En este período de tiempo semivacacional he ido manteniendo al día, mal que bien, la periodicidad de las entradas del blog, sin dedicar apenas atención a seguir las evoluciones de los comentarios. Y cuando lo he hecho, me he centrado en las entradas de temas genéricos, que suelen dar lugar a coloquios por lo general algo más convulsos que las pruebas. Así que le eché una mirada a los “cinco minutos críticos”, vi que había mucha normalidad y poco o nada que aportar; pasé luego a “NVH”, donde sí que añadí algo al post inicial, y finalmente, revisé el “Cambio de rumbo”, donde tampoco encontré motivo alguno para intervenir, pues los comunicantes lo estaban diciendo todo, o casi todo. Así que, llegado el momento de poner negro sobre blanco la tercera prueba de un SUV, pensé que sería interesante pulsar la opinión que habían merecido las dos anteriores, para ver por dónde enfocar la tercera. Y cual no sería sorpresa al encontrarme con los 103 comentarios a la del Honda CR-V; cifra que se me había pasado por alto.

Pero no es sólo eso; tal y como ya señalan en sus propios comentarios varios de los participantes, el nivel de las intervenciones, la riqueza de las aportaciones y el “contraste de pareceres” rayaba a una altura de las mejores que ha habido nunca en este blog; y las ha habido muy buenas, de lo cual estoy muy orgulloso. Este intercambio de ideas y opiniones, convenzan o no a los que argumentan lo contrario, es lo que contribuye a enriquecer nuestro común conocimiento del mundo del automóvil, y de los placeres (que todavía siguen quedando, aunque cada vez menos) de su conducción. Varios de los comentarios los considero dignos de enmarcar, pero no voy a citar aquí a sus autores, no vaya a ser que alguien los etiquete a partir de ahora de “aduladores plañideros”; pero sobre esto, algo más al final del todo.

Toyota RAV-4

Por estos andurriales, éste seguro que va a por setas.

Así que, como llego muy tarde para participar en un coloquio que ya está “muerto”, voy a aprovechar esta prueba para hacer algunos comentarios de mi cosecha a varios de los “topics” que en él se tocaron. Por otra parte, después de las dos anteriores, esta prueba se iba a quedar un tanto corta, ya que su contenido es poco más que un “suma y divide por dos” de las anteriores, puesto que tanto el comportamiento como el consumo de este Toyota RAV-4 vienen a estar en un término medio entre el CR-V de Honda y el Outlander de Mitsubishi. De modo que vamos a dar un repaso a lo que más me ha llamado la atención entre los comentarios a la prueba del CR-V; los cuales fueron tan intensos que, como se puede comprobar, dejaron casi exhaustos a los habituales y no tan habituales socios de estos coloquios, de modo que la prueba del Outlander se ha quedado la pobre casi en blanco.

Dentro de un coloquio que básicamente ha sido modélico, quisiera resaltar un par de aspectos muy concretos; la “carrerita” entre el X-5 y la moto no pasa de anecdótica, y la sangre no llegó al río, ni mucho menos. Al fin y al cabo, ni sabemos de qué moto se trataba, ni por qué tipo de vía iban, ni cuánto duró el jueguecito ni qué velocidades alcanzaron (y más vale ni saberlo). Así que vamos a temas con un poco más de enjundia.

Un aspecto que sí me resulta preocupante es que algunos de los que, con pleno derecho, defienden la utilización del SUV, parecen considerarse agraviados por algunas de mis afirmaciones y las de bastantes otros participantes en el coloquio. Quizás no nos hemos expresado bien; pero nunca se ha dicho, ni en la entrada ni en los comentarios, que TODOS los conductores/as de SUV actúen de una manera concreta y casi clónica. Hay que distinguir entre que la mera observación parezca descubrir un porcentaje superior a la media de cierto tipo de actuaciones, y que automáticamente ese comportamiento se achaque a la totalidad de usuarios de ese tipo de vehículo. Pero tampoco nos nieguen el derecho a observar, calcular, y sacar conclusiones. Me parece muy acertada la postura de “Valmhö”: es consciente de que su Seat FR tiene un perfil, para buena parte del resto de usuarios, de coche que lleva al volante un conductor de tipología muy concreta; y carga con ello, porque le compensa utilizar el coche que le gusta, al margen de que en eso coincida con gente que nada tiene que ver con él.

