firme, de estupendos matices (la planificación es simplemente maravillosa, solo hace falta ver escenas como la de la cocina o como se utiliza el espacio donde se celebra el banquete); los diálogos se han escrito con un machete, el reparto es una fiesta continua y hasta la música (ojo con el tema central) es un sin vivir… en el buen sentido.

Y ya está, pim-pam, franquicia reinventada con matrícula de honor.

Que pase el siguiente.

Abrazos/as,

T.G.

P.D.: no esperen, vayan a verla. No les disgustará.

  • Facebook
  • Meneame
  • TwitThis

hulk

Aún no he podido ver Extraterrestre, de Nacho Vigalondo, intentaré verla este lunes para después contarles qué tal. De momento he oído de todo, con individuos/as diciéndome que ni se me ocurra y otros individuos/as cantándome sus excelencias. Alguno de ustedes/as ha ido a verla?

Dicho esto, en realidad este post va a ser breve (prometo actualizar el martes con lo de Vigalondo y alguna otra cosa interesante… o no) porque con él quiero dar espacio a una anécdota que el otro día me contó un amigote y que creo que ilustra muy bien las coordenadas del país en que vivimos.

La historia empieza con un pase de Luces rojas, la película de Rodrigo Cortes (¿han visto ustedes/as esa?) en una localidad situada en el cinturón industrial de Barcelona. La curiosidad (y motivo de la visita a ese cine en concreto) es que era una de las pocas salas donde la película se proyectaba en versión original.

Así que mi amigo, acompañado de media docena de personas más, todas dispuestas a ver la película en versión original, llegó al cine, compró las entradas y entró en la sala.

Allí solo había una pareja, de treinta y tantos, sentados en la última fila.

Ellos (mi amigo y los suyos) se sentaron en el centro de la sala a esperar a que empezara la película.

Luces rojas arrancó con puntualidad y cuando llevaba aproximadamente cuatro minutos de proyección oyeron unos gritos, una discusión que parece que iba a más: el tipo de atrás se levantó y salió de la platea a toda prisa. Su pareja sacó el móvil y se puso a hablar con alguien a un fuerte volumen.

Mi amigo, entre intrigado y molesto le dijo a ella: “¿qué pasa?, ¿hay algún problema?”.

Ella, apurada, dejo por un momento de hablar por teléfono y dijo:

-“Oye, estos tíos no hablan en español, ¿verdad?” refiriéndose a los actores de la película, que –obviamente- hablaban en inglés.

-“Sí, claro, la película es en versión original” respondió mi amigo.

-“Ah, ¿entonces no es la película que está mal? Es que estaba llamando a mi hermana que vino ayer a verla por si ella sabía por qué no hablaban en español”.

Entonces, cuando más se enrocaba la conversación, entro de nuevo en la sala el tipo que se había marchado. Se posicionó delante de la pantalla y exhortando a todos dijo:

-“¡Vamos!, ¡vamos todos!, ¡vamos!, ¡larguémonos de aquí, esto es una vergüenza”.

A ver que ninguno de los otros espectadores se levantaba les increpó.

-“¿Qué os pasa?, ¡vamos!”.

Mi amigo se levantó y le dijo que no pensaban irse porque habían pagado por ver la película en versión original y que era eso –justamente- lo que estaban haciendo.

El tipo se indigno, dejó de hacer gestos, le dijo a su mujer que fuera tirando y plantado en la puerta de salida y antes de irse gritó:

-“¡¡Estoy hasta los cojones de leer!!”.

T.G.

P.D.: les dejo que hagan ustedes las valoraciones pertinentes…

  • Facebook
  • Meneame
  • TwitThis

A hostia limpia

No, el título de este post no tiene que ver con lo que haría yo con algún radiólogo con bigote y el cerebro del tamaño de un cacahuete (aunque sí, un poco sí) sino con la mejor película de 2011, que siguiendo una tradición muy española, ni se ha estrenado aquí ni se va a estrenar nunca. Así que a uno le quedan dos opciones: 1) comprarse la película en amazon; 2) bajársela. Yo les aconsejo lo primero pero si hacen lo segundo tengan en cuenta que pueden acabar en un sótano oscuro donde un agente sudoroso de pelo en pecho les examinará las cavidades mientras un docena de ratas miran y aplauden. Yo ya les he advertido, después no quiero quejas.

Sí, me estoy yendo del tema.

