El Golf de la prueba de la prueba de larga duración tiene ya más de 47.000 km. Después de los viajes de Javier por Marruecos y gran parte de Europa hasta Noruega, tocaba cambio de neumáticos (próximamente daremos todos los detalles en km77.com). Tras sustituir los viejos Hankook por unos Michelin, fui el encargado de realizarle el rodaje. Elegí la A-4 (autovía de Andalucía). Creo que no me equivoqué. En los 470 km que realicé, varias situaciones que llamaron mi atención.

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La primera no fue una sorpresa. La A-4 continúa teniendo, en algunos tramos, uno de los peores asfaltos de toda la red de carreteras de España. Esta situación es especialmente grave entre Aranjuez (Madrid) y Ocaña (Toledo), a partir de la Cuesta de la Reina. Más adelante, tampoco está muy allá, pero están trabajando en mejorar el firme (en mi recorrido me encontré con 5 ó 6 tramos de obras en los que los operarios estaban reasfaltando).

Una de esas obras en la calzada, en sentido Andalucía, obligaba a circular por un carril especial, habilitado en el espacio que normalmente corresponde al carril izquierdo de los vehículos que se dirigen a Madrid desde Toledo, Ciudad Real y Andalucía. Esto hizo que me encontrara con otra situación digna de mencionar: la mitad de los conductores desconoce que cuando se circula por un carril especial, ya sea por obras o por retenciones (en muchas operaciones salida o retorno habilitan un carril adicional en el sentido opuesto a la marcha para intentar descongestionar), hay que llevar las luces de cruce encendidas. No hice un recuento exhaustivo, pero no me arriesgo a equivocarme si afirmo que aproximadamente el 50% de los coches, camiones y furgonetas que me crucé no llevaba las luces conectadas. Para muestra, esta foto (realizada a la vuelta, en dirección a Madrid).

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Como la A-4 lleva a Andalucía, los símbolos de esta tierra están presentes desde que uno sale de Madrid. El Toro de Osborne y la figura de Tío Pepe se reproducen en mucho mayor número que en otras autovías. Así, hasta el km 240, cinco siluetas del Toro de Osborne y dos de la botella de Tío Pepe anuncian al conductor que se dirige a la tierra del fino y la manzanilla.

A finales de los años 80, la Ley General de Carreteras obligaba a retirar de las carreteras del Estado toda valla publicitaria fuera de los tramos urbanos, incluido el Toro de Osborne. La bodega propietaria de este símbolo inició entonces una batalla judicial para intentar evitarlo. Después de casi diez años de litigio, el Tribunal Supremo determinó que la silueta del Toro de Osborne ha superado su inicial sentido publicitario y se ha integrado en el paisaje. Actualmente hay más de 90 figuras del Toro de Osborne repartidas por toda España (mapa).

Jaime Arruz

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