Toyota RAV-4

El tren posterior todavía no ha entrado; sólo levanta barro el delantero.

Lo que ya es mucho pedir es lo que pregunta “L.A.”: ¿de dónde sacan esas estadísticas? Hombre, permítanos, como acabo de decir, observar y sacar conclusiones; y para eso no hace falta montar una encuesta. Tras de años y años de circular por las calles, todos tenemos una idea bastante aproximada del porcentaje de SUV que vemos por ellas; y no hace falta ser un lince para darse cuenta de que, a la entrada y salida de los colegios privados (y tanto más cuanto mas exclusivos sean) hay un porcentaje de SUV muy superior al promedio antes citado; y cuanto más exclusivo el colegio, más SUV “alto de gama” nos encontramos (cosa lógica). Del mismo modo que, para los que estamos de modo habitual en el asfalto de la carretera, no nos cabe duda alguna de que el crucero promedio de los SUV es más elevado que el de los monovolumen, y así se anda con el de los turismos de tipo medio para arriba (porque van más rápido que los segmento B, sin duda alguna). Y luego viene el divertido juego de suponer por qué van así, cuando es evidente que, te pongas como te pongas, su consumo es claramente superior al de una berlina, familiar o monovolumen con un motor de similar potencia; y no digamos si la transmisión es 4×4. Pero esto ya entra en la sociología.

En cuanto a los motivos para comprárselo, creo que casi todos, por no decir todos, partimos de una base: cada cual se compra lo que le da la gana, si puede pagárselo. Pero para justificarlo volvemos a entrar en el tema de los porcentajes: ¿cuánta gente tiene un chalet con un camino de tierra en no muy buen estado? ¿cuánta gente va al monte/campo a pasear o a por setas, y no se conforma con dejar el vehículo en el último lugar hasta donde puede llegar un turismo, y desplazarse luego a pie? Son muy dueños; pero según vamos aumentando el porcentaje de dificultad, de querer llegar con el vehículo cada vez más lejos y andar menos, vamos pasando del turismo al SUV ligero, luego al más grande, luego al todo-terreno, y para los que están dispuestos a llegar a la cresta del monte en cuatro ruedas, podemos ir hasta el Unimog. Y luego está el porcentaje de utilización: si a alguien le compensa tener un SUV para ir al campo sólo cuatro veces al año, santo y bueno. Pero no nos nieguen que muchos SUV se compran para luego no salir prácticamente nunca del asfalto; en cuyo caso, sus ventajas respecto al monovolumen ya son muy discutibles. Pero no entremos en ello ahora.

Lo que sí sé, porque me lo comentó gente de Jeep cuando recorrí el Rubicon Trail, es que gran parte de los productos que vende Jeep en los propios USA apenas si salen del asfalto; y bastantes, ni poco, ni mucho ni nada. Así que los auténticos y genuinos usuarios de SUV no tienen por qué sentirse ofendidos porque otros usuarios hayan concluido que esto es así; o porque, también por observación directa, hayan detectado que estos vehículos son conducidos en carretera de un modo estadísticamente más agresivo que los turismos. Nada tiene de particular; si las mujeres (y algunos hombres) los prefieren en ciudad porque “imponen” más, es más que probable que también se hagan la misma composición de lugar en carretera.

El otro aspecto que me ha sorprendido es la importancia que bastantes comentaristas le conceden a un aspecto de la comodidad que, francamente, hasta ahora se me había escapado. Comprendo perfectamente que para instalar una sillita infantil, y luego insertar al crío en la misma y ponerle el arnés, es más cómodo un vehículo alto, tipo SUV o MPV. Lo que ya comprendo menos es la argumentación de “JotaEme” respecto a que así hay espacio para llevar unos enormes butacones que, por lo visto, él y otros consideran más cómodos. Personalmente, voy más a gusto y descansado en un buen asiento Recaro que perdido en la inmensidad de un butacón que no me sujeta de lado. No digo que prefiera un “bucket” de competición, duro como una piedra; y quizás esta es la venganza de “JotaEme”, para compensar los tiempos en los que fue sentado en uno de ellos. Por otra parte, yo no siento la menor claustrofobia en un coche pequeño: tiempo atrás, he conducido tan a gusto tanto el Opel Tigra original como el Ford Puma o el Audi TT de primera serie, coches odiados por los claustrófobos; pero comprendo que haya a quien le agobien. Pues nada, ahí están los SUV y los MPV.