La película se llama Warrior y cuenta la historia de dos hermanos que se odian entre ellos y a su vez odian a su padre. Ya saben, como cualquier familia que se precie.
El menor, interpretado por Tom Hardy (el señor que va a hacer de Bane en la próxima entrega del Batman de Christopher Nolan) es un tipo grande como el peñón de Gibraltar, uno de esos que te mira de reojo y te rompe la clavícula. Ex-marine y cabezón, es un luchador de primera clase que vuelve a los cuadrilateros por una promesa que no cabe desvelar. El otro, Brendan (interpretado por el increíble Joel Edgerton), es un profesor de química al que no llega la pasta para pagar las facturas. Su única salida es –como su hermano- volver a dar tortas como panes. El uno es un toro bravo y el otro un zorro pero los dos tienen sus motivos para arrancarte la cabeza.

Su padre, ojo al dato, es Nick Nolte. Ese hombre que ha pasado más tiempo en la comisaría que en su casa y que si el mar Mediterraneo fuera de ginebra se lo había bebido media docena de veces. Pero Nolte es un grande, un actor con armadura, un seguro de vida. Y en este papel, el del padre que ha estado ausente, alcohólico en rehabilitación, que seguro tiene mucho que ver con su propia vida, Nolte se crece tanto que la sombra le mide un kilómetro. Te coge el alma y te la parte por la mitad con cada palabra que sale de su boca y en ese tipejo, que ha sido un cerdo que le pegaba a su mujer y que trataba a sus hijos como basura, ves a un ser humano que ha hincado la rodilla. Y el muy cabrón te da pena. Te dan ganas de darle un abrazo a ese bastardo y decirle que todo se arreglará.

Y luego están Hardy y Edgerton. El primero da miedo, pero miedo de verdad. Un señor grande como una casa que camina con la cabeza gacha, como si fuera a embestirte en cualquier momento. Su papel, el del soldado con trauma que huyó de su casa siendo solo un niño, es el núcleo de la película: Hardy lo resuelve a base de músculo, nunca mejor dicho, y demuestra que a este señor hay que seguirle la pista, pero no muy de cerca no sea que se gire y te doble sobre ti mismo como si fueras una carpeta.
Edgerton es un actor tan tan tan bueno, los que no le hayan visto en Animal factory deberían subsanarlo inmediatamente (repito, si se la bajan el señor sudoroso les visitará con su pene-linterna) para tener una base sólida. En Warrior está maravilloso, es un tipo que te enternece (¿quién ha dicho eso?) y te conquista, quieres que todo le vaya bien aunque sabes que es un desgraciado vocacional.

Así es Warrior, una peli centrada en el mundo de las artes marciales mixtas en la que hay muchas hostias (después de verla me tuvieron que poner 40 puntos) pero que no descuida el balance emocional que cualquier filme debería tener. Cuando acaba uno tiene la sensación de haber visto algo real, no una memez donde una señora guapa se enamora de un señor guapo y ríen y lloran… y querrías tener un perro para sentarte en el porche de tu casa con él y verles pasar (a él y a ella) corriendo en llamas. Tampoco es una película de robots del espacio que se transforman en coches y camiones y furgonetas (una cualidad y que te hacen desear ser el dueño de un desguace y convertirlos en chatarra personalmente. Y no, no es una película de vampiros anémicos que no follan ni pagando y de hombres-lobo metrosexuales que dan tanto miedo como un caniche con paperas.

Warrior es de verdad: hay sangre, lágrimas, fracturas (muchas) y gente que lo pasa mal y que trata de sobrevivir como puede. Por eso nunca llegó a nuestro país, es mejor ver mamarrachadas y memeces.

Un peliculón de nueve y medio con banda sonora de The national.

El agente sudoroso está esperando ansiosamente que se la bajen.

Abrazos/as,

T.G.

P.D.: Gracias a ustedes/as por el apoyo. Son ustedes unos/as cabrones/as maravillosos/as.

  • Facebook
  • Meneame
  • TwitThis

¿Y por qué yo?

cancer cell

Ha pasado mucho tiempo, demasiado probablemente. Además dicen que esto de los blogs solo funciona si uno le dedica el tiempo suficiente y la disciplina adecuada. Yo a veces tengo el tiempo pero sin duda me falta la disciplina y me temo que a estas alturas y con mi edad va a ser difícil que tenga un evento tipo Damasquiano (ya saben donde Pablo vio la luz y eso) y me de por actualizar este blog cada tres o cuatro días, que sería lo adecuado.

