Tal y como ya dejé entrever en alguna ocasión anterior, mi interés por acabar de conocer los límites de consumo de este interesante (y además discreto) vehículo que es el Toledo/Rapid, me llevó hace ya unos meses a buscar por el lado de Skoda, ya que en Seat el Ecomotive sigue estando inaccesible. Y algo hemos conseguido; en particular, porque en la firma checa se toman algo más en serio que Seat lo de las variantes “económicas”, quizás porque se ciñen a su denominación de marca práctica, económica y “Simply clever”, mientras que en Seat también lo hacen con la suya de mediterránea, deportiva y de diseño vistoso. Son enfoques complementarios, pero difíciles de justificar en el caso de un modelo con una filosofía tan marcada como la del modelo en cuestión; tiene que ser o lo uno o lo otro, y este coche encaja mejor en el de Skoda.

Claro que en Skoda se van haciendo más y más ambiciosos (por supuesto que con el beneplácito de las altas esferas del Grupo VAG), y a sus Citigo, Fabia, Yeti, Roomster y Octavia hace tiempo que añadieron las versiones RS de Fabia y Octavia; y aunque sólo como escaparate estético, el año pasado ya presentaron un concept denominado Rapid Sport. Era puro maquillaje, con llantas de 19”, aletines, frontal retocado y asientos Recaro, pero no deja de ser un nuevo indicio de que la firma checa no se conforma con su imagen de marca práctica y económica, sino que aspira a un mayor protagonismo en el terreno deportivo. Como también lo demuestran sus Fabia en el Mundial de Rallyes, que le prepararon el terreno al VW Polo de Ogier, que acaba de arrasar en el Campeonato del pasado año.

Pero volvamos a nuestros Toledo/Rapid, que son los que aquí nos interesan básicamente. Y comprobaremos que en Skoda tienen dos escalones de versiones económicas: Green-tec (objeto de esta prueba) y Green Line, que es el “pata negra”, y que ya me han prometido que está en camino. O sea que la historia no se acaba aquí; sino que, al menos, tiene todavía un nuevo capítulo. Y quien sabe si dos, si finalmente Seat se lía la manta a la cabeza y decide sacarse de la chistera un conejo en forma de auténtico Toledo Ecomotive con su llanta 15” (sería de esperar) y sus neumáticos de baja resistencia a la rodadura.

Skoda Rapid. Prueba de consumo

Aviso para navegantes (léase Seat): aunque no pasa de ser un concept, este Rapid Sport,
presentado (aquí en dibujo) en la reunión del pasado Mayo en Worthersee,
ya indica la intención de Skoda de pisar el terreno de Seat en cuanto a deportividad.

No obstante, volvamos a la realidad, y estudiemos cómo se escalona la gama Rapid, en los motores turbodiésel. Por supuesto que dispone de las dos versiones del 1.6-TDI (generación antigua): la de 105 CV a 4.400 rpm (en el coche de esta prueba) y la de 90 CV a 4.200 rpm (para el Green Line). El Green-tec sería equivalente al primer Toledo que probamos; e incluso el de esta prueba llevaba exactamente los mismos neumáticos, en la medida 215/45-16, que aquel Toledo: unos Dunlop SP SportMaxx. Pero además ya dispone de sistema Stop/Start y alternador inteligente, como se supone llevan los Ecomotive que Seat tiene en oferta en su listado de precios. Es decir que, calzados ambos con esta rueda de 16”, el Green-tec viene a equivaler al Toledo Ecomotive; aunque para ambos la primera monta teórica es la goma 185/60-15, que además se supone es de baja resistencia a la rodadura.

Skoda Rapid. Prueba de consumo

De no saberlo previamente, el aspecto del Rapid no delata que se trate de un producto “low cost”,
sino que parece (y lo es) un segmento C de dos volúmenes y medio de pleno derecho.

Pero sigamos investigando: estos dos coches tienen una homologación de 5,6/3,7/4,4 l/100 km y 114 gramos de CO2; cifras que corresponden a la variante original, sin los aditamentos del Stop/Start y el alternador inteligente. Ahora bien, en el texto del dossier, aunque no se hace referencia a consumos, sí que se puntualiza que el Green-tec, gracias a esas dos mejoras, rebaja sus emisiones a 104 gramos; nada menos que 10 gramos de mejora, en ambos casos con las ruedas de 15”. Pero la información es muy honrada, porque al menos para el Permiso de Circulación y la Ficha de Características Técnicas, estas emisiones suben a 106 gramos, debido al influjo de llevar la opción de llanta 16”; todo un detalle. Cómo se reparte esta mejora entre los consumos urbano y extraurbano es algo que no he conseguido encontrar en parte alguna.