Toyota RAV-4

¡Qué bien se derrapa sin árboles ni cunetas a un metro de distancia!

Ahora bien, lo que me ha extrañado, y reconozco que es falta de perspectiva por mi parte, es que haya quien valora mucho esa amplitud simplemente para las maniobras de entrar y salir, sin que haya niños de por medio; incluso alguno agradece la facilidad para colgar el portatrajes del ganchito del agarrador superior trasero. Y ahora empiezo a relacionar esto con el interés por llegar con el SUV hasta casi debajo del árbol donde crecen las setas, en vez de darse un buen paseo, cestita y navaja en mano. Claro que, desde que Javier Moltó empezó con su campaña de que se siente envejecer porque ha contorneado el cabo del medio siglo, debería haber empezado a sospechar algo.

De todos modos, como coincido con Javier con bastante frecuencia, les diré que exagera, para que le tengan un poco de penita; porque en cuanto tiene oportunidad se va a esquiar, y en las presentaciones se mete, cinta métrica en mano, en los más recónditos rincones de un coche para medir habitabilidad y maletero. Mira por dónde, esto es algo que dejé de hacer hace muchos años, desde que en Motorpress se montó el Centro Técnico, y los muchachos del mismo se encargaron de esos menesteres. Pero aunque de lo del cabo del medio siglo ya no me acuerdo (porque lo que tengo más próximo son los tres cuartos del mismo), sigo entrando y saliendo de un Porsche, e incluso de un Lotus, sin el menor problema; y quizás esto me hace perder la perspectiva, como ya he dicho. Pero permítanme insistir: aparquen el SUV un poco más monte abajo, y péguense un buen paseo hasta el “cazadero” de las setas; es más sano, y luego saben mejor, al recompensar el esfuerzo.

Lo que ya me parece el colmo para justificar la compra de un SUV es el argumento de 28 Antonio: para no pegar con los bajos o los voladizos en las rampas de un garaje o un parking. Hombre, que me diga que los hay, de unos y otros, en los que con un vehículo de batalla larga, ancho y largo, hay curvas donde casi no se cabe, o hay que hacer maniobra, lo comparto. Pero si en mi casa me ponen una “trialera” a la salida del garaje, monto un cisco en una reunión urgente de vecinos y no paro hasta que, con pico, pala y paleta, eso queda solucionado. Una curva es un problema gordo, porque hay columnas y muros; pero que unos pocos grados de ángulo en una rampa, que se modifican en media mañana, me hagan tener que cambiar de tipo de coche, me parece rendirse con demasiada facilidad ante el problema. Salvo que el SUV ya me caiga simpático de entrada, en cuyo caso no hay nada que objetar.

Toyota RAV-4

El barro blando y una pequeña cuesta arriba (que aquí no la hay)
pueden ser una trampa con estos neumáticos mixtos.

Y llega ya el momento de prestarle atención al protagonista de esta entrada: el Toyota RAV-4 150D 4×4 en acabado Advance; he aquí su ficha:

Toyota RAV-4 150D 4wd:

Motor: 2.231 cc; 150 CV a 3.600 rpm; 34,7 m.kg de 2.000 a 2.800 rpm. 

Transmisión: Total, trasera por embrague; caja de seis marchas, con 52,2 km/h a 1.000 rpm en 6ª. 

Neumáticos: 235/55-18 (Bridgestone Dueler H/T 687). 

Cotas (longitud/anchura/altura): 4,57/1,84/1,66 metros. 

Peso (sin conductor, con depósito lleno): 1.680 kg. 

Velocidad máxima: 190 km/h. 

Consumo extra-urbano: 5,0 l/100 km. 

Emisión ponderada de CO2: 149 g/km.