Sin embargo mi excusa esta vez es tan buena y potente que no veo por qué no puedo compartirla con ustedes: hace siete semanas me comunicaron que mi madre sufría una –muy- agresiva forma de cáncer y que era cuestión de meses que dejara de existir, al menos en este plano material. Si quieren otro día ya discutimos sobre si hay vida después de la muerte y todo ese tipo de cosas pero hoy no me apetece.

La cara que se le queda a uno después de una noticia así se ve acrecentada por los balbuceos del médico de costumbre, que supongo recibe un plus por expresarse con infinidad de eufemismos, tratando –creo- de causar el menor daño posible a los familiares. El problema es que ese estilo engorroso donde la palabra “cáncer” es sustituida por alguno de sus tres mil quinientos sinónimos causa en mi persona un efecto contrario al que se pretendería (entiendo) conseguir: cuando más se empeñan en hablarme como si tuviera 12 años más ganas tengo de ir a por un par de latas de gasolina y un encendedor. A ver si consigo iluminar la literatura del facultativo.

También es verdad que te topas con tipos francamente buenos, gente preocupada, especialistas que saben lo que se hacen… pero al final el resultado es el mismo: a la madre que me parió se le ha activado la cuenta atrás. Los que crean en milagros podrían esperar uno pero –lamentablemente- no es mi caso.

Algunos/as de ustedes/as se preguntarán qué cojones hace un servidor contándoles esto, es más: ¿y a mí que me importa? (se oirá por ahí). Pues miren, la explicación es sencilla, llevo mucho sin escribir, me cuesta. Para escribir cualquier cosa uno necesita cierta tranquilidad (ya no hablo de inspiración, que de eso nunca he tenido) y ahora misma mi cabeza va en una dirección y mis manos en otra y esa división me causa problemas. Como no me conocen, tan solo soy unas siglas tras un blog que se aloja en una web (de coches para más inri, cuando yo no tengo ni carné de conducir) me resulta muy sencillo soltar lastre y compartir con los cuatro vientos esta historia de mierda que estoy seguro de que muchos han vivido, vivieron o vivirán en sus carnes.

Me ha pasado por la cabeza (y la tengo bastante grande así que la circulación allí es notable) cerrar este blog y focalizarme en otras cosas (que las tengo) pero por algún motivo que se escapa a mi comprensión me gusta escribir aquí (negaré haber dicho eso, odiaría que me catalogasen de sentimental), los comentarios son corteses, la gente es educada, puedo escribir de lo que me venga en gana y nadie me dice lo que tengo que hacer. Además el señor Moltó, a pesar de ser uno de los tipos más –deliciosamente- extraños que conozco, siempre me ha tratado con cariño exacerbado y puedo decir que es mi amigo (nunca desde que empecé este blog me ha metido prisa o ha tratado de imponerme su ritmo) así que –definitivamente- voy a seguir aquí, tocando la entrepierna a todos ustedes/as, hijos/as de este blog.

Trataré de no aburrirles, o al menos lo intentaré. Les pediría que me disculparan por el tono lúgubre de este post pero si lo hiciera no sería yo, como con tantas otras cosas o lo toman o lo dejan. Espero que lo tomen pero si no fuera así no les guardaría rencor, o igual sí, rezaría para que pincharan las cuatro ruedas en un bosque de esos que tienen su propio maniaco y acabaran colgando de un gancho en una cabaña roñosa.

Prometo (y esta vez cumpliré) actualizar este blog de nuevo el lunes sin falta. Me he saltado hablarles de muchas cosas pero procuraré ponerles al día en las próximas semanas.

Abrazos/as,

T.G.

P.D.: Cuando el gran pensador y polemista Christopher Hitchens entró en la fase terminal de su cáncer de esófago (que finalmente acabó agarrándole por el pescuezo y llevándoselo a la tumba) escribió esto: “a veces miro al cielo y pregunto al universo, ‘¿y por qué yo?’. Entonces el universo me devuelve la mirada y me contesta: ‘¿y por qué no?”.

  • Facebook
  • Meneame
  • TwitThis

Señores y señoras, hoy se acaba este año de estiercol (con perdón) y empieza otro año que se intuye aún peor (reitero mis disculpas) por el cual, queramos o no, deberemos de pasearnos 365 días.