Del mismo modo que para el Rapid se mantiene el peso original que teníamos en el primer Toledo de 105 CV, con 1.180 kilos (1.179, para ser exactos), mientras que para el Seat, y además de 90 CV, parece haber subido a 1.190 kilos. Nunca se acaba de saber si estas diferencias son reales o es que se van copiando de unos datos a otros, mezclando a veces equipamientos opcionales. Pero en el fondo, el coche es el que es, y estas diferencias no modifican en absoluto los resultados, que es lo que aquí nos interesa. De modo que la ficha técnica de nuestro Green-tec de pruebas es la siguiente:

Skoda Rapid Green-tec 1.6-TDI 105 CV:

Motor: 1.598 cc; 105 CV a 4.400 rpm; 25,5 m.kg de 1.500 a 2.500 rpm.

Transmisión: Caja de cinco marchas, con 52,7 km/h a 1.000 rpm en 5ª.

Neumáticos: 215/45-16.

Cotas: (longitud/anchura/altura): 4,48/1,71/1,46 metros.

Peso (sin conductor, con depósito lleno): 1.179 kg.

Velocidad máxima: 190 km/h.

Consumo extra-urbano: 3,7(?) l/100 km.

Emisión ponderada de CO2: 106 g/km.

 

Skoda Rapid. Prueba de consumo

La combinación del bien disimulado portón trasero y de un maletero de 550 litros son
el punto fuerte, junto a la economía de consumo, del tándem Rapid/Toledo.

En cuanto al Green Line, éste con el motor de 90 CV, está homologado para 99 gramos (no hay consumos), lo que supone 5 gramos menos que el Green-tec ya con llanta de 15”; por lo tanto, o el mérito es del motor de 90 CV (en Seat nos ocurrió al revés, al menos sobre nuestro circuito), o bien es que el Green Line dispone de alguna mejora aerodinámica no especificada. Si es posible, ya intentaremos deslindar esto cuando llegue el momento de probarlo. Pero ahora vamos a centrarnos en la prueba del Rapid Green-tec con motor de 105 CV, llanta 16”, Stop-Start y alternador inteligente. Prueba que, excepcionalmente, se ha llevado a cabo en tres recorridos consecutivos (martes, sábado y domingo de una misma semana), debido a circunstancias climatológicas que iremos explicando paso a paso.

Pero, para saber de qué hablamos, vayan por delante los resultados de las tres pruebas, y por orden cronológico:

Rapid Green-tec 105 CV (1ª): Consumo: 5,26 l/100 km. Promedio: 104,3 km/h.

 

Rapid Green-tec 105 CV (2ª): Consumo: 5,28 l/100 km. Promedio: 106,9 km/h.

 

Rapid Green-tec 105 CV (3ª): Consumo: 5,18 l/100 km. Promedio: 106,5 km/h.

Skoda Rapid. Prueba de consumo

Como ya se ha dicho alguna vez, la similitud estética con un Audi 4
de generaciones anteriores salta a la vista.

El primer recorrido coincidió con la madrugada más fría del invierno (martes 10 de Diciembre), al menos en la zona Centro/Sudoeste respecto a Madrid; prácticamente todo el recorrido estuvo por debajo de -5ºC, y hubo un par de puntas a -7,5ºC. Nos sirvió para verificar que, como en el Toledo, la amortiguación es tirando a blanda, que el motor tira bien desde 1.400 rpm para arriba, y que la calefacción ya estaba al límite: daba igual seleccionar 22ºC que 29ºC (máximo antes de irse a “High” y dispararse el ventilador); porque si bien el termómetro de agua estaba clavado en los habituales 90ºC, el termostato debía ir tan cerrado que no dejaba suficiente flujo como para calentar debidamente el habitáculo. Es decir, que debíamos de ir refrigerando el motor casi exclusivamente con el pequeño radiador del climatizador; y el grande frontal, de vacaciones.

Pero aparte de ese frío que pelaba, tuvimos un día con el tráfico habitual, es decir, muy poco, y con piso seco. Aunque también con múltiples placas de escarcha que, por suerte, estaban localizadas en las zonas que ya me conozco, las que incluso a mediodía quedan en sombrío y en las que el asfalto está particularmente frío. Unas cosas con otras, el tren delantero ya me envío tres o cuatro avisos, en esas placas de color oscuro y no las blanquecinas que ya se ven a suficiente distancia; de modo que hubo que adaptar el ritmo de marcha a lo que la más elemental prudencia exigía. Así que al circular algo más lento en buena parte de la zona de más curvas, también era preciso reducir de marcha algo más de lo habitual, y reacelerar luego también durante más tiempo, para recuperar el ritmo de crucero.

Skoda Rapid. Prueba de consumo

Una de las “inteligentes astucias” de las que presume el Rapid: en la tapa de repostaje hay
un hueco que aloja al rascador de hielo y nieve para limpiar los cristales.