Este motor es el más suave, en cuanto a curva de par, de los tres que de momento hemos presentado, todos del mismo cubicaje; tiene un mkg menos que el del CR-V, pero a cambio aguanta con más par según sube el régimen, ya que su potencia máxima (los mismos 150 CV para todos) la consigue a 400 rpm menos que el Honda. Y también es el que extiende más la meseta de par máximo constante, que llega hasta 2.800 rpm, y todavía tiene 29,8 mkg al régimen de potencia máxima. O sea, que es un motor que empieza relativamente suave a bajo régimen, para irse haciendo más y más fuerte, comparativamente, a medida que aumentan las vueltas.

Toyota RAV-4

Presentación discreta, y muchos mandos en y bajo el volante (a no usar circulando en todo-terreno).

Como en sus rivales, el bloque-motor es de aluminio; además lleva inyectores piezoeléctricos, dos ejes de equilibrado, y las bombas de agua y aceite van en la tapa de la distribución, para mayor accesibilidad. En cuanto a tamaño y peso, todos están en un pañuelo; lo mismo que por lo que respecta a suspensiones (McPherson delante y multibrazo atrás), y capacidad del maletero. Y también todos han cambiado hace poco de generación, que en el caso del RAV-4 es ya la cuarta. En cuanto al perfil de la carrocería, también es muy similar, forzado por su condición de SUV; por lo que respecta a la estética concreta de las soluciones (cromados, grupos ópticos, molduras) que cada cual lo enjuicie como mejor le parezca. En lo que sí se ha ganado algo, y esto es interesante para quienes se metan por malos caminos, es el la altura libre al suelo: 187 mm, casi idéntica a los 190 mm del Outlander, y claramente ambos por encima de los 165 mm del CR-V, que es el más “turístico” de los tres.

Toyota RAV-4

En un turbodiésel con potencia máxima a 3.600 rpm, la línea roja a 4.900 parece casi un despropósito.

En cuanto a la transmisión, más de lo mismo ya conocido; o si se prefiere, “variaciones sobre un tema”, como en ciertas composiciones musicales. Porque la base está en que, con el selector puesto en Normal, el reparto de par es prácticamente 100/0%; y cuando el tren delantero empieza a deslizar, va pasando más y más par atrás, en plan reactivo. Con el selector en Lock, hasta 40 km/h, el diferencial central se bloquea, y el reparto es 50/50% fijo. Y el detalle está en la posición Sport, en la que para evitar el deslizamiento de morro y el subviraje, se parte ya de un reparto 90/10%, que es el que, como en el caso del Outlander, utilizamos en los tramos más sinuosos del recorrido.

Toyota RAV-4

Con esta altura de carrocería, la accesibilidad, en especial a las plazas traseras, parece ser muy buena.

Respecto a la aerodinámica, más y más sorpresas: si el Honda presumía de haber mejorado el Cx en un 6,5%, pero sin concretar el valor absoluto, el Outlander ya se atrevía a dar un sorprendente 0,33. Pero eso no es nada comparado con el 0,314 que pone sobre el tapete el RAV-4. Sobre este asunto ya no sabe uno qué decir, salvo que los diseñadores de SUV deben ser mucho mejores aerodinamistas que los de las berlinas, puesto que si con su perfil y esos neumáticos tan anchos que llevan consiguen esos Cx, deberían echarles una mano a sus compañeros de la división de turismos. De todos modos, tan y tan mala la aerodinámica no debe ser, a juzgar por el consumo, que en este caso concreto arroja el siguiente resultado:

RAV-4 150D 2.2 4wd:
Consumo: 7,36 l/100 km.
Promedio: 106,5 km/h.

Toyota RAV-4

Al abatir los respaldos traseros, el piso queda prácticamente horizontal.