Más impuestos, más retenciones, más recortes, menos de todo: jódete y baila.

Por eso les ofrezco mi último post del año con las películas que nos alegrarán la vida en 2012 (más les vale) y nos harán olvidar a todos los berzotas, memos y papanatas que han conseguido hundirnos en el fango sin perder la sonrisa. Hacer una colonoscopia a 40 millones de personas sin ni siquiera darnos un beso antes y sin ponerse guantes tiene su mérito amigos y amigas.

Pero dejemos la medicina forzosa (y forzada) para centrarnos en esas películas que llegarán en 2012.

Millenium: David Fincher se pone las botas con la adaptación de la primera novela de la famosa trilogía del desaparecido Stieg Larsson (unas novelas cojonudas, y al que le pique que se rasque). Olvídense del original y disfruten la autopsia fílmica de uno de los mejores directores del momento, con una Rooney Mara absolutamente impresionante. Un peliculón imprescindible.

A cabin in the Woods: lo último de Joss Whedon (inventor de Buffy y Firefly y director de culto) tiene una pinta estupenda: un grupo de jóvenes acaba perdido en una cabaña en medio de ninguna parte donde se les da caza. ¿Les suena? Bueno, pues ahí es justamente donde la cosa adquiere interés. Prepárense porque esta película no la han visto: terror y ciencia-ficción con guión de Drew Godard (Lost, Monstruoso).

El hobbit: ¿hace falta que les dé más explicaciones? Pues eso, la primera parte de la novela de Tolkien. La siguiente en 2013 (si los mayas y el fin del mundo lo permiten).

The dark night rises: la esperadísima última entrega de la saga de Batman (re)inventada por ese geniecillo llamado Christopher Nolan. El trailer anuncia grandes cosas y promete un villano a la altura del Joker (aunque va a ser difícil superar a Heath Ledger, las cosas claras). Esta será sin duda la película que reventará la taquilla del globo: recuerden mis palabras.

Prometheus: se ha hablado tanto de esta película (que al principio fue considerada una precuela de Alien) que ya nadie sabe de qué va el asunto. Michael Fassbender, Noomi Rapace (que fue la primera Lisbeth Salander) y Charlize Theron son algunos de los integrantes de una expedición que busca respuestas al interrogante de interrogantes: ¿cómo nació la humanidad?. Visto el primer trailer, el retorno de Ridley Scott (director de Alien y Blade Runner, ahí es nada) a la ciencia-ficción parece de lo mejor que ha hecho el veterano director en las dos últimas décadas. Veremos.

Titanic 3D: sí señores y señoras. El reestreno de Titanic después de un proceso de conversión a las tres dimensiones que ha durado más de cinco años promete ser un auténtico acontecimiento. Los periodistas que han visto el avance de 18 minutos tuvieron que visitar al dentista porque no podían cerrar la boca. Yo iré a verla, y algo me dice que ustedes/as también. Ya me inventaré una excusa (hagan ustedes/as lo propio aunque un servidor lo tendrá más fácil).

Brave: lo último de Pixar después de esa sonora decepción que fue Cars 2. Esta vez se atreven con la historia de una princesa escocesa y las primeras imágenes ya son mejores que el metraje completo de la mencionada película de coches y cochecitos. Yo conservo intacta mi fe en Pixar, espero que no me fallen. Dos descalabros seguidos sería excesivo.

The divide: busquen el trailer (ya, podría pegarlo yo, pero es el día 31 y aquí estoy escribiendo… de acuerdo, se lo he puesto arriba) y verán que la cosa arranca con la caída de un buen número de bombas nucleares en una ciudad de Estados Unidos. Varios estudiantes consiguen refugiarse en una especie de bunker. Obviamente la pesadilla solo acaba de empezar. Una de mis apuestas para el año que viene.

Sherlock Holmes: ya saben, José Luís Garci está rodando una película sobre Sherlock Holmes. Entre otros aparecerá Gallardón, ex-alcalde de Madrid y ahora en el gobierno, interpretando a Isaac Albéniz.

(hago esta pausa para que puedan reírse)

¿A que sienta bien acabar el año con una risotada?

Abrazos y feliz año a todos y todas, les deseo lo mejor.

T.G.

  • Facebook
  • Meneame
  • TwitThis

¿La mejor película de 2012?

thedescendants

Buenas, esta vez la pausa ha sido breve, no creo que se puedan quejar. Bien, pueden quejarse si lo desean pero no hagan ruido, que luego los vecinos llaman a la Benemerita.