Con eso y con todo, el consumo ofreció un resultado magnífico: 5,26 l/100 km; que para un coche de casi cuatro metros y medio de largo, es una cifra de mucho respeto. Pero el tiempo empleado (4h 50m) también resultó demasiado largo, al menos teniendo en cuenta que el piso estaba seco en general, y que el tráfico no había frenado el ritmo de marcha. De modo que, para intentar sacar una conclusión más válida, dejé pasar cuatro días, mientras la ola de frío iba disminuyendo, y volví a salir el sábado: también muy buen tráfico, y temperatura ya mucho más razonable, que no bajó nunca de -0,5ºC.

Pero lo que son las cosas, esta temperatura mas “primaveral” se combinó con varios tramos de niebla ligera y bastante neblina, además de con un pavimento húmedo en casi todo el recorrido, e incluso ligeramente mojado en algunos tramos. Pero para compensar lo de la prueba anterior, sin duda me animé para no ir tan despacio, y pese a la neblina y la humedad (pero sin escarcha) salió un tiempo de 4h 43m, siete minutos más rápido; al poder rodar de forma más fluida, el consumo apenas subió, puesto que se quedó en 5,28 l/100 km. No obstante, seguía sin haber sido un día representativo, en particular para cotejar el consumo frente a los Toledo, que habían gozado de circunstancias especialmente buenas en sus recorridos.

Skoda Rapid. Prueba de consumo

El frontal del Rapid difiere ligeramente del Toledo, y aquí podría estar
la razón de una mínima diferencia aerodinámica.

Así que, tras recurrir a la página de la Agencia Meteorológica, me arriesgué a una tercera salida y ¡bingo!, esta vez todo resultó, si no perfecto, de normal para arriba: ni viento ni niebla, tráfico casi nulo, pavimento seco y una temperatura que nunca bajo de -2,5ºC; lo suficiente para no temer sorpresas desagradables. Rodando con más tranquilidad en el paso por curva, pero a un ritmo más fluido y constante, aumenté un minuto el tiempo anterior (4h 44m), mientras que el consumo se cifró en 5,18 l/100 km, que consideré totalmente representativo y válido para comparar con el resultado de los Toledo. Éstos, también equipados con llanta 16”, y cuyos datos paso a recordar a continuación: el de 105 CV consumió 5,08 l/100 km, tardando 4h 44m, y el de 90 CV subió a 5,16 y 4h 45m. Como se verá, y descontando el día de las placas de escarcha, el ritmo de marcha siempre ha estado en un pañuelo, dentro de una horquilla de dos minutos.

Y antes de comentar en relación con estos cinco datos de consumo, un par de apuntes relativos al combustible, ya que no a su consumo. En el caso del Rapid protagonista de la prueba de hoy, el ordenador de consumo medio demostró una vez más una precisión encomiable. En la primera pasada marcó 5,2 para 5,26 reales; en la segunda, ya subió a 5,3 para 5,28 reales (se ve que estaba justo en la frontera de las décimas), y en la tercera, bajó a 5,1 para 5,18 según el surtidor. En cuanto a los Toledo, del de 105 CV no apunté la referencia; el de 90 CV marcó 5,2 para 5,16 en el repostaje. De disponer de centésimas, da la impresión de que el ordenador no se hubiese separado más de cinco centésimas del resultado verificado en los llenados; resulta reconfortante, tanto para la fidelidad del ordenador, como de la precisión de los repostajes.

Skoda Rapid. Prueba de consumo

La presentación interior es más que correcta, con un ajuste perfecto de sus elementos
y materiales muy dignos, propios del grupo VAG.

Y el otro detalle es el del llenado; curiosamente, estos coches han vuelto a lo del botoncito en la boca de llenado para expulsar el aire de la cámara de expansión. Si mal no recuerdo, años atrás el grupo VAG no lo montaba más que en los coches de gasolina, y no en los de gasóleo, que se podían llenar con esos 12 a 14 litros suplementarios simplemente a base de paciencia. Pero en los Rapid/Toledo, a partir del momento en que la pistola se dispara, con mucha paciencia se pueden meter casi exactamente dos litros (y han sido seis llenados, así que tengo una buena referencia), y cuando ya por las buenas no entra ni una gota más, apretando el dichoso botoncito entran exactamente 7,7 litros más. Es decir, en total, casi 10 litros desde que el sistema automático dice “basta”; un poco menos que en las anteriores generaciones; pero aún así y todo, con tanta prudencia te están quitando casi 200 km de autonomía. Prudencia que se justifica casi exclusivamente si se va a dejar el coche a pleno sol nada más repostarlo a tope, sin haber consumido nada de carburante. En fin, no es más que una anécdota, y cada cual sabrá -en función del viaje que esté haciendo, o de si encierra el coche en garaje o no- cómo debe actuar.