Recordemos que el CR-V se conformó con 7,01 l/100 km, tardando en el recorrido exactamente las mismas 4h 44m que el RAV-4. Por su parte, el Outlander subió algo más que el Toyota, hasta 7,44 l/100 km, pero rebajó el tiempo hasta 4h 38 m. La similitud de tiempos entre Honda y Toyota resulta lógica: el RAV-4 lleva un desarrollo 2,6 km/h más largo en 6ª (lo que supone un 5%), por lo que le queda ya un poquito “larga”, mientras que el CR-V, justo por debajo de los 50 km/h, todavía se defendía para aguantar bastante bien la marcha más larga. Recordemos lo comentado en la entrada anterior respecto a la “reserva de potencia”, muy afectada en el caso de estos vehículos pesados por la elección del desarrollo adecuado. Por ello, si bien en la autovía esta 6ª le favorecía al Toyota, en los tramos de carretera un poco difíciles obligaba bajar a 5ª con bastante más frecuencia que en el Honda.

Toyota RAV-4

En vista con rayos X, he aquí cómo ancla el asiento infantil en la barra transversal.

Por otra parte, el motor de Toyota que está dando excelente resultados en consumo es el renovado 2.0, mientras que este 2.2 tiene una ejecutoria un poco más fluctuante, marcando un máximo de nada menos que 9,33 l/100 km en un RAV-4 de 2007; claro que en la peculiar versión de 177 CV, la que contamina poco pero consume mucho. A este respecto, en cambio, siempre ha sido muy prudente la política de Honda, que se tiró años para decidirse a subir la potencia de su 2.2 desde los primeros humildes 140 CV a 150, pero con el excelente resultado que ya hemos visto. Claro que en tiempos recientes ya han sacado una variante de 180 CV, pero que se reserva en exclusiva para el Accord, y que no he tenido oportunidad de probar.

Toyota RAV-4

Bonita y compleja fundición de aluminio, y tortuoso recorrido el de la correa multitrapezoidal.

Y en cuanto al comportamiento rutero, también un término medio entre los otros dos coches similares que le precedieron en esta prueba; no es tan deportivo (para ser un SUV) como el Outlander, pero tampoco subvira tanto como el CR-V. Creo que está en un término medio muy razonable para el tipo de coche que es; y lo mismo que los otros dos, cumple perfectamente lo que se supone buscan y esperan de ellos el sector de público interesado en este tipo de vehículo.

Toyota RAV-4

Sin los elementos identificativos de marca y modelo, estos SUV no serían fácilmente distinguibles unos de otros.

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Tal y como indicaba en el segundo párrafo de esta entrada, he dejado para el final un asunto ciertamente desagradable, pero que no puedo pasar por alto por cuanto supone una agresión gratuita, un insulto directo e injustificado, a un sector del colectivo de comentaristas más o menos asiduos de este blog. También pretende ser una agresión y un insulto hacia mi persona; pero esto me preocupa menos, por no decir nada, puesto que ya se sabe que no ofende quien quiere, sino quien puede. Y sin más preámbulo, vamos al asunto. En el comentario nº 83 a la prueba de consumo nº 121, del Honda CR-V, el comentarista “janderfield” abre el fuego con la siguiente frase:

 

“De la parrafada inicial con ínfulas de gran escritura y mucho sesgo cognitivo (de diverso tipo),…”; las negritas son de mi cosecha, evidentemente. Y a continuación coloca el siguiente párrafo:

 

“Por mucha casuística aparentemente sesuda que A. de A. exponga (la extensión de los artículos puede ser infinita en Internet, así que libre de la dictadura de las maquetas, puede dar rienda suelta a su Tolstói interior), el artículo no deja de ser un conglomerado elaborado de prejuicios con cierto tufillo machista. No lo aguanto, aunque es peor todavía el puñado de aduladores plañideros que le sigue”. Así en frío, en los primeros párrafos, y sin la menor argumentación: el insulto puro y duro.

 

Repuesto de la sorpresa tras de un ataque tan virulento, algo me empezó a rondar la memoria, de modo que utilizando mis limitadísimas habilidades de consulta dentro del portal, conseguí reunir un par de perlas cultivadas del mismo autor. Van dirigidas contra mí y contra los participantes que coinciden con alguna de mis opiniones en los coloquios, a los que en una ocasión califica como “A. de A. y sus feligreses”, tras de haber tachado mis entradas de “encíclicas” para frikis como nosotros”.