Ya llevo unos días hablando de disparates (reales), memos, mequetrefes, viajes surrealistas y demás. Hoy me apetece hablarles de la mejor película que he visto en mucho tiempo. No me pasa mucho pero de cuando en cuando me meto en un cine, me siento y en cuanto arranca la película en cuestión me olvido de todas las soplapolleces que he estado oyendo a mi alrededor (que les aseguro son muchos, supongo que igual les pasa a ustedes/as) y me dejo llevar.

Me pasa un par de veces al año, a veces una. A veces ninguna. Sin embargo cuando me metí en un cine de Washington –no es por vacilar, estaba allí de viaje- a ver The descendants (Los descendientes, en su versión española) me olí que aquello iba a ser memorable. Solo había visto un trailer (estupendo) y leído algunas de las fabulosas críticas que mis colegas estadounidenses le habían dedicado al filme pero me apetecía muchísimo. Nota: la película se estrena en España en dos o tres semanas, si lo prefieren dejen de leer aquí mismo y retomen el post cuando se estrene el filme, a pesar de que –ya les advierto- que no hago spoilers de ningún tipo.

Lo primero que quiero decir es que me confieso fan de Alexander Payne. Me encantó Election, me chifló Entre copas, me dejó bastante igual a Propósito de Smith pero le reconozco sus notables méritos. En fin, que siete años después (si que le cuesta a este tío hacer una película, me recuerda a mi mismo a la hora de hacer un post; putos vagos) ya tocaba volver a ver algo del señor Payne y como era previsible el resultado es maravilloso.

Los descendientes está rodada en Hawai y parte de su mérito reside en mostrar esa parte del paraíso que nunca vemos en las películas: los callejones, las vallas de chatarra, los árboles sin podar, los jardines sin plantas. No todo van a ser playas de arena fina y aguas cristalinas pero hasta ahora había sido difícil ver algo que no fuera ese bellezón llamado Honolulu. A Payne le importa bien poco todo ese mundillo de surferos y tías buenas ni siquiera como fondo de la historia que le apetece contar. Lo que al director le tira es la historia de un pavo que no sabe que es un perdedor (aunque no lo parezca) ni siquiera cuando está clarísimo que está perdiendo.

No cabe aquí revelar alguno de los giros del filme (en realidad solo hay uno realmente importante) pero tengan claro que si leen algún artículo, pieza, crítica o perfil relacionado de cualquier manera con la película éste [giro] será revelado sin dilación: somos así de gilipollas. Por eso para disfrutar de Los descendientes es necesario caer en la desinformación más absoluta: no lean nada, desconecten el teléfono, apaguen la tele, arranquen el ADSL. No quieran saber nada de nada.

Solo tengan en cuenta que el protagonista es un memorable George Clooney (si le dan otro Oscar nadie va a ponerse las manos en la cabeza) en el papel de un señor que ve como su vida da un vuelco cuando su mujer tiene un accidente y queda en coma (no, ese no es el giro). Sus hijas no le entienden y él no las entiende a ellas; la pequeña es más lista que él y la mayor es una adolescente salvaje con (aparentemente) poco interés en la vida de su progenitor.

Todo se mezcla y luego se pasa por el colador de Payne hasta cristalizar en una preciosa comedia sin tropezones, un drama liquido con sonrisa final lleno de humor de altos vuelos que no necesita de gags ni redoble de tambores. Recuerdo que cuando salí del cine dije “joder, qué bonita”. Les aseguró que yo nunca soy tan ñoño, y de hecho, si alguien me dijera “la película X es bonita” no iría a verla ni con delirium tremens. Sin embargo Los descendientes encaja perfectamente en esa categoría en la cual tienes que meter los adjetivos en un cajón y recurrir a la simplicidad.

Luego si quieren podemos hablar de la banda sonora (qué gusto, señores y señoras), de la fotografía, de los diálogos o del perfecto reparto, pero de momento déjenme que me quedé con ese concepto del que les hablaba hace un rato y es el que espero que perdure en ustedes/as y les lleve hasta las salas de costumbre:

Joder, qué bonita.

T.G.

P.D.: ya sé que es difícil pero si tienen ustedes/as la oportunidad no dejen de ver Los descendientes en versión original.

  • Facebook
  • Meneame
  • TwitThis

Entradas anteriores »