Skoda Rapid. Prueba de consumo

El perfil del Rapid, aparte de suave y discreto, es la razón de la excelente aerodinámica,
que a su vez permite consumos excepcionales.

Ahora llega el momento de intentar sacar algunas conclusiones. La primera, que me parece muy evidente, es que este Rapid/Toledo, con el motor 1.6-TDI en cualquiera de sus dos variantes, es un coche excepcionalmente frugal; y siempre con sólo cinco marchas y los mismos desarrollos de transmisión. La segunda, que la constancia en manifestar semejante frugalidad es encomiable; de cinco pruebas, la horquilla de dispersión no pasa de 0,2 l/100 km, y eso en circunstancias de lo más variable, como ya se ha explicado. Y descontando el caso del Toledo de 105 CV, en circunstancias sin duda excepcionalmente favorables, las otras cuatro pruebas se concentran en sólo 0,12 l/100 km. Respecto al promedio conseguido y tiempo empleado, ya hemos comentado antes: cuatro de las pruebas (las más representativas por condiciones climatológicas), están entre 4h 43m y 4h 45 m, con dos de ellas en pleno centro (4h 44m). Incluso la de condiciones más anómalas, aunque se tardase más, el consumo sigue estando dentro de la horquilla; si se intenta mantener el mismo ritmo de marcha, y aunque no se acabe de conseguir, el consumo es casi idéntico.

Skoda Rapid. Prueba de consumo

La comunicación entre maletero y habitáculo, aunque el respaldo en secciones 60/40 no llegue
a abatir hasta la horizontal, complementa la capacidad del maletero. Además, hay un hueco
para cargas largas (tablas de ski) en la zona central del respaldo, sin necesidad de abatirlo.

Queda por analizar un asunto más espinoso: ¿son absolutamente iguales el Toledo y el Rapid? En principio habría que decir que sí, dada la mínima dispersión; no obstante, vemos que ambos Toledo (90 y 105 CV) han consumido un soplo menos que el Rapid 105, éste en tres ocasiones. La media de ambos Toledo es de 5,12 l/100 km, y la del Rapid, de 5,24; es decir, un poco más de una décima en contra del coche checo, con idénticos neumáticos y además con alternador inteligente que, poco o mucho, algo debería economizar en el tramo de prueba que se hace de noche, con los faros encendidos. De haber alguna diferencia, y que la dispersión no se deba a imponderables, sólo podría achacarse a una también mínima diferencia de aerodinámica. Y puesto que siempre se anuncia la misma altura (luego no hay suspensión “sport” rebajada), la única diferencia apreciable es el diseño del frontal.

Skoda Rapid. Prueba de consumo

Aunque en esta radiografía el motor sea un TSI, se aprecia perfectamente la sencillez
de la implantación mecánica, así como el sofisticado diseño del depósito de 55 litros nominales
(casi 10 más, en la práctica); la autonomía es para aburrir.

En efecto, aunque la estampación de chapa del capó y de las aletas es la misma, y también la forma de la parrilla superior y el perfil externo del faldón delantero son idénticos, la toma de aire inferior es aparentemente un poco más grande en el Rapid, pues llega hasta los antinieblas. Pero sobre todo, las rejillas de estética y protección sí que son claramente distintas: en el Seat es un diseño muy fino en panal de abeja, mientras que el Skoda lleva sus típicas aletas en forma de la estela que abre la proa de un barco, y que tal vez (sólo tal vez) puedan ofrecer una mayor resistencia al aire, justificando unas centésimas de diferencia de consumo, a absoluta igualdad de condiciones.

Skoda Rapid. Prueba de consumo
El diseño de la zaga disimula a la perfección que se trata de una carrocería con portón
o quinta puerta, y no de una berlina del actual estilo de moda, con perfil prácticamente de coupé.

Pero esto ya es como hablar del sexo de los ángeles. Lo único fijo es que, con la salvedad de los BMW Efficient Dynamics (116d y 320d) y del VW Passat Blue Motion, estos hermanos gemelos son los únicos coches que no sean de segmento B en consumir siempre por debajo de 5,30 l/100 km (el Civic 1.6 consumió exactamente eso, 5,30). Y con el mérito de no estar optimizados, puesto que el alternador inteligente no puede ya considerarse como tal mejora, pues empieza a ser moneda corriente en gran cantidad de coches. Sólo nos queda esperar a que llegue el tan esperado Rapid Green Line (y quien sabe si alguna vez el Toledo Ecomotive) para saber hasta donde puede llegar este coche. Pero, está claro que con lo que ya ha conseguido, es más que suficiente para considerarlo como una opción a tener muy en cuenta para quien cubra un buen kilometraje anual por carretera, y le guste, o necesite, viajar en un coche con buena amplitud y maletero de gran capacidad; añadiendo esta exigencia, es pura y simplemente imbatible.

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