 

Más adelante comentaré lo que considere oportuno respecto a sus ataques hacia mí, pero antes haré una pregunta retórica: ¿cuál es el tipo de superioridad intelectual, ética, sociológica o de cualquier otra índole que le hace creerse con derecho, si es que éste existe, a insultar a varias docenas de participantes en estos coloquios? Como Vd bien sabe (porque es uno de ellos) aquí participa gente de mucho nivel profesional; y parte de ellos coincide, unas veces sí y otras no, con mis opiniones. Y también unos aficionados que quizás no tengan sus calificaciones académicas, pero que no por ello dejan de ser gente con amplios conocimientos del automóvil, de la conducción y del tráfico. ¿Por qué se cree con derecho a tacharles, despectivamente sin duda, de “feligreses”, “frikis” (aunque Vd se incluya) y “aduladores plañideros”?. ¿Tan por encima del resto de los participantes en estos coloquios se considera como para impartir títulos de limpieza de sangre con derecho a opinar, y que los demás sean “feligreses aduladores”?

 

En cualquier caso, insultar está feo, muy feo; y no me diga que se trata simplemente de calificar, en su opinión. Porque no cuela: el “animus iniuriandi” rebosa en todas y cada una de las citas que he elegido. Pero hay más: cuando se insulta, hay que tener la gallardía de hacerlo a cara descubierta, y no oculto tras un seudónimo (daría igual “Juan del Campo” que “janderfield”; pero sonaría menos elitista, claro). Lo de permanecer en la penumbra parece que sí le preocupa, porque en un intercambio con otro comentarista escribió textualmente: “No quiero perder el anonimato”. Esto sería normal y corriente para participar en un coloquio; pero cuando se pasa de exponer una opinión, que puede ser totalmente adversa a la de muchos otros, a agraviar a docenas de personas tan libres como Vd para exponer la suya, lo del anonimato ya suena a otra cosa. Ya que Vd es tan generoso repartiendo calificativos, lo dejo a su elección.

 

A juzgar por sus comentarios (algunos de ellos de gran altura) es Vd ingeniero (o doctor ingeniero), tal vez Industrial o de Telecomunicaciones, puesto que reconoció haber escrito “artículos en revistas del IEEE sobre comunicaciones V2V y V2I muy técnicas”. También parece ser Vd experto en “futurología” del tráfico; tómese esto en el buen sentido, como el conjunto de técnicas y programas para un control u organización cada vez más científicos del mismo. Yo sólo soy experto (o simplemente ávido observador) del tráfico a secas, del de toda la vida; y a estas alturas de la película, creo que es el que voy a seguir conociendo mientras permanezca más o menos en activo. A partir de ahí, les cedo gustosamente el testigo a los que “disfrutarán” del coche guiado por cable enterrado, o del “tren de carretera tras un camión-guía”.

 

En un par de ocasiones, como mínimo, ha insistido Vd en la posibilidad, o conveniencia, de aplicar no sé qué programas a los resultado de mis pruebas, haciendo modelos en función del clima, del tráfico, y de otras variables. Lo siento, pero mis pruebas son como son y no sé si tienen suficiente garantía como para pretender sacar de ellas más conclusiones que la del consumo, y en condiciones ya citadas hasta la saciedad: mismo recorrido, mismos cruceros, mismo horario, mismo ritmo de conducción, y mismo conductor. No quiero pensar que mi negativa (o callada por respuesta) a su sugerencia pueda estar en la raíz de su animadversión hacia mí. Aunque algo podría haber de eso, a juzgar por este otro párrafo literal suyo:

 

“Creo que las personas que se toman en serio una actividad y tienen cierto éxito en ella, hasta el punto de convertirse con el paso de los años en una referencia o autoridad, desarrollan alguna intolerancia a la no contemplación de usos y costumbres que considera imprescindibles. Consideración, sin duda, devenida de la autoridad conquistada.” Para ser obra de alguien que crítica las “ínfulas de gran escritura y mucho sesgo cognitivo”, la parrafada no está nada mal; porque aquí hay, no sesgo cognitivo, sino castillos construidos en el aire mayores que el de Segovia.

 

Al final, a ver si va a resultar que, con todo su golpe de ingeniero, lo que le ocurre es que tiene envidia de que mi medio siglo de ejecutoria profesional me haya permitido hacerme un pequeño hueco de reconocimiento entre los aficionados al mundo del motor, mientras que sus artículos sobre V2V y V2I no hayan tenido tanta resonancia; pues qué le vamos a hacer. Yo dejé colgada la carrera de doctor ingeniero industrial empezando el segundo curso, porque me tiraba más lo de escribir de coches; seguramente para ganar menos dinero, pero uní profesión y afición. Y si de rebote eso da lugar a cierta notoriedad, dentro de círculos bastante restringidos, pues no deja de ser una consecuencia no buscada.

 

Hay un detalle que parece escapársele en todo esto; éste es “mi” blog y, por derivación, el de todos Vds. Pero el titular tiene un privilegio de entrada: elegir el tema y escribir todo lo que considere oportuno y con el estilo literario (si se le puede llamar así) que le parezca adecuado. Quien entre a comentar supongo yo que debe aceptar tácitamente esa fase inicial; de lo contrario, lo tiene muy fácil: entrar en otro blog que le guste más. En km77 tiene del orden de una docena; y en todo Internet, miles de ellos, y foros a montón. Pero lo que no puede hacer es pretender marcarle al titular la pauta de cuánto y cómo debe escribir; y menos aún de forma agresiva, y en modo alguno, insultante. Y todavía menos, insultando de paso a quienes parecen coincidir con algunas de las opiniones del titular. Aquí no existe, como en muchos otros blogs, el “off-topic”; y así acabamos muchas veces por los cerros de Úbeda, y no pasa nada; pero eso es como consecuencia del coloquio, y no porque alguien, ni tan siquiera el titular, haya marcado de antemano los límites de lo que se puede escribir.

 

Pero lo tiene Vd muy fácil; ya que “no me aguanta”, deje de entrar en el blog, y más aún de comentar en el mismo; porque para leer “encíclicas” y mezclarse con “feligreses aduladores plañideros”, hay que ver todo lo que escribe. También tendría la posibilidad de montar un foro, o un portal, u organizar algo en eso del Facebook o del Twitter, que no tengo ni idea qué es (una de mis muchas carencias). A lo mejor ahí triunfa, y con anonimato o sin él, consigue librarse de ese resquemor que le consume al ver que otros, sin duda con menos méritos que Vd, se han “convertido en una referencia” y “conquistado cierta autoridad”. Circunstancias ambas que, de ser ciertas, no me habían quitado nunca el sueño; pero menos aún sospechaba que pudieran dar lugar a ser envidiado por alguien que, sin duda alguna, está mucho más arriba que yo.

 

En resumen: parece ser que Vd quiere a la vez anonimato y notoriedad; o al menos, que no la tenga quien a Vd no le parezca oportuno. Quiere dictar normas, pero desde la oscuridad de su anonimato. O sea, que quiere “el todo y la nada”, el “alfa y omega”, o “El cero y el infinito”, como en la obra de Arthur Koestler; la referencia se debe a mis ínfulas de gran escritura, aunque el Tolstoi de “Guerra y paz” no sea precisamente mi fuente de inspiración. Pero si escribiese en el estilo hermético de mi paisano Baltasar Gracián (el de “lo bueno, si breve, dos veces bueno”), portaestandarte del conceptismo, ya encontraría Vd manera de decir, y en ese caso con más razón, que no se me entendía nada.

 

 

P.D.1: He bajado a Marruecos docenas de veces, y he conducido desde Tánger a las dunas de Merzouga, y de la costa al interior, por el paso del Tizi’n-Tichka. Y por supuesto, la carretera de Casablanca a Rabat; ni mejor ni peor que en gran parte de países africanos y asiáticos. Y se sobrevive, adecuándose a las circunstancias, y sin necesidad de ir en un tanque.

 

P.D.2: A mi mujer, los taxistas no le pitan; suerte tienen si no les pita ella; porque conduce como un rayo, y con excelente técnica. Y en la mayoría de los casos, yendo detrás no se sabe si conduce una mujer hasta emparejarse con ella; hoy en día, melena o coleta (si el reposacabezas las deja ver) las lleva cualquiera. Si te pitan desde detrás, no saben a quien pitan. Que tengan razón para pitar o no, esa ya es otra cuestión